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Inicio / Cuenteros Locales / a--titito / Muchacha Típica (con perdón del Nano)

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Nació en el cuarenta. Su nacimiento fue normal, típica hija de un típico matrimonio de clase media, papá bancario y mamá ama de casa.
Su infancia fue típica para esos años, primaria del Estado, lecciones de piano en el conservatorio de la vuelta de casa, mamá que enseña a tejer y a cocinar. Con las amigas de la cuadra, juegos sencillos: rayuela, saltar la soga, por las tardes escuchar la radio con mamá y la omnipresente taza de leche tibia.
Inesperadamente, y sin tener la menor idea de lo que significaba, se hizo señorita; “Ahora no te podes mojar más los pies” le dijo mamá por típica explicación.
Típicamente empezó magisterio, conoció chicas que no vivían en su cuadra, pero que le contaban de una realidad similar a la de ella. Secreteaba con ellas sobre chicos, intercambiaban dudas sobre sexo, mezcladas con mentidas experiencias, las cuales, obviamente, no pasaban de un beso en la mejilla o tomarse de las manos. Lo demás era de locas, de hetairas.
Los últimos años del magisterio transcurrieron típicamente entre textos aprendidos de memoria y rápidamente olvidados, Corin Tellado y las películas de Lolita Torres.
Fue a bailar por primera vez el Carnaval de 1957, en Glorias Argentinas con orquesta típica en vivo. Allí conoció a Luís, cinco años mayor que ella; típico maestro mayor de obra, todo un profesional en esos años, “Un muchacho con futuro” pontificó papá.
Junto a él se emocionó en “De aquí a la eternidad”. El drama de la guerra y la actuación de Sinatra golpearon su romántico corazón.
De la típica pasaron a las grabaciones selectas. Bailando y nuevamente bajo el embrujo de Sinatra en “Let mi try again”, permitió que por primera vez una mano de Luís bajara unos centímetros de su cintura.
Se comprometieron con típica fiesta en casa de ella. Se casaron en 1961, esta vez la fiesta fue en salón, con típicos invitados de ambas familias, ellos muy trajeados y ellas de vestido largo Chanel, con peinados nido de hornero y pestañas postizas.
Finalmente esa noche conoció el sexo y fue como si ese rato fuera otro paso típico en su vida, los esperados e imaginados estertores brillaron por su ausencia.
En su típica casa americana, construida por Luís, no faltaba ninguno de los aparatos típicos de la época, lavarropas y heladera Siam, televisor Dumond.
Al año nació Gracielita, el único cambio fue que además de cocinar, lavar, mirar telenovelas y seguir leyendo Corìn Tellado, empezó a lavar pañales.
Su vida transcurrió típica, sin grandes sobresaltos, alguna nanita de Gracielita o, alguna visita al médico para ella o Luís, las cenas frente al televisor y el sexo semanal, que para ella podía estar o no, era lo mismo.
Veintiséis años después recibió dos golpes atípicos y muy fuertes, que además vinieron muy juntitos, casi como cachetada de loco.
Gracielita se fue a vivir sola y Luís se animó a decirle que hacía años que no la amaba, que se quedó con ella “por la nena”. Un mes después se fue.
Su vida seguía siendo rutinaria, pero dejo de ser típica. Preguntas que jamás había ni siquiera imaginado, ahora se agolpaban en su mente. Los “porqué..”, los “si hubiera hecho..” se sucedían ininterrumpidamente
Tardó más de dos años en empezar a pensar en salir, al principio era al cine con alguna vecina, o Gracielita.
Un día una pareja vecina la invitó a un cine-debate, no tenia ni idea de que era eso o de quien era Kurosawa, aceptó sólo por no quedarse sola en casa.
Esa atípica noche su vida cambió, con “Rapsodia en Otoño” descubrió lo que era ser realmente golpeada por una obra de arte.
En raros video clubes encontró algunas de las películas de Kurosawa, Los siete samuráis, Ran, Rashomon.
En un uno de ellos el dueño y único empleado, era uno de esos típicos bohemios que tenía para alquilar sólo “cine-arte” según su propia definición.
Con su asesoramiento empezó por el neorrealismo italiano, en algún momento ella consultó sobre el significado de algunas raras escenas de Fellini y él, solícito, no sólo le explicó sino que se ofreció a ver algunas películas de la nouvelle bague con ella “para poder comentarlas”.
Al finalizar “La Felicidad” ella no podía contener las lágrimas y él, pese a que la había visto 19 veces, tampoco. Ninguno de los dos podía articular palabra y no hizo falta; del abrazo típico de hermanos en desgracia, pasaron a los besos, típicos de algo más que amigos, y al sexo desaforado, típico de aquellos que sin sentir amor, están más allá del amor.
Su vida volvió a cambiar, descubrió el sexo en toda su dimensión, descubrió que tener sexo sin papeles puede no ser culpógeno, como creía en su juventud, que con alguien, a quien casi no conocía, podía sentir cosas que nunca había sentido con aquel que había convivido más de veinte años
Ahora va a cines-debate, a encuentros literarios, a bailar, cualquier ritmo menos tango, hace cerámica, pinta tela, vende sus trabajos en una feria artesanal
En todas estas actividades conoció hombres, superficial e íntimamente, Cada vez se siente más llena de cuestionamientos y al mismo tiempo con más certezas.
“Antes era una muchacha típica, ahora soy una típica vieja loca” le dijo ayer a Gracielita.

Texto agregado el 13-05-2016, y leído por 211 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
02-08-2018 Tuve que escuchar la canción, porque sí simplemente, porque me recuerda que le gusta tanto a mi padre. Saludos. ivanoski
30-11-2016 La epoca se acerca a lo que yo vivia,Es un renacer de todas formas.Gracias. naturaespera
14-05-2016 ¡Jajaja! "Típica vieja loca.." Lyndsay
14-05-2016 bastante atipico tu relato, me entretuvo arto , y como soy un tipico cronopio de dare cinco tipicas estrellitas santostobar
 
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