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Inicio / Cuenteros Locales / Koke_Vejete_2001_2016 / Xenofobia (Escrito 06/08/2003)

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Después de años de locura y distorsión; de navegar en interminables mares de alcohol, y de llenar mis pulmones con el humo alucinógeno de la marihuana. Se presenta el amor bajo los transparentes ojos de una mujer.
No sé si llamarlo amor, pues puede que sea tan solo un estado del alma, un estado de buscar refugio, de encontrar la tan anhelada tranquilidad emocional y espiritual.
En la cultura védica recae el nombre de sadana, al estado de putrefacción corporal y mental, saber que las cosas que uno realiza están mal. No hay actos que se cobijen bajo la palabra “mal”, pues en el aprendizaje de esta gran escuela llamada vida, cada acto mal realizado es una búsqueda, una liberación hacia la verdad, hacia la libertad de eternas ataduras.
¿Como saber si es amor entonces, como reconocerlo? Divagaba en esta situación cuando llegaron mis amigos, acompañados por su sombra de locura, cubiertos de malas palabras y posturas.
_ ¡Cumpazo! ¿por que no nos había dicho la hermosa noticia?_ Las palabras salían de la venenosa boca de Jorge, quien yo creía mi mejor amigo Más a tiempo me di cuenta de que terminó siendo una víbora, una persona llena de maldad y prejuicios como la mayoría de la gente que me rodeaba. Su búsqueda de la verdad, era solo una escaramuza, seguramente para esconder el hediondo rostro lleno de ira y envidia.
_ Bueno, yo tampoco creía que me casaba, hasta ahora último _ Mis palabras iban disfrazadas de cordialidad, mantuve escondida la desconfianza que crecía dentro de mí.
Negro escupía sucias frases dentro del oído de Juliano, miraban y reían al unísono. Trataba de que su veneno no tocara mi corazón. De que aquella poción negra y maloliente no inyectara en mi ser su malicia.
_ ¿Y la despedida de soltero cuándo?_ Preguntaba Juliano.
_ No sé cumpas, tal vez mas adelante._ Mi voz les sonó algo dormida, algo distinta, creo saber que ellos se dieron cuenta.
_ Por último vamos a tomarnos unas cervezas para celebrar el acontecimiento._ Reían juntos.
El viaje en el carinita, mi fiel medio de transporte fue distinto a todos los que juntos habíamos realizado durante tantos años. El silencio decoraba mi sentir con aquellos tres hombres, viejos guerreros de muchas batallas olvidadas.
Solo quería que todo esto terminara pronto, que el cordón umbilical que nos unía se destrozara, liberándome de la tormenta que se había transformado nuestra amistad. Los años de grandes jolgorios habían quedado muy atrás.
No se si lo que me pasaba era el crecimiento gradual de mi existencia, si aquel nuevo traje que cubría mi cuerpo y mi manera de ver las cosas era la luz que guiaba mi nuevo camino.

Nos sentamos en las polvorosas sillas de la antigua shoperia "Likos" Bar y restaurante compañero de las locuras de antaño. Los grandes vasos del licor color oro se vaciaban con rapidez. Sentía en alcohol de otro sabor, dejaba en mi garganta solo recuerdos de tiempo que ya nunca más viviré, lugares de los cuales sucumbieron bajo la fina neblina del olvido.
_ ¿Thomasito, cumpa que le pasa que lo veo alejado?_ La mirada interrogante de Jorge me perforaba, buscaba en lo más escondido de mí ser la respuesta que para mí ya era obvia. Me hubiese encantado mentir, llenar ese vacio que generaba su pregunta con algunas palabras rebuscadas, palabras llenas de mentiras.
_ Nada, no me pasa nada._La mentira emanó de mi boca en forma natural, cualquier persona que me hubiese escuchado no dudaría, más estaba equivocado con la perspicacia de Jorge, quien me acompañase con su amistad durante muchos años. A pesar de este nuevo sentimiento de rechazo que se anidaba en mi interior, respetaba su inteligencia, su manera de descubrir mis encubiertas verdades.
_ No nos podemos sacar la suerte entre nosotros cumpa _ dijo serenamente _ yo conozco a mis gitanos._Una mueca de culpabilidad cubrió mi cansado rostro.
_ Es el cansancio, de los largos años, creo que por fin la vejez me esta alcanzando, creo que la fatiga esta sonriéndome desde su cubil._ Más que una respuesta creo que fue una reflexión.
_ ¿Cansado, de que?_ Dijo Juliano que no había hablado mucho.
