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PROYECCIONES
(2005)

Daniel golpeó con timidez la vieja puerta de hierro, acristalada con cuatro vidrios todos de diseño diferente y uno de ellos fracturado diagonalmente. Era la casa del amigo de un amigo suyo.
Se trataba de un hombre como de unos cuarenta años, delgado con la barba y el cabello largos y unos gruesos anteojos que delataban una prematura miopía. Por las referencias de su amigo sabía que era un Psiquiatra que no ejercía su profesión y que vivía solo con un perro. Cuando se abrió la puerta Daniel le preguntó: «Doctor Yépez?» Y ante un gesto afirmativo de su cabeza, continuó: «Yo soy la persona que le recomendaron para...» pero el doctor Yépez no lo dejó terminar la frase y haciendo un gesto invitándolo a entrar lo interrumpió: «Ah si, ya sé de qué se trata, entre, entre. Usted viene por lo de los libros del doctor Weiss.» Daniel lo siguió hasta un salón grande en el que había un escritorio. El doctor retiró unos montones de libros de un empolvado sofá y lo invitó a que tomara asiento.
Su casa era sombría y parecía una biblioteca con estantes llenos de libros, en los corredores, en los cuartos, en la sala, en el comedor, en la cocina y por todas partes en el suelo. Daniel sin ningún preámbulo le preguntó si era posible lo que planteaba el doctor Weiss en sus libros de que en un proceso hipnótico de regresión un sujeto pudiera regresar en su memoria hasta el momento en que se encontraba en el vientre materno y que si el inductor lo forzaba a ir más atrás, pudiera su esencia reconocer que vivió otra vida en otro cuerpo y en otra época.
La pregunta fue muy directa y le provocó una leve sonrisa al doctor Yépez. «Muchas personas están investigando sobre este tema y existe información sorprendente al respecto. Los libros del doctor Weiss solo son la punta visible del iceberg.» Le comentó a Daniel que recién había recibido una carta de un colega mejicano en la que le narraba un experimento insólito y comenzó a buscarla por todas partes. «Por aquí debí dejarla» decía mientras levantaba libros y removía montones de revistas. La buscó por un buen rato mientras hablaba respecto al insólito experimento y volvía a repetir que la había metido dentro de la pasta de un libro sin detener la búsqueda.
De pronto se detuvo e hizo silencio y sonrió levantando la mano derecha con el índice estirado en un gesto que debía indicar que había recordado en donde estaba la carta. Se dirigió hacia el refrigerador y para la sorpresa de Daniel, lo abrió y saco de él tres libros y efectivamente en el del medio, debajo de la carátula encontró la escurridiza carta. Se sentó y desdobló el papel como si lo fuera a leer, pero mientras lo mantenía así, como quien va a leer un edicto, empezó a contarle a su visitante que el experimento, había consistido en inducir a un paciente al que previamente se le habían realizado otras seis sesiones de hipnosis profunda a que después de haberlo hecho regresar en su memoria a eventos de una semana atrás, el hipnotizador comenzó a regresarlo lentamente hasta el presente y que cuando estuvo en el presente inmediato el inductor le siguió dando unas instrucciones especiales basadas en un método de su invención para que continuara avanzando en el tiempo y que fuera al día siguiente y que le narrara lo que veía.
El novedoso método pareció funcionar como estaba previsto por su inventor y el sujeto describió que se encontraba en su casa con su esposa. Continuó la proyección, como el colega había bautizado su experimento y lo llevó a una semana más adelante, donde el sujeto estaba trabajando en su oficina y todo parecía normal. Cuando lo proyectó a tres semanas más adelante, el sujeto narró que estaba jugando un partido de fútbol, que se trataba de la final de un campeonato en el que participaba en una liga menor y al preguntarle quién había ganado el campeonato, con un poco de desilusión contestó que el otro equipo, por culpa de un tiro penalti que él mismo había fallado y que su equipo había quedado de subcampeón.
Antes de despertarlo el doctor tuvo la precaución de ordenarle que no recordaría nada de lo acontecido. Luego de despertarlo le preguntó qué deporte practicaba y muy entusiasmado le respondió que el fútbol y al entrar un poco más en el tema le contó al doctor que estaba participando en un campeonato y que en tres semanas sería la final y que a su equipo solo le faltaba ganar un partido más para llegar a la final y que estaba seguro de que ganarían el campeonato. El doctor mantuvo toda la sesión en secreto y cuando se entrevistó con el sujeto a las cuatro semanas y le preguntó cómo le había ido en el campeonato, con la misma desilusión que lo había hecho bajo el estado hipnótico, le dijo que habían quedado de subcampeones por un penalti que él había lanzado fuera del arco.
