En el reino de Profundia, viven los Profundos/as: raza extraña y complicada que ha sido objeto de numerosos estudios, todos ellos muy profundos/as.
Los Profundos/as hablan un lenguaje peculiar, compuesto de una amalgama de lenguas muertas y palabras de cinco sílabas con frecuentes interjecciones en latín. Los Profundos/as escuchan solamente música de otros Profundos/as que suelen estar enfadados/as y protestan por algo, desprecian el mundo y desearían morir pero, por alguna curiosa razón, nunca lo hacen.
Para ser respetado/a, el escritor/a o artista/o en Profundia, tiene que cumplir tres reglas básicas: estar muerto/a, ser Profundo/a y a ser posible, ser incomprensible/bla. Así un cuadro que sepamos como colgar o un libro no escrito en hipérbaton, jamás tendrán cabida en la casa de un Profundo/a.
Los Profundos/as han de defender todos los ideales de la libertad. Libertad que, claro está, respetarán siempre y cuando coincida con la suya/o. Libertad definitivamente abolida en Profundia, es la de militar en otro partido que no sea el que lidera su tierra, aquel que recoge los principales valores y virtudes de la nación, el Bien Nutrido Gallinero.
Otro aspecto valorado entre los Profundos/as, es la endogamia. Recordando otros tiempos, pobre de Profundo que ose buscar su compañero-a, fuera de las fronteras de Profundia. Se podría acabar con un ignorante, un capitalista o un ¡oh, horror de horrores! un funcionario del estado.
Es esencial, para vivir en Profundia y ser respetado, vestir ropa vieja y preferiblemente rota, cualquier intento de ir a la moda, será inmediatamente castigado con un tratamiento de silencio o, peor aún, con la peor y más temida pena de Profundia, el meneo de cabeza acompañado de una palabra que ha sido perseguida y proscrita en la ciudad: capitalismo. |