Beso de chocolate,
corazón de barro
que brilló en tus manos
como las esferas de un diamante.
Estival corazonada
bajo las telas que teje la distancia,
lasciva piel que se vuelve prosa
en tus palabras,
que se vuelve llama
en la viscosa penumbra que desviste mi calma.
Mis uñas jugarían en el tejado de tu espalda,
mis besos penetrarían
con suave perversión en tu alma,
mis caricias tentarían
a tu bruta pasión que me tiene hechizada.
Déjame quedarme con un trozo de tu amor,
déjame perderme en tu dolor,
déjame rota
que más tarde llegará la descomposición.
Quiero vivir amando,
quería vivir y con eso bastaba;
quiero de ti el calvario,
quería el sufrimiento
para que la mediocridad no me alcanzara;
Quiero jugar al amor contigo
y dejarte sobre mis senos erguidos,
temblando y rendido,
quería que probaras entre la simetría de mis piernas
el bálsamo de lo prohibido.
Quería que me compartieras
la magia de tu esencia,
incestuoso placer que me movilizaba,
quería que fueras un animal desenfrenado
con esta dama,
ésta que ha perdido en los baldíos su inocencia.
Entre verso y fricción,
entre beso y delirio,
entre imaginación y pergaminos,
te regalo mis ojos para que te veas,
te ofrezco mi corazón para que no te pierdas
y para que pases el invierno
te doy el calor servil de mis caderas morenas.
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