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Inicio / Cuenteros Locales / semantex / elección de enero 2016 Negación de kroston

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Dormita en el sillón con la luz apagada, la habitación está en completo desorden. Un ruido en la puerta lo despierta, trata de levantarse pero sus sentidos aturdidos por el largo período de inconsciencia se demoran en responder. Ya ni se acuerda de cuánto tiempo ha pasado desde que se quedó dormido. Soñó que era un niño y que iba de la mano con un sujeto de piernas largas que podría haber sido su padre, pero no está seguro, los recuerdos son confusos y la situación tal vez fue creada simplemente por la fuerza del deseo. Las imágenes, siempre borrosas, se trasforman en ecos de un pasado que no acaba de comprender, por estar demasiado lejos o ser demasiado inverosímil. La puerta vuelve a sonar y él apenas se mueve, sus miembros están agarrotados por la inactividad. Trata de afirmarse en los brazos del sillón pero resbala. Luego de un par de intentos fallidos se levanta trabajosamente, como midiendo cada centímetro. Esta es una situación repetida que ya no le entusiasma, muchas veces ha despertado por golpes en la puerta, pero siempre es la burla cruel de los objetos, un envase plástico que rebota impulsado por el viento, el crujir agonizante de la madera, o quizá nada, un toctoc en su cabeza acostumbrada al hueco espectral de los sentidos y a la condena implacable de la soledad.
Hubo un tiempo (no muy lejano, supone) en que recorrió casi todas las calles de la ciudad, pero encontró solo autos cubiertos de polvo, casas derruidas y edificios abandonados.
Mientras da los primeros pasos se pregunta si estará en otro de sus sueños perversos donde él es el último sobreviviente de un mundo que se extingue irremediablemente, pero se ríe y sacude la cabeza tratando de espantar esas ideas absurdas.
Sin embargo, se dirige a la puerta con la rara certidumbre que el ruido es una alucinación, un eco atemporal de sus propias fantasías.
Camina despacio, las piernas le flaquean, el silencio es metálico y afuera la penumbra anticipa otra larga noche.
Todo este tiempo ha vivido de recuerdos difusos y de recorrer la casa sin motivo ¿Tuvo padre y madre o hermanos? ¿Una familia o un perro llamado Dick que ladraba enfurecido cuando veía asomarse por la verja el gato flacucho de la vecina? ¿Existió esa vecina gorda y gritona? Cuadros en las paredes, algunos muebles desvencijados con revistas de hojas amarillas y un gran espejo trisado es todo lo que logra apreciar a su alrededor.
En cuanto llega a la puerta adelanta la mano e intenta tomar la manija, pero extrañamente no puede, sus dedos insustanciales no logran asir el oxidado metal. De pronto recuerda que hace muchos años no ha podido salir de la casa, porque los objetos sólidos atraviesan su cuerpo. Se mira en el espejo y sólo ve trapos raídos que levitan, vacíos.
Regresa a su sillón, abatido, donde ha estado por más de 300 años y donde un esqueleto cubierto de moho lo recibe con su sonrisa macabra.
Vuelve a dormir para seguir soñando que está vivo y que afuera hay un mundo que fluye.

Texto agregado el 14-01-2016, y leído por 137 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
12-03-2016 es de buen suspenso, uno se pregunta qué habrá pasado y no puede evitar hacerse conjeturas. El remate también me gustó, fue un momento de grata lectura. vaya_vaya_las_palabras
15-02-2016 muy buenooooo!!! divinaluna
16-01-2016 Elegiste bien, es una buena historia escrita con maestría.+++++ crazymouse
16-01-2016 Cómo sería pues sentir desde ese estado, lo cierto es que el cuento está bien llevado y desencadena con sutileza el final, que por lo que se ve no lo será para el personaje que se niega a su añejada condición. Me gustó. SALUDOS! TuNorte
15-01-2016 Me gustó 5+. grilo
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