El doctor Yépez siguió contándole a Daniel que el experimento continuó y que semanas más tarde el doctor quiso proyectar al paciente a períodos de tiempo más lejanos, de tres, cinco y diez años con relativo éxito, pero cuando intento hacerlo a veinte años, en el sujeto se produjo una crisis, primero de desconcierto y posteriormente de caos e histeria que lo obligó a despertarlo de inmediato y a dar por terminado el proyecto sin saber qué había pasado por su mente cuando había sido proyectado a un momento posterior a su propia muerte y sin que quedara claro por qué razón los sujetos de este tipo de experiencias, podían tolerar normalmente el conocer pormenores de sus propias muertes en existencias anteriores, pero les rompía todos los esquemas el conocer cómo sería su muerte en la vida que actualmente vivían, quizás porque las muertes anteriores eran hechos ya ocurridos que no se podían modificar, pero la muerte futura todavía no ocurría y el premonizarla los abatía.
El escepticismo de Daniel estaba quebrantado y no sabía si dar crédito a todo lo que estaba escuchando o simplemente creer que se trataba de una locura más de un sujeto que guardaba los libros en el refrigerador. Sin embargo la visita terminó con el propósito de volverla a repetir con la intención de que Daniel fuera sometido a Hipnosis.

El doctor Yépez tenía todo preparado para la primer regresión de Daniel y tan pronto lo hizo entrar en su casa lo condujo al estudio en donde estaban el diván y una silla despejados de libros, dispuestos para iniciar la sugestión.
Le pidió a Daniel que se quitara la chaqueta, que se recostara y tratara de ponerse lo más cómodo posible, le explicó cómo sería el procedimiento a efectuarse y le pidió que no se predispusiera en ningún sentido y que no tratara de programarse para alcanzar algún tipo de resultado además de que no había ninguna razón para que se sintiera nervioso o con ansiedad.
Prendió una grabadora que estaba en el suelo y comenzó a sonar una música suave propia para una relajación y comenzó a hablar en forma muy lenta y con una dicción muy clara, haciendo prolongadas pausas entre cada frase:
Cierra lentamente los ojos y aleja cualquier pensamiento de tu mente. No pienses en nada. Solo escucha mi voz y relájate... Cada vez que escuches mi voz te sentirás más y más relajado y si tus oídos captan cualquier clase de sonido diferente de mi voz, ese sonido servirá para aumentar tu relajación... Voy a darte una serie de instrucciones las cuales seguirás al pie de la letra... Solo escuchas mi voz y cada vez tu relajación es más profunda... Te sientes totalmente cómodo y confortable, la temperatura es agradable... Todo esta muy bien y tu relajación es cada vez más y más profunda... Visualiza en tu mente tu propio cuerpo recostado en el diván e imagina que sobre ti hay un chorro de luz violeta... Es una luz fosforescente como si fuera de neón que te inspira mucha confianza y tranquilidad... Visualiza que el chorro de luz ilumina tu cabeza y cuando lo hace tu cabeza también se vuelve de color violeta fosforescente y que donde te va iluminando la luz aumenta más y más tu relajación... Lentamente la luz ilumina tu brazo derecho y este se hace violeta y cuando esto ocurre sientes cómo la relajación de ese brazo es mayor... Sientes cómo se relajan y distensionan todos de los músculos de cada uno de tus dedos, comenzando por el meñique hasta llegar al pulgar, luego los músculos de la mano, la muñeca, el antebrazo, el codo y posteriormente el brazo hasta llegar al hombro y sientes también que las partes de tu cuerpo que van siendo tocadas por la luz, aumentan ligeramente de temperatura, haciéndalas sentir mucho más cómodas y relajadas... Luego la luz ilumina el tronco de tu cuerpo y el brazo izquierdo y cuando estos se hacen violetas, sientes como esas partes de tu cuerpo están mucho más relajadas, todos sus músculos, tendones, nervios, se encuentran perfectamente relajados... Ahora te encuentras en un estado mucho más profundo de relajación y sientes como la luz recorre e ilumina cada una de tus piernas, haciendo que estas también se iluminen de color violeta y te ves a ti mismo como un cuerpo de neón violeta fosforescente, que flota ligeramente sobre el diván... Te sientes por completo relajado y liviano, libre de tensiones y preocupaciones y en un estado de total comodidad y sientes que mi voz te inspira una gran confianza y en el estado de profunda relajación que te encuentras sigues con exactitud las órdenes que te estoy dando... A partir de este momento no tienes voluntad propia y solo obedecerás a mi voz... Eres muy feliz y sientes que todo está perfectamente bien... Ahora que tu cuerpo se encuentra totalmente relajado, vas a entrar en un agradable y profundo sueño, sientes la necesidad de dormir y en la medida que escuchas mi voz te vas quedando dormido, profundamente dormido pero durante tu sueño seguirás escuchando mi voz... Profundamente dormido... duerme... duerme... duerme... duerme...
