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Inicio / Cuenteros Locales / Lughaidh / Reflejo: Capítulo VI – La silueta

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He escuchado los pasos fuera del cuarto de entretenimiento. Son más rápidos. Corro a la puerta, la abro y, al voltear a la izquierda, veo una silueta humanoide correr a la cuarta planta, la cual es la última. No tendrá a dónde ir ahora. “¡Eres mío!”, he gritado. Aunque aún pienso en lo de mi padre, necesito saber la identidad de esta cosa.

He subido las escaleras y voy detrás de la silueta. Se ha metido al cuarto olvidado, al cuarto que fue dedicado para quien sería ahora mi hermana. Falleció a los dos meses de nacida. Nunca más abrimos ese cuarto. Ha quedado intacto. Nadie se atrevió a abrirlo y entrar en él. ¿Qué quiere esta cosa en ese cuarto?

Me he metido con el miedo que aún me tenía. Miro a todos los lados posibles. No hay nadie. No obstante, antes de irme, reviso todos los lugares; debajo de la cama, los cajones del ropero, todo. Me percato de que el espejo está cubierto por una manta llena de este polvo. Lo descubro y ahí está, en el espejo, la silueta, mirándome; sin ojos, sin piel, sin uñas, cabellos, nada. Totalmente la sombra, la penumbra humana.

“¿Quién eres?”, pregunto. No obtengo respuesta. Mis movimientos se reflejan y la silueta los imita. Está perfectamente coordinada con mis articulaciones. ¿Cómo puede ser? Estiro mi mano hacia el espejo y siento cómo mi mano… pasa a través del espejo. ¡Pero cómo! Tomo a la silueta y la silueta a mí. Nuestros cuellos prensados, no sé si apretar hasta asfixiarlo, o sólo sacar la mano. Decido sacar la mano antes de morir junto con ella. He preguntado de nueva cuenta: “¿Quién eres?” No hay voz que se escuche. Doy la vuelta y giro un poco la cabeza para ver atrás, al espejo. “¿Qué es lo ves, Sergio?”, me pregunto. La silueta, inmutada, hace movimientos ajenos a los míos, aparentando voluntad propia. Mis ojos están completamente atentos a cada uno de ellos.

Ha salido del espejo. ¡Qué diablos es esto! Camina hacia mí, yo no puedo conseguir moverme; se ha apoderado de mi cuerpo un terror nunca antes experimentado. Siento mi final llegar, lo siento tomarme de la cabeza y deslizar tan agraciadamente una navaja con el filo suficiente para cortar un hueso sin abollarse. La silueta entra en mi cuerpo, como si perteneciese a él. De pronto todas las memorias de ella se vuelven mías y veo todo en un instante.

Texto agregado el 18-10-2014, y leído por 45 visitantes. (0 votos)


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