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¿Dónde estoy? La oscuridad lo cubre todo. Mi espalda yace sobre un montón de objetos duros. Mis manos palpan a mi alrededor y sienten la textura de madera verde y húmeda, pero el olor… más bien hedor, es el hedor de la muerte y esto me aclara la mente, el hedor y el zumbido que se oye sobre mi cabeza me despiertan, algo mareado y con dolor de cabeza recuerdo dónde estoy, he caído en un osario, la madera que tocan mis manos, los objetos duros donde yace mi espalda son los huesos de aquellos que han venido a parar a este lugar.
Vagamente comienzo a recordar, mi primera noche como guardia en el Cementerio General, una pequeña bienvenida de los demás guardias, las clásicas bromas que se le hacen al guardia nocturno primerizo en un cementerio, risas, un pequeño vaso de vino para templar los huesos ya que la noche es fría. Y pronto llega mi turno de salir a patrullar por entre las vetustas construcciones de madera y granito. “Cuidado con los osarios, hay algunos sin seguro” la advertencia antes de salir, ¿y cuál fue la otra después de salir?... “No te acerques al mausoleo del loco…”. ¿En serio? Pensé que era otra broma más, la última en darme la bienvenida al cementerio, pero no le temo a los muertos… no le temía a los muertos.
No puedo mover las piernas, seguro me he quebrado la columna al caer sobre los huesos, el zumbido sigue en el exterior y me las arreglo para encontrar mi linterna en el cinturón, alumbro la entrada al agujero por donde caí… nada, aún no llega, y yo sigo recordando.
Ya sabía yo donde estaba el mausoleo del loco, ¿quién de la ciudad no lo conocía?, la historia decía que ahí yacía el hijo esquizofrénico de un poderoso señor de hacía muchos años, pero con el tiempo las historias se deforman, así que había otros que decían que estaba poseído, otros que era bastardo y que lo mataron, las historias como las leyendas son infinitas y ya nadie sabe cuál es la verdad. El mausoleo es gris y mal cuidado, supuestamente el caballero lo mandó a construir y luego de enterrado su hijo ya nunca más lo fue a visitar, ni él ni nadie de su familia… pero el mausoleo estaba pagado y de alguna manera siempre llegó el dinero anual, así que nunca fue removido. Su faz descascarada está rodeada de maleza alta y sus puertas se encuentran selladas por una gruesa y herrumbrosa cadena… dicen que está maldito… pero que va, siempre dicen que las tumbas son malditas.
No quise hacer la ronda frente al mausoleo, no le tenía miedo a las maldiciones sino a las bromas de mis nuevos compañeros, entonces lo sentí… tres golpes que sonaron como gong en las puertas de metal del mausoleo, yo aún de lejos lo escuché. Sonreí pensando en mis compañeros que se empecinaban en una última broma para asustarme, me dirigí al mausoleo aunque siempre desde lejos y lo iluminé con la linterna, las dos hojas de las puertas de hierro se movieron fuertemente como si hicieran fuerzas desde dentro, luego tres golpes más. Debo admitir que aun pensando que eran mis compañeros los colores se me fueron levemente de la cara ¿Cómo habrán hecho para entrar? Lo siguiente hizo que los colores se me fueran completamente del rostro, una voz de niño gritaba desde dentro del mausoleo “Papaaaaaaaaaá, papaaaaaaaaá no puedo saliiiiir”. ¿Se habrá quedado alguien dentro? Imposible si desde hace más de un siglo que no se abre esa puerta, pero ésta se seguía sacudiendo, los golpes se seguían sintiendo y los gritos se seguían oyendo. Tragué saliva, iluminé la puerta del mausoleo y me acerqué lentamente presto a salir corriendo a la menor provocación, si esto era una broma estaba yendo muy lejos.
Me lloran los ojos y no sé por qué, debe ser el miedo ya que no siento dolor tras la caída, desearía fumar pero he perdido los cigarros al caer, mantengo la luz en la entrada esperándolo, aun no llega pero sé que viene, oigo sus pasos arrastrados, oigo el zumbido.