El doctor hizo una breve pausa, luego de la cual continuó:
Ahora ya estas completamente dormido pero continúas escuchando mi voz y cuando yo te pregunte algo me podrás responder.
Visualizas cómo te incorporas del diván y te encuentras en un gran salón donde todo es blanco como de mármol y te sientes muy a gusto allí viendo cómo resplandece tu cuerpo violeta... Al extremo del salón ves una hermosa escalera en forma de caracol que con sus barandas y escalones de mármol desciende hacia un bello jardín y te diriges hacia la escalera... Lentamente comienzas a descender por ella y a medida que bajas los escalones percibes un agradable olor a flores y vegetación, te detienes unos instantes en mitad de la escalera y observas ese bello jardín con toda clase de plantas y flores y escuchas con claridad el canto de algunas aves a la vez que percibes el sonido de agua corriente de un manantial que corre por medio del jardín... Continúas bajando los escalones y a medida que lo haces y te acercas al jardín percibes con más claridad la fragancia de las flores y el sonido de las aves y del agua del manantial... Sientes cómo una leve brisa acaricia tu rostro... Cuando terminas de bajar por la escalera te acercas al agua que es cristalina y al agacharte un poco para ver tu propia imagen reflejada en ella, te verás a ti mismo en otro momento de una existencia tuya anterior... Al observar más detenidamente en el agua, ves en ella un paisaje que reconoces con precisión pues pertenece a un sitio en el que viviste en otra existencia anterior y puedes verte a ti mismo en él desarrollando tus actividades cotidianas... Ahora ingresas a ese momento y después de observarlo con detenimiento, comenzaras a describirme todo lo que ves, en donde esta ubicado, si te es posible en qué época o año estas, cómo te llamas, qué estas haciendo, cómo estas vestido...

Las sesiones de regresión resultaron un éxito. Para el doctor Yépez no fue difícil inducir a Daniel a hipnosis profunda y ponerlo a viajar a través de su memoria subconsciente a existencias anteriores. La propuesta era en cada sesión visitar solo una existencia anterior y no varias, para que Daniel pudiera asimilar con mayor facilidad toda la experiencia y tratar de evitar que se mezclaran emociones ya que se decidió que cada regresión sería recordada por él al despertar.
La primera fue gratificante pues no encerró ningún aparente trauma que se pudiera reflejar en su existencia actual. Se trataba de un hombre adinerado que poseía extensas tierras y vivía con comodidades en un lujoso palacio, rodeado de servidumbre y de varias amantes mujeres que lo atendían. No se pudo establecer con precisión la época, pero era bastante antigua por las vestimentas y decoraciones del lugar. El momento exacto de la regresión fue mientras estaba recostado de lado en una especie de sofá romano con una mano apoyando la cabeza mientras en la otra sostenía un racimo de uvas maduras en alto que poco a poco estaba comiendo.
Desde la primera sesión Daniel estuvo tratando de persuadir al doctor Yépez para que más adelante intentara hacerle una proyección, pues para él esa era la parte que le despertaba mayor curiosidad, pero el galeno no quería comprometerse a hacerlo.
La segunda regresión fue a una época más contemporánea pero también más confusa, pues se veía a sí mismo vestido de soldado en medio de tanques de guerra semidestruidos aún humeantes y casas en escombros, con un uniforme mugriento en medio de lo que debió ser un reciente campo de batalla, pero donde el doctor Yépez no pudo controlar que Daniel siguiera las instrucciones y éste se limitaba a mirarse y describir el uniforme, el campo de batalla y sus botas embarradas una y otra vez.
