Al acercarme te veías blanca como la luna, sólo una.
Tú únicamente.
En dónde estabas?, Te pregunté con la melancolía en mi garganta.
Quería contarte todo lo que había pasado durante estos últimos años, qué había sido de mis sueños, de mis proyectos, de los amigos, de mi trabajo, pero las palabras jugueteaban por mi cabeza confundidas por la simplicidad de tu rostro y de tu cuerpo: blanco...
En dónde estabas?, mi fuente de desahogo, en algún espacio del pasado te dejé ir ... o ... me dejé ir.
El miedo a encontrate así blanca, me alejaba y no permitía que fueras otra vez parte de mi mundo. Y mi mundo ... blanco y negro sin tí.
Atada a los problemas, traicionada por mí misma, huí hasta de mi propia sombra y un silencio en el alma contaminó mis manos: tus cómplices, ellas te extrañan más que yo, te dibujan todos los días, te recrean y te sienten de mil colores.
Un paso más hacia tí es recordar...
Me acerco con los ojos cerrados porque quiero verte como antes, llena de mí, trazando cada parte de mi cuerpo, adivinando los pensamientos más secretos, leyendo mi corazón.
Abro los ojos como todos los días, con la luz del sol en la cara, sintiendo su calor, su mágia, abro los ojos como la vida lo hace cada día con migo y ahí estás: mi inspiración.
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