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Inicio / Cuenteros Locales / randy / \"Singular historia en un café\"

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Y dicen que le gustaba por que cantaba bonito. ¡Mamada!. A mi no me la cuentan. Si la vez que lo veía, se le caían los calzones. Cada que se encontraban en la calle, la otra se ponía de colores y hacía cualquier cosa para llamar su atención. Y cuando digo cualquier cosa… era cualquier cosa. No voy a olvidarme de aquel viernes. Nunca. Esa vez sí que se pasó de la raya.

Hacía un frío del carajo, en pleno invierno y ya entradita la tarde, diez grados o menos en el ambiente y entramos a un boliche. Claro, en ese café la temperatura era un poco más alta; pero, obviamente solo un poquito. Él con su chica, muy bonita por cierto, recatada y seriecita, y la muy estúpida deshaciéndose en sonrisas y coqueteos. El tipo ni bola… una hora de payasadas y él, cuando mucho, medio hacía una sonrisa. Ya me empezó a hacer gracia. Pero ahora viene la mejor parte. ¿Qué creería la pobre? Seguro pensó: “Es hora de atacar con mi mejor arma, total, con la planita que tiene por enamorada…se les va a caer la baba a todos.” Y hecha a la muy casual dice: “¡Ay! Ya me hizo calor”. La cara que seguramente pusimos los tres debió estar para reir un año. Atónitos. Pero no tanto como las que pusieron ellos, -y yo ahí salí de mi asombro para verlos-, cuando, con una delicadeza única se quitó el pesado abrigo que traía puesto, y se quedó con una blusita tan corta, escotada, y delgadita que, y no exagero, seguramente ¡mis calcetines tenían mas tela! Ja ja, parecía que hubieran visto al mismo diablo comiéndose angelitos fritos. Yo a un pelo de estallar en risa. Me la tragué enterita. Me preguntaba, ¿Quién le habrá dicho pues a estita que sus tetas son lindas? Alguien seguro le hizo creer que cuanto más grades, mas lindas. Si esa fuera la regla, entonces sí, tendrían que ser hermosas.

El caso es que, bueno, como era de suponerse, el frío no se hizo esperar, así como tampoco la clásica reacción del cuerpo humano, y que en ella, definitivamente no podía pasar desapercibida.

Al margen de lo obvio, que no dejaba de ser tan gracioso como vistoso, la piel se le puso como lija y la leve vellosidad que cubría sus brazos comenzó a erigirse, sin mencionar la coloración azul en sus labios que, entre otras cosas, empezaba a combinar armónicamente con la pintura de sus ojos, y para rematar, un comiquísimo temblor en sus heladas manos. Estaba buenísimo. Como diría mi querido amigo Rho: ¡Que Show! Habíamos decidido (los tres espectadores), sin decir una palabra, con una simple mirada, no prestarle demasiada atención al asunto, por miedo, supuse, a que se raje con otrita de sus aventuras y ahí sí, sonábamos; como latas viejas. Pero claro…¡Todo el mundo la miraba! ¡Loca de mierda!. Y yo me quería meter bajo la mesa.

Después de un buen rato, en el que ya habíamos entablado una semiagradable conversación el buey aquel y yo, noté cómo la de mi lado se impacientaba. Por su puesto, no le dimos mayor importancia, y ella ya no sabía que mas hacer para llamar su atención; se acomodaba el escote, tosía, bostezaba, hacía un molesto ruidito con el cenicero en la mesa (ya se había fumado 5 cigarrillos y todo, no lo dudo, por pedirle fuego a quien ya sabemos), se volvía a acomodar el escote, y de rato en rato trataba de resaltar su encanto en la mesa, bueno, sus dos encantos…

Cacho después, traen los cafés. Yo dije okey, por lo menos con esto se tiene que calentar un poco. Es que esos cafés estaban estúpidamente calientes…si lo sabré.

En mala hora se le ocurre al muy caballerito del frente ofrecerle el azúcar a la mencionada para proceder sin mas trámite a reglarle uno de esos apasionados besos de telenovela a su “amorcito”…¡Uh…cagaaamos! Dije. “Ahora si se pudrió la cosa”. Miré de reojo y solo veía una cucharilla temblorosa llenarse de azúcar y vaciarse de un golpe en la taza de café.

Calculo una de azúcar por cada segundo que duró aquel beso. ¡Seis o siete! Eso era una porquería de dulce. Me quería morir de la risa, pero ni un gesto. 30 minutos antes no me había aceptado ella un pedacito de chocolate porque “estaba a dieta”…ja, ja ¡No mames!.

Termina el beso y aquel, muy amablemente, le dice: “¿Me pasas el azúcar por favor?” “Para mi flaquita hermosa”. ¡Ups!...”No puede ser peor” pensé. ¿No puede? No sé si fue el frío, su tembladera, el empute que llevaba, o todo junto pero, increíblemente, levanta el azucarero de golpe y se le resbala justo cuando pasaba sobre su café. El azucarero, que no era muy liviano, cae fuertemente sobre su taza de MUY CALIENTE café, y lo tira todo sobre mi queridísimo pantalón blanco. ¡CALIENTE! …No grité porque no quería hacer mas escándalo, pero, ¡que carajos! Me dolió hasta el año que entra.

Todo había llegado al límite de lo racional.

Si yo quería meterme bajo la mesa, ella quería entonces meterse dentro el cenicero.

Obviamente, cuando se derramó el café, les llegó a todos un poco. Unas cuantas gotas en la costosa corbatita de él y otras cuantas en el abrigo de su chicoca.

Todos queríamos ahorcarla, y uno de nosotros estaba a punto de hacerlo.

El resto de la velada transcurrió en un incómodo silencio. Ni risitas, ni coqueteos, ni besitos noveleros. Por su puesto, el silencio lo rompió la susodicha cuando, con una actitud de la más casual (otra vez), se levantó y cogiendo su abrigo dijo: “Creo que está haciendo un poquito de frío”.

Randy.

Texto agregado el 15-09-2004, y leído por 417 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
15-09-2011 Me he reído mucho con esta narración, está muy bien lograda. :-P -Carmen-
20-05-2008 Este es mi favorito! ¿Por qué no sigues escribiendo? y definitivamente... creo q la conozco a la fulana de los pechos jajaja. Un abrazo grande Aurorandy
11-10-2005 Un cuento muy bueno. *****, disfruté leyendolo. fabiangs
03-09-2005 Ra ! la verdad esta muy bonito ! sabes realmente expresar lo que se puede vivir, sentir y ver en la vida ! felicidades exito siempre! princecita
03-09-2005 Ra ! la verdad esta muy bonito ! sabes realmente expresar lo que se puede vivir, sentir y ver en la vida ! felicidades exito siempre! princecita
28-09-2004 Jajajaja, me imaginé la historia en un cafecito del Prado y a la chicoca de pechos grandes tratando de llamar la atención, pero muriendo de frío...jajajaja, están muy bien contadas las penurias de la pobre y las ganas de apretarle el cuello. Muy a tu estilo paisano, hasta con el lenguaje de cada día, lo que no es fácil. Un abrazo. meci
20-09-2004 Muy genial randy...como le haces para hilar una historia de esta naturaleza con expresiones muy acertadas y con el toque necesario para mantener a uno agarrado de principio a fin....Muy bueno. Abrazos. Me gusta tambien tu estilo natural y atrapante. Dainini
16-09-2004 no borres ,este pequeño cuento Randy'¡¡es muy real,un kis luceritorose
15-09-2004 Muy buen relato, si hasta siento el olorcito a café. Mis estrellas pa tí. andreacasandra
 
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