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Inicio / Cuenteros Locales / Koke_Vejete_2001_2016 / Endeudado (Escrito Octubre 2009)

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Miro la hora en el pequeño teléfono móvil dándome cuenta que estoy atrasado. El chofer del automóvil me observa de reojo. Haciéndome un ademán con la cabeza; indica que no me preocupe que llegaremos a la hora precisa.
_Necesito más pasajeros con urgencia_ Dice sin mirarme, como si conversara consigo mismo_ ya que debo paga una deuda que literalmente me está devorando el alma; y tengo plazo sólo hasta el día de hoy para cancelarla.
_ ¿Sabes cuanto dinero debo?_ No alcanzo a responderle cuando me describe una cifra astronómica. Sus ojos están desorbitados y transpira copiosamente; llama mi atención la manera en que toma el volante que guía el vehículo, con una furia que traspasa sus poros.
A medida que hace un gráfico mental de valores y cifras económicas pienso en la mayoría de gente que vive concibiendo “la bicicleta” para pagar sus deudas. Este es un ejercicio que consiste en sacar dinero de una casa comercial (por ejemplo) y cancelar lo que se adeuda en un segundo lugar, y una vez que en este hipotético segundo lugar se pueda recurrir a nuevos ingresos por estar todo saldado, se recurre nuevamente a un préstamo para liquidar el compromiso que se tenía anteriormente, todo esto por supuesto con una nueva deuda.
Me habla agitadamente, la desesperación hace sacudir su voz, juraría que lo veo al borde del colapso._ ¡Son once millones de pesos, que no sé de donde mierda salieron!_ La cara adquiere un tinte colorado, las venas del cuello se ennegrecen haciendo que su cuerpo se encorve en el asiento del conductor.
Me habla de las tarjetas de créditos y de cómo él aprovechó cada una de sus ofertas, de las promesas de préstamos “salvavidas” para cancelar compromisos pequeños y poseer sólo una cuenta única y “fácil” de pagar.
Todo el recorrido es asfaltado por sus protestas y palabras temblorosas, una vida que desperdicia su tiempo vagando entre pagarés que ensombrece la luz divina. Especulaba en lo difícil que es la vida cuando finalmente llegamos a destino.
_Perdone por arruinarle el viaje conversando de mis problemas_ Dice con verdadera honestidad. Trato de sonreírle cuando bajo del automóvil; dar forma a unas palabras de aliento, pero no puedo hacer calzar nada. Golpeo la puerta como haciéndole llegar unas “palmaditas” en su espalda y moviendo mi mano en signo de “Qué todo estará mejor mañana” me alejo en reparo de mis propios asuntos.
Creo que hay culpabilidad de ambas partes (pienso como epílogo) las grandes cadenas de empresas repartiendo “beneficios” en dinero, con el sólo afán de endeudar y luego hipotecar el alma de sus congéneres. Que a su vez están en busca de llenar sus vacías y patéticas vidas con una falsa felicidad prometida tras los números de una tarjeta de crédito. Apresuro mis pasos, mirando la hora en el pequeño teléfono móvil me doy cuenta que realmente estoy atrasado.

Texto agregado el 06-10-2015, y leído por 75 visitantes. (0 votos)


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