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Inicio / Cuenteros Locales / gcarvajal / EL LADO OSCURO DEL AMOR - Capitulo V

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-Tú qué sientes por Elsa, cuando estas con Norma?- Le preguntó a quemarropa Daniel a Horacio.
-Pues en realidad cuando estoy con Norma, nunca pienso en Elsa. Es algo así como que nunca te pones a pensar en comida cuando no tienes hambre.-
-Pero no te da ni un poquito de remordimiento traicionar a Elsa con Norma?-
Los dos amigos se encontraban sentados en la cafetería de la facultad desde hacia mucho rato, cuando sobrevino la inesperada pregunta y Horacio intentó sin éxito sentar cátedra sobre algo que para él era una verdad de vida, tratando de explicarle a su amigo que la infidelidad no existía, que lo que se llamaba infidelidad no era el hecho en sí de que una persona con una pareja estable, eventualmente estuviera con otra persona, sino que el hecho se diera a conocer.
Se tomó todo el tiempo necesario para explicarle a Daniel que lo que se llamaba infidelidad, no era lo que ocurría en una cama, sino el que la persona «engañada» tuviera conocimiento de que ese evento había ocurrido. Que era algo similar a la paradoja de que no existía sonido, si no había quien lo escuche.
Continuó diciendo que sus relaciones con Elsa y con Norma eran dos eventos totalmente diferentes, con personajes totalmente diferentes, con sentimientos totalmente diferentes y que el hecho de que se metiera en la cama con Norma cada vez que tenían oportunidad, no tenía nada que ver con lo que él sentía por Elsa y que, de hecho, no lo podía cambiar. Agregó que él no creía que la lealtad y el respeto por la pareja tuviera que ver con las personas que se metieran en una cama, que esas eran meras convenciones culturales y que creer que los sentimientos pudieran estar condicionados por convenciones no era más que un estereotipo.
Agregó que los sentimientos por una persona no podían ser medidos por su comportamiento con otras, que a su juicio era como mezclar peras con manzanas.
Dijo que era mucho más frecuente de lo que se podría pensar que la gente confundiera el amor con la pasión, que las personas estaban acostumbradas a creer que amar a alguien era no acostarse con nadie más, pero que el amor era otra cosa totalmente diferente, algo que era imposible de definir con palabras, pero que no tenía nada que ver con estereotipos. Que la mayoría de las familias estaban sustentadas en un principio de respeto y amor porque los esposos todos los años recordaban las fechas del aniversario, o del cumpleaños, o del día de la madre y siempre se aseguraban de hacer magníficos regalos en esas ocasiones, aunque los demás días del año fueran unos tiranos.
Recalcó que el respeto y la lealtad no era mantenerse monógamo, sino algo diferente, era no coartar la libertad de la otra persona, permitirle ser como quisiera, como decían los Beatles, «Let It Be». Dijo que lo más lejano al amor era desarrollar cualquier forma de posesión sobre otra persona y que por regla general las personas confundían el amor con el desarrollo enfermizo de profundos egoísmos, en especial los que se atrincheraban, aunque siempre lo negaran, en los bandos del machismo y del fenimismo, donde no se hacía otra cosa que condicionar los sentimientos. « Yo te amo, pero solo si tú también me amas. Yo te amo, pero solo si tú te comportas como yo quiero. Yo te amo, pero solo si tú eres como a mí me gusta que seas. Yo te amo, pero solo si tú haces todo lo que yo diga que debas hacer.»
Continuó diciendo que él mejor que nadie debía saber, que el común de las relaciones no era más que la unión de dos polos opuestos que se atraían, donde una persona dependiente buscaba a otra dominante para depender de ella y que todo esto distaba mucho del verdadero amor.
Cuando Horacio se dio cuenta, Daniel le había aplicado el viejo truco del billete de veinte, para hacerlo pagar la cuenta en la cafetería y se encontraban hablando de otro tema caminando por la calle. Horacio pensó mientras caminaban, que el haberlo sacado de la cafetería sin que se diera cuenta y aplicarle el viejo truco del billete de veinte, era otra forma de reprocharle, lo mismo que le había reprochado en otras ocasiones, pero esta vez sin decirle ni una palabra y ratificó sin guardar el menor resentimiento la capacidad manipuladora que tenía su amigo.
Daniel por su parte, había escuchado pacientemente toda la perorata de Horacio y pensó que ya volvía sobre las andadas y sin ninguna planeación conciente, había sacado el billete de veinte para pagar la cuenta y cuando le preguntaron si no tenia otro de menor denominación, mecánicamente Horacio se metió la mano al bolsillo, sacó una monedas y pagó, mientras Daniel sin haberlo premeditado propuso que se fueran para la casa, sin darse cuenta que había minimizado por completo el tema que trataba de exponer Horacio.
Mientras caminaban Horacio recordó una historia que tiempo atrás su abuelo le había contado y que sería un buen argumento para fortalecer su tesis frente a su amigo, pero simultáneamente reconoció en Daniel que su actitud no era la de un amigo y decidió que no le compartiría esa historia.
Mientras continuaban caminando, en Horacio se acrecentaba el resentimiento acumulado hacia Daniel y concluyó que éste no era un verdadero amigo y por ende no era digno de enterarse de tan reservada historia y desde ese momento comenzó a alzar una barrera entre los dos, que poco a poco los fue separando y que terminó por destruir la relación que habían mantenido por años.

Texto agregado el 16-04-2015, y leído por 73 visitantes. (3 votos)


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