Entre sesión y sesión el doctor Yépez trató de hacer entender a Daniel que no consideraba ético hacer una proyección, aunque se trataba de un argumento para esconder el temor de intentar algo tan osado, pero siguieron discutiendo el tema en varias ocasiones, cada uno tratando de convencer al otro de la valides de sus argumentos.
En la tercera regresión, Daniel encarnaba a una mujer que en el momento a que regresó era de edad madura, vivía sola, sin pareja, con seis hijos de cuatro a trece años en una granja en la que todos trabajaban para la sobre vivencia. Obviamente él entendía el idioma en el que hablaban, pero sabía que no era español y se inclinó por pensar que era alemán. Era una madre muy dura y disciplinada, pero siempre guardando la amargura de no tener marido por esa misma dureza.
En la cuarta sesión las cosas se desbordaron, porque aunque siempre el doctor Yépez tenía precaución de viajar durante cada existencia cuidando de no acercarse a la época de la muerte, no pudo controlar qué tan cerca de ese evento fue la llegada. Daniel era un viejo con barba y cabellos muy largos, estaba solo en una pequeña isla, desnudo, extremadamente flaco y viviendo a la intemperie. Llevaba algunos años, desterrado en ese lugar, como condena por algún crimen que había cometido, sin nada para comer, con el cuerpo lleno de laceraciones y los labios reventados por tomar agua de mar. Estaba muy enfermo con una gran variedad de dolores internos y externos, pero sobre todo muy triste y con una profunda depresión. Estaba tendido de lado en la arena a causa de las llagas que tenía en la espalda, bajo la sombra de unas palmeras. Respiraba con dificultad por la boca abierta. Llevaba varios días en el mismo sitio porque ya no tenía fuerzas para levantarse y cuando en un estado delirante comenzó a recorrer mentalmente escenas de su vida anteriores al destierro, entendió que estaba muriendo y se vio a sí mismo inerme en el momento de expirar.
Cuando el doctor Yépez percibió que el estado de alteración que se reflejaba en la voz de Daniel iba en aumento, decidió dar por terminada la sesión y con rapidez lo despertó. Daniel se incorporó todavía confundido por la mezcla de emociones que trajo de su viaje, pero en especial conmovido por haber presenciado su propia muerte en condiciones tan precarias. La suma de todas las existencias anteriores visitadas arrojaba un balance muy pobre para Daniel, no solo opacándole el ego de no haber sido una persona prestante e importante, sino más aún cargándolo con la responsabilidad de lo que él interpretó como un gran karma que se reflejaba en su existencia actual, algo para lo que a pesar de tanto haber leído y teorizado no estaba preparado.
El doctor Yépez trató de tranquilizarlo un poco pero fue inútil porque Daniel estaba conmocionado y hablaba atropelladamente de todo lo que había vivido en esa regresión mientras se levantaba y tomaba su chaqueta disponiéndose a salir.
Dijo estar arrepentido de haber emprendido ese proyecto loco y que lo daba por terminado, mientras caminaba como un sonámbulo hacia la puerta sin darse cuenta del arrume de libros que tiró con el pie y convencido de que si no había podido tolerar el conocer la forma en que murió en una existencia anterior, mucho menos estaba preparado para intentar la proyección que por tantos días había tratado de convencer al doctor Yépez que le practicara.
Pasaron varios meses para que Daniel pudiera olvidar y superar toda esa traumática experiencia, pero cuando lo consiguió le quedó lacerando en la mente la frustración de no haber tenido la oportunidad de emprender su propio «viaje al futuro», refiriéndose a haber hecho una proyección que le hubiera permitido en la vida actual conocer los pormenores de su futuro y quizás de su muerte y haber intentado algo para cambiar esos pormenores y dependiendo del resultado obtenido haber podido comprobar de manera categórica si existía el destino o no.
Después de algún tiempo, cuando pensó que el trauma estaba superado, un día la curiosidad venció al temor y volvió a llamar al doctor Yépez, con la esperanza de poderse acercar de nuevo a él. Hablaron como si nunca se hubiera presentado ningún exabrupto entre ellos y finalmente Daniel consiguió que el doctor Yépez aceptara intentar hacerle una proyección.