_Cansado de nuestro largo camino, cansado de estar junto a ustedes, cansado de nuestra amistad que creo que toca fin, cansado de todo lo que nos rodea._ Una cansada mirada nubló mis ojos; una mirada de persona envejecida por los tiempos.
Jorge pensaba mientras hacía girar el gran vaso con su bebida, tomó un largo y sonoro sorbo para finalizar con una sonrisa en sus labios. Después de tanto tiempo y de mi nueva manera de ver la vida, siempre lograba saber que es lo que pasaba por mi mente.
_ ¿Que es lo que te pasa?_ Dijo sencillamente sin inmutarse.
_ Lo es todo, es que ya me llegó el tiempo, ya deseo hacer algo con mi vida, tener familia, hijos, una casa, llevar una vida normal.
_ ¿Acaso no tenemos una vida normal nosotros?
_ No.
Jorge encendió un cigarrillo, una larga fumada acompaño el nuevo trago de la helada cerveza, a pesar de saber que posiblemente herí sus sentimientos, su orgullo, su manera de ver las cosas, sabía que él era lo suficientemente tranquilo para tomar todo con calma. Tal vez eso fue lo que terminó por alejarme de todos ellos. No puedo estar calmado ante la imposibilidad de no terminar como el normal de las personas.
_ Ustedes están perdidos, ya sucumbieron bajo los placeres de las cosas transitorias, están bajo la nube de las cosas que no son normales._ Les solté sin pensar. Negro y Juliano que hasta el momento solo habían sido parte no activa de la conversación me fulminaron con una mirada llena de odio. Por primera vez los veía tomar esa postura frente a otrora persona que consideraban su amigo.
_ ¿Que es lo anormal para ti?
_ estar perdido como ustedes.
_ Recuerda que todas las personas que vagan, no están perdidas._ Dice tomando relajadamente de su cerveza. Una flagelación helada recorrió mi espalda. Tomé un sorbo de mi vaso no sabía que decir, de hecho algo de razón le encontraba a aquellas palabras. Pero no conseguía la respuesta adecuada para mi nueva vida.
_ Es hora de irme, es hora de que los deje._ Dije volviendo a reflexionar.
_ Esa no es la cuestión, la cuestión es que te vas llevándote una imagen distorsionada de nosotros, de quienes somos, de lo que representamos.
_ Para ser sincero ustedes no representan nada, no son nadie. Son solo unos viejos de mierda sin futuro, sin nada por qué vivir, se transformaron en eternas personas que no desean abandonar una juventud ya ida. En cambio yo quiero mirar por adelante, hacía caminos que no me lleven al fracaso donde están ustedes en este momento, mirense, no son nadie._ Desconozco de donde saqué fuerzas para decir eso.
Juliano y negro se levantaron estrepitosamente dejando caer los vasos al suelo que al romperse fuertemente llamaron la atencion de las personas que en ese momento se encontraban en el lugar, con los puños cerrados y con gruesas palabras me amenazaron
_ ¡Qué te pasa huevón, de qué te las das pendejo de mierda!
_ ¡Tranquilos cumpas!_Jorge logró calmar los dilatados ánimos. Juliano y Negro lograron sentarse sin antes lograr meterme en uno de mis pómulos un fuerte derechazo; golpe que dejaría un moretón que duraría mas de una semana.
_ No tienes derecho a hablar así, y lo principal es que no eres portador de la verdad, tu destino es totalmente distinto al nuestro._ No sé de dónde sacaba la serenidad para responder.
Recordé los apodos que le pusieran a mi hermosa novia, recordé cada apodo que ellos celebraban con ruidosas carcajadas, el daño que se abría en mi corazón, en mi alma.
Al verlos tan sensibles, mi ser se lleno de majestuosidad, quería que pagaran caro cada palabra venenosa que emitieran sus sucias bocas. Secretamente sentía placer al hacerles daño.
_ Se supone que esto es una celebración y no un funeral, pidan más trago, es una noche especial. A pesar de todo Jorge deseaba mantener la serenidad.
_ Que pienses distinto esta bien, que desees otras cosas esta bien. Pero no puedes decir ofensas de esa naturaleza. Juliano era el mas ofendido, el mas longevo. Negro se limitaba a afirmar con un movimiento de cabeza y Jorge, bueno Jorge siempre me pareció raro. Buscaba respuestas que sé, que no existen, siempre buscando en añejas letras de viejos libros cuyos autores estaban tan locos como mi amigo, un buscador tan perdido como el resto de los mismos de su especie. Ahora sé que ese mundo no existe, que ese mundo es una quimera y la realidad es tan palpable como el dinero que me hará feliz y que me entregara la dicha de una vida tranquila.
