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Inicio / Cuenteros Locales / esclavo_moderno / La búsqueda (Postville, IA. 2004)

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¿Era o no era?
La vio entrar entre rechiflas y gritos, ya casi desnuda. Ella agarra el tubo cromado de metal y se impulsa hacia arriba abriendo las piernas. Él ve cómo aplauden aquellos estúpidos desde las mesas, y otros le tiran billetes como queriendo comprar un poco de su pasión.
¿Era o no era Araceli?
Se mordió los nudillos sin dejar de mirar a esa mujer, sin dejar de preguntarse.
Tambaleándose en un vértigo de tequila, se acercó al escenario. Las miradas se tantearon en la distancia, y recordó el idilio en *Nueva Concepción.

Nunca fue del agrado de doña Joaquina, madre de Araceli; quien le estudiaba de pies a cabeza al igual que a un insecto.
Cristian y Araceli se conocieron en la iglesia, y se volvieron inseparables. El beso no tardó en llegar, un beso inocente. Sus cuerpos temblaban.
La escuela cerró, y a través de escritos dejados en lugares secretos y ayuda de amigos se comunicaron en las vacaciones. En la secundaria, soñaron: él quería ser ingeniero, y ella bailarina.
Doña Joaquina falleció. Araceli no tenía más parientes, así que la posibilidad de quedarse era improbable; la familia por parte de su padre ya muerto residía en la ciudad, y allá tendría que ir ella a vivir. Después del funeral, se quedó un tiempo. Esa mañana salieron a estudiar… y el atardecer los sorprendió desnudos en la hamaca en una covacha con rumores del campo.
Un nuevo día despuntó en la primavera. Las promesas se unieron a la triste despedida: el bus arrancó, y él guardó en su memoria el rostro de ella como si fuese una fotografía.

Cristian emigró para empezar la universidad y se reencontró con Araceli. En los moteles se refugiaron y se juraron amor eterno.

Dos años más tarde, un día de abril fue a proponerle que vivieran juntos.
La actitud misteriosa de Araceli antes de su desaparición le cuentan los afligidos parientes. Uno de la familia piensa que se debió al trato que le dio la bruja de doña Joaquina. Entre argumentos a favor y en contra, alguien le pregunta si han reñido.
—Hacíamos planes para casarnos cuando me graduara. —dijo él.
Otro familiar agregó:
—Pues ya preguntamos con sus amistades, y no saben nada. Por un momento pensamos que se había ido a vivir con vos.
—¡Conmigo no está! La última vez que conversamos, me despedí de ella en esta misma puerta.
Apesadumbrado, Cristian visitó hospitales y departamentos de Policía. Nunca se rindió.
Y ahora, pasados tres años, siete meses y cinco días, allí está ella frente a él.
Cristian se encamina a la salida. Las lágrimas se han disipado. Enciende un cigarrillo y expulsa la bocanada que cruza las luces circulatorias rojas, amarillas y verdes del rótulo club de bailarinas del barón azul. Pensativo, mira al cielo abarrotado de estrellas y empieza alejarse del lugar.
La infatigable búsqueda ha concluido.

Texto agregado el 31-08-2017, y leído por 91 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
01-01-2018 No bailaba ella así por placer, sino por necesidad, yo diría. Cristán debiera regresar a ella....si en verdad la ama. za-lac-fay33
08-12-2017 *****Es tierno, nos haces sentir compasión por los personajes. Eres muy bueno con las letras. Solo_Agua
08-11-2017 "Caras vemos, corazones no comprendemos".."y el mundo sigue su marcha"... za-lac-fay33
21-09-2017 el principio muy original, el relato muy bien escrito, parece que podrías escribir algo más largo, atrapas la atención. saludos centenario
31-08-2017 Un triste final de una historia que envuelve bellos sentimientos, pero que no escapa a la realidad. Saludos. nini
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