Me acerqué a la puerta y puse mi mano sobre una de las hojas de la puerta para detener su movimiento, sentí cosquillas en el dorso de la mano y la iluminé imaginando una araña que me caminaba por la mano, pero tragué saliva con alivio al ver que solo se trataba de un mosco bastante grande, eso estaba bien… odio las arañas. Espanté al mosco verdoso mientras volvía a iluminar la juntura de las hojas, entonces vi que por entre ambas salían moscas y moscos sin cesar, caminaban y se posaban en ambas hojas de la puerta cada vez en mayor cantidad, y el aire antes limpio ahora se llenaba de estos insectos, mientras que desde dentro del mausoleo comenzaba a manar el dulzón hedor de la putrefacción. Estúpidamente intenté contener la respiración para evitar el hedor, pero al inspirar varias moscas intentaron entrar por mi boca, de hecho parecía que la mayoría se me pegaba e intentaba entrar por mis ojos, nariz, boca y cualquier orificio que pudieran encontrar, escupí dos o tres moscas que triunfaron en entrar en mi boca. Entonces oí el inconfundible sonido de cadenas herrumbrosas cayendo al piso. Logré iluminar brevemente el interior del mausoleo a través de la juntura de las puertas y lo que vi por entre las moscas me hizo huir más rápido de lo que jamás hubiera pensado que podía correr.
Aquí viene, ya lo oigo arrastrando sus malditos pies, y las moscas lo siguen, las oigo zumbando en el exterior, he encontrado mis cigarros y ya me he encendido uno, si el loco bastardo cree que se va a encontrar a alguien meado de miedo que sepa que sabré morir estoicamente y sin quejarme.
¿Pero que iba recordando? ¡Sí!, por entre las moscas logré atisbar en el tiempo que demora un suspiro el interior de la cripta, en cuyo fondo se encontraba la única tumba que contenía, una construcción de cemento la que había sido cuidadosamente tapada por lo que parecía ser una pesada tapa de concreto, y no contentos con esta habitual práctica al parecer la habían sujetado en su lugar con pesadas cadenas de hierro forjado. Sin embargo ahora las cadenas yacían en pedazos por todo el piso, al igual que la tapa de concreto que aparecía quebrada en dos, no en el fondo junto a la tumba, sino a la entrada al lado de las puertas abiertas.
Lo que me hizo huir sin embargo no fueron las cadenas rotas, ni la tumba abierta, sino la criatura que se arrastraba por sobre los restos de las tapas y cadenas, y que con un quejido cadencioso se acercaba a mí, un quejido que parecía salir de una garganta seca y destrozada por el tiempo, un quejido que si yo me detuviera a pensar que la criatura es humana parecería que ésta llama a su padre. Así fue que huí sin fijarme más en nada, ni siquiera en el camino, por eso no vi el osario abierto y me precipité dentro, y ahora estoy aquí, sé que la criatura viene pues la oigo a ella y a las moscas, sus pasos arrastrados, sus quejidos llamando a su padre… ya está aquí, se asoma y ahora lo veo bien… quizás alguna vez fue humano pero ya no lo es, quizás alguna vez estuvo vivo pero ya no lo está. Su cabeza enorme para su talla se tambalea sobre su frágil cuello, parece un niño con hidrocefalia, los pocos cabellos que tiene caen enmarañados sobre sus pequeñas cuencas donde debieran estar los ojos y sobre sus inexistentes orejas devoradas por los gusanos, uno de sus brazos desproporcionadamente largos está cortado entre el codo y la muñeca y desde la carne seca se asoman amenazantes los huesos que parecen peligrosamente afilados, su torso pequeño alberga una prominente barriga la cual supura unos viscosos líquidos amarillo verdosos y desde la cual, a través de un corte profundo en la parte baja, cuelgan los intestinos como mangueras viejas y sucias de tierra, y sus piernas delgadas dejan adivinar fácilmente la forma curva de sus huesos y en la planta de los pies se ve claramente que se ha desgastado hasta el punto en que los huesos asoman por entre la carne. El ser me mira con lo que debe ser curiosidad, y luego comienza a bajar por las paredes del osario, baja de cabeza agarrándose firmemente con su mano buena mientras que va enterrando sus afilados huesos del brazo cortado en las paredes, parece una araña bajando la pared, y todo lo acompaña con un ahora acompasado “Paapá, paapá, paapá, paapá”, un enjambre de moscas entra por el agujero y se me echa encima, me entran por la nariz, por la boca, me llenan los ojos, ya casi no veo… la criatura ha llegado abajo y la oigo desplazarse entre los huesos, la linterna cae de mi mano y su luz se extingue… ya está aquí.

Texto agregado el 05-02-2015, y leído por 116 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
05-02-2015 Una historia espeluznante, bien narrada, pero con un final que deja entrever que la historia continua. Buena idea sobre el tema en cuestión. Abrazos. NINI
 
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