_ Tu eres el peor de ustedes tres _ No sé de dónde saqué fuerzas, armándome de valor escupí las palabras sobre Jorge. Era la primera vez que lo miraba a los ojos esperando que mi comentario pudiera tocarlo, que significara algo. A través de los años me di cuenta que la única persona que le interesaba era él mismo, siempre fue un eterno ególatra. Un eterno egoísta, frío, y calculador, incapaz de realizar un acto en forma espontanea.
_ Tal vez lo sea _ dijo serenamente, _ No hay nada bueno o malo en todo esto, cada cuál sabe que es lo que hace con su vida, si tú eres feliz así, cero drama, si no lo eres cero drama también._ Tenía que salir con su cagá de filosofía barata, siempre logro sacarme de las casillas con esas burdas frases de finos libros que siempre consultaba para aparentar que era una especie de erudito en alguna ciencia que nunca dominó. Siempre tratando de ser un dios olvidado por sus fieles. Gozaba morbosamente humillando a gente que no dominara los temas donde el se desenvolvía, con el pasar del tiempo creo que fue a la persona que mas odié. Afortunadamente sabía que esta era la última vez que respiraría el mismo aire que ellos, esta sería la última vez que vería sus rostros tan cerca del mío.
La noche avanzó lentamente y los tragos favorablemente amortiguaron la agresividad de Juliano y de Negro quienes ya mostraban signo de cansancio.
_ Bueno, yo creo que eso sería todo _ Jorge como siempre llevaba la delantera en las decisiones que había que tomar, fue en ese momento que paso lo impensable.
Nos levantamos, ellos miraron por largo tiempo mi rostro y se despidieron con un fuerte apretón de manos y una sincera sonrisa.
_Suerte cumpazo, sé que no la necesitas, Pero suerte de todos modos, siempre serás un buen gitano _ Un abrazo fraternal sello la despedida. Me llamo la atención que después de escuchar todo lo que les dije aún me consideraran “un buen gitano”. Me sentía raro, por saber como eran, como son y como serán, y yo lo había olvidado.
Me dejaron en la puerta del carinita, y a medida que el viejo y querido automóvil devoraba los metros, podía ver por el espejo retrovisor como ellos se desvanecían como sombras que jamás hubieran existido y una neblina de viejos recuerdos se desenvolvía frente a mis cansados ojos. Ya no eran las personas que con el tiempo pensaría que llegaría a odiar. Eran de nuevo mis amigos, eran de nuevo esas personas que a pesar de todas las cosas distintas siempre estuvieron a mi lado.
El odio se fue, solo para dejar un recuerdo de tantos años de lucha juntos, de tantos recuerdos, aún cuando tratara de olvidarlos jamás lo lograría pues ellos forman parte de lo que soy.
Ahora los recuerdo, nunca mas supe de ellos, no sé en qué terminó su búsqueda personal, no sé que fue de sus logros y de sus fracasos después de aquella reunión.
Solo sé que ya no los recuerdo con odio, si no con cariño, solo sé que después de aquella noche volvieron a ser mis mejores amigos. Las malas palabras no significaron y no significan nada, pues no hay mejor maestro en la vida que las cosas que a veces nos mueven. Las doctrinas y las palabras sabias son solo eso, palabras, en cambio la acción de vivir todo tipo de situaciones son los que nos acercan a la perfección. No hay mejor maestro que las malas pasadas, pues ellas nos estimulan mejor. Cometí el error de tomar solo lo malo de ellos, cometí el error de ver solo una cara de la moneda y dejé de lado los momentos buenos, sé que no fueron los que me hubiese gustado que fueran, pero dejaron tantas huellas como todas las cosas que vivimos. Mis amigos no dijeron las cosas con mala intención, siempre lo supe, pero dejé que mis ojos solo vieran lo que yo quería que vieran.
No sé donde se encuentran ahora, no sé donde puede haber terminado sus caminos, pero me reconforta saber que ellos están en su verdad que es tan valedera como mi verdad. Al fin y al cabo todos terminaremos en la misma meta, quizás unos lleguen primero y otros después, pero todos llegarán de una u otra forma.
Enciendo un cigarrito, sentado en la hamaca del patio de mi casa, veo a mis hijos correr por la alfombra verde de pasto y río con ellos, río por saber que la vida me dio una hermosa oportunidad de explorar todas las facetas y conservar el lindo recuerdo de todos los acontecimientos que rodearon mi vida, junto a mis recordados y queridos amigos.

Texto agregado el 19-09-2015, y leído por 100 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
19-09-2015 Una narración estupenda, una historia real a los ojos del lector. elpinero
 
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