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UN ESPÍA QUE APARECIÓ DEL FRÍO.
(Narrativa breve)
DANIEL O. JOBBEL



Con los pies hundidos en la escarcha con el pastizal hasta los tobillos, respirando el aire frío de la mañana, rodeado sólo por el silencio, el viento, el sol que se cuela entre las ramas de los árboles y empuja al vacío gotas de agua que anoche fueron incesantes, furiosos, rebeldes en medio de la tormenta y hoy no son más que lágrimas heladas que caerán en el olvido; ahí, en medio del bosque espeso, una voz, una vos temblorosa resuena en sus sienes.
¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo de mediodía y tus ojos empiezan a evaporarse. Las plantas crecen de un día a otro. Es la tierra la que crece; se hace blanda, verde, flexible. El terrón enmohecido, la costra que son vicios de los árboles, se desprende, regresa. ¿Lo has visto? Las plantas caminan en el tiempo, no de un lugar a otro: de una hora a otra hora. Son límites que la naturaleza impone.
Esto puedes sentirlo cuando te extiendes sobre la tierra, viste la gramilla boca arriba, la helada la quema como algodones y tu pelo penetra como un manojo de raíces, y toda tú eres como la tierra.
"El viento no puede vencer a un árbol con fuertes raíces", dice ese niño de piel morena y pelo azabache, que se llama Hawk y habla con la sabiduría de un viejo, pero no lo es. Su voz se impone al rumor de la naturaleza, acaso porque habla con la verdad. "Cuando hay una tormenta y estás parado frente a un árbol, si ves las ramas, jurarías que se va a caer, pero si ves el tronco notarás su estabilidad", y es apenas un susurro, qué más decir. Los árboles mueren de pie.
Vuelve a levantar la vista, el sol lo enceguece, pero no le importa, confía en lo que ve, en la cordillera de picos nevados que se retuerce como no lo hace en ningún otro lugar, en el canal donde la espuma de las olas embravecidas dibujan nubes donde no debería haber más que mar y en la armada de coihues, lengas y tilos que lo rodean y lo acompañan mientras camina con la respiración entrecortada hacia la cima del cerro Alarkén.
Sigue las marcas rojas que aquí y allá, como si la corteza de los pinos sangrara como un durazno partido, señalan los senderos donde los turistas disfrutan del trekking en la montaña. La arboleda es majestuosa, la pendiente apenas se siente y el turbal, donde los árboles mueren de pie, se impone como una presencia sobrecogedora. En la orilla del camino, ese niño miraba con osadía y ansiedad hacia el interior; las ramas como costillitas asadas parecían acoplarse a sus deseos; la humedad, el rocío se pegaba en los rostros, y dejaba marcas, como pecas de agua en la absurda intimidad .
La recompensa está al final, en lo alto del cerro, donde se toma real dimensión de la belleza del paisaje. Reconozco en ello esa vieja canción de Lennon, 'Imagine '. Y como el espía que surgió del frío, en cualquier momento, desde lo profundo de la espesura, puede aparecer en un oso salvaje que ataca al Di Caprio en "El renacido", pero no tiene miedo, sabe que su imaginación es inofensiva, como la Ushuaia misma, esa del cine. -®

Texto agregado el 06-09-2016, y leído por 118 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
13-11-2016 Una narrativa excelente amigo. Buen relato.***** criterion
07-09-2016 casi ,casi siento el viento soplar y el niño majestuoso en su inocente sabiduría, hermosas descripciones. teresita581
07-09-2016 Hace tiempo que no leía nada tiyo cumpazo, es agradable volverte a encontrar. Un buen trabajo,. muy bien narrado y un excelente uso del lenguaje. Bien, me gustó. Saludos desde Iquique Chile. vejete_rockero-48
 
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