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Inicio / Cuenteros Locales / gcarvajal / EL LADO OSCURO DEL AMOR - Capitulo XIII

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Mientras estaba en estas meditaciones recordó el compromiso que había hecho con su amigo Horacio en una de sus incontables noches de bohemia, para que el que primero muriera, si en efecto existía vida después de la muerte, se le manifestara e hiciera saber al sobreviviente.
Para tal efecto habían diseñado una intrincada serie de claves y símbolos que solo podían ser decodificados por ellos mismos como muestra inequívoca de que no se tratara de coincidencias.
Acto seguido entendió que debía moverse en términos de espacio en busca del sitio en el que podría estar Horacio para entrar en contacto con él y por primera vez después de su muerte se sintió como se debían sentir los niños cuando estaban aprendiendo a caminar o las aves que están aprendiendo a volar y lo hacen con torpeza y no lo pueden controlar para ir a donde quisieran.
Entendió que se encontraba en un sitio diferente al mundo terrenal pero a la vez muy cercano y que no se trataba de un lugar físico sino que estaba contenido allí mismo, aunque las personas no lo pudieran notar, en lo que se podría definir como una dimensión paralela. También entendió que no era necesario que intentara volar para llegar a un sitio determinado, pues con solo desearlo estaba ahí sin importar en dónde fuera y que para alejarse no hacía falta que deseara ir a otro sitio sino que simplemente deseara dejar de estar en ese lugar y así ocurría pero no alejándose sino cambiando de estado. Así fue que por primera vez se aproximó de nuevo a la vida que había dejado después de su muerte.
Al carecer por completo de emociones, no pensó en buscar a ninguno de sus familiares, como hubiera sido predecible, sino al amigo con quien había hecho un compromiso más allá de la muerte, pero no movido por nostalgia ni remordimiento, solo por la responsabilidad del deber adquirido en vida.
El primer sitio en que buscó a Horacio fue en la casa de su mamá, pero solo la encontró a ella, la vio más vieja que la imagen con que la recordaba. Estaba en la cocina, en los quehaceres diarios, hablando consigo misma en voz alta, pero Horacio no se encontraba allí. Luego se le ocurrió buscarlo en la casa de Elsa. Allí estaba ella en compañía de sus padres y su abuelita, pero tampoco estaba Horacio.
Entonces se detuvo e intentó razonar con lógica en dónde lo podría encontrar y empezó a hacer un recorrido por una serie de lugares que le eran muy familiares en donde el sentido común le podía indicar que estuviera el escurridizo amigo.
Estuvo en la casa de muchos amigos comunes y luego en la de amigos solo de Horacio, en diversos sitios que él solía frecuentar, pero todo fue inútil porque no lo encontró y en ese periplo se le ocurrió pensar que estaba haciendo algo similar a lo que los vivos llamaban «recoger los pasos», refiriéndose a una creencia de los vivos de que los recién muertos visitaban los que fueron lugares frecuentes o de personas queridas, aunque sus motivos fueran diferentes y con la plena seguridad de que ninguna de las personas visitadas se había percatado de su presencia.
Así deambuló por muchos lugares sin ningún resultado positivo y cuando tuvo la idea de volver a repetir la búsqueda por los sitios más frecuentados por Horacio, con la ingenua esperanza de que mientras lo había estado buscando en un lugar Horacio se encontraba en otro, pero que salía de allí para otro donde ya lo había buscado antes de que él llegara, se le hizo claro que para él había comenzado una cuenta regresiva que lo conduciría inequívocamente a iniciar una nueva vida en otro cuerpo.
Comenzaba para Daniel una carrera sin tiempo contra el tiempo para encontrar a Horacio y confirmarle lo que él esperaba saber, antes de que le fuera imposible por estar en otro cuerpo para comenzar una nueva vida con una nueva conciencia y un nuevo proceso de aprendizaje que empezaría desde cero.
Se le ocurrió entonces que la forma más segura para encontrar a Horacio, sería esperarlo en su cuarto en la casa de su mamá, pues tarde o temprano tendría que ir a dormir, además de que ese sería el mejor momento para aproximarse a él.
Cuando estuvo en la habitación de Horacio, notó que a pesar de ser de noche y estar la luz apagada, para él todo era claro como si estuviera encendida.
Recorrió centímetro a centímetro ese cuarto donde se habían forjado muchas de las ideas en las que creyó en vida. Encontró todo perfectamente ordenado, la cama tendida, los libros sobre el escritorio, sobre la mesita de noche y en el librero que Horacio tenía, ordenados por tamaño. Se encontraba todo puesto en su lugar con un orden paranoico, como si allí no viviera nadie.
Daniel recordó que cuando cruzó el umbral, vinieron a recibirlo otros seres, entre los que se encontraba su amigo Roberto y algunos familiares lejanos y entonces entendió que no todos los espíritus tenían que reencarnarse aunque la mayoría que lo hacía era por misiones inconclusas en existencias anteriores o para tratar de enmendar acciones pasadas, pero no como una forma de castigo, sino más bien como una oportunidad de crecimiento.
Daniel se pasó la noche husmeando entre las cosas de Horacio aunque la mayor parte ya la conocía y entre recuerdos lo sorprendió la mañana, cuando escuchó a la mamá de su amigo entrar al baño y entonces entendió que todas las evidencias que había encontrado en esa habitación eran signo inequívoco de que Horacio ya no vivía en esa casa y se quedó sumido en los recuerdos que lo ataban al amigo ausente.

Texto agregado el 04-05-2015, y leído por 63 visitantes. (7 votos)


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