El argumento fue sencillo, lo único que Daniel quería era que el psiquiatra lo llevara a una semana en el futuro y le permitiera permanecer allí por un lapso de tiempo suficiente para que él pudiera familiarizarse bien y reconocer el entorno hasta encontrar una prueba categórica de que efectivamente estaba en el futuro.
En pocos días se reunieron y realizaron el temido y ansiado experimento con aparente éxito. El doctor Yépez indujo a Daniel a hipnosis profunda y lo proyectó a una semana después.
Dentro de la proyección Daniel se encontraba en su propia casa y siguiendo sus instrucciones el doctor Yépez lo hizo recorrer todos los rincones de la casa buscando alguna prueba irrefutable de que estaba en el futuro, pero todo estaba igual. En una semana las cosas cambian muy poco. Cuando Daniel empezó a describir todo lo que veía en su casa hizo una larga lista de objetos que en nada podían contribuir al propósito de ubicar el momento en que se encontraba, hasta que mencionó el periódico.
Eso era lo que estaban buscando y el doctor Yépez le pidió a Daniel que centrara su atención sobre él. Le dijo que estaba doblado por la mitad en la página principal, puesto sobre la mesita de la sala, pero la mitad que se veía era la parte inferior de la primera plana, pues la parte superior en donde se encontraba la fecha estaba en la parte doblada que reposaba sobre la mesa y no se podía ver. El doctor Yépez le pidió a Daniel que observara detenidamente la mitad de la pagina que podía ver y le describiera todo lo que en esa mitad había impreso.
Parecía que no iban a encontrar ninguna pista que les confirmara la fecha del periodico, hasta que Daniel mencionó el resultado de la lotería. En ese anuncio decía claramente que era el resultado oficial del sorteo realizado el día cinco de abril y el día en que se estaba efectuando la regresión era el veintinueve de marzo. Esa era la prueba que estaban buscando. Sin embargo necesitaban algo más concreto que ratificara que no se trataba simplemente de un juego que ocurría en la mente de Daniel, de manera que el doctor Yépez le pidió a Daniel que leyera con mucho cuidado el número ganador.
Daniel repitió muchas veces los seis dígitos del numero premiado, lo que le permitió al psiquiatra no solo anotarlos en una hoja de papel, sino también memorizarlos.
Cuando Daniel despertó, discutieron los pormenores de la experiencia y se concentraron en el número ganador de la lotería. Tomó el pedazo de papel en que el doctor había anotado los números y los releyó en voz alta y luego los repitió sin mirar el papel, como para asegurarse de que los había memorizado bien.
Ahora no quedaba más que esperar a que llegara el medio día del cinco de abril, hora en que se realizaría el sorteo.
Fue una semana tortuosa para Daniel quien tenia pesadillas a diario siempre relacionadas con los hechos de la proyección y cuando finalmente llegó el día, deliberadamente ignoró el compromiso de reunirse con el psiquiatra y salió temprano de su casa a caminar sin rumbo fijo y esperar que llegara el momento señalado. Cuando faltaba menos de una hora para el medio día, pasó por un lugar en donde vendían los números de lotería a elección y que trasmitiría por televisión el juego. No era una casualidad que hubiera llegado allí, pues desde que salió de su casa en la mañana planeó hacerlo. Se instaló en un lugar discreto a esperar la hora del sorteo y mientras esperaba, observaba los compradores de última hora que llegaban apresurados a comprar sus números favoritos y de repente un brillo de codicia se reflejó en sus ojos. Nadie a excepción del doctor Yépez sabia lo que estaban haciendo y pensó que a nadie perjudicaría que él obtuviera un beneficio adicional de todo aquel experimento y poco a poco se acercó a la fila de personas que esperaban su turno para comprar un numero y tratando de no llamar la atención se colocó al final. Cuando llegó al mostrador, balbuceó, como un autómata los seis dígitos tantas veces repetidos, pagó su billete y regresó al rincón en que se encontraba, mientras miraba el boleto una y otra vez para asegurarse que los números estuvieran correctos. Solo era cuestión de esperar unos pocos minutos, confirmar que todo era como en la proyección y ya.
Se cerraron las ventas y todas las personas en el local hicieron un corrillo en torno al televisor y vieron en la pequeña pantalla como empezaron a salir las balotas. Daniel comenzó a ver uno a uno los números y su expresión de asombro fue en aumento en la medida en que seguían saliendo, hasta que apareció la última balota. Todos los números fueron distintos.

Texto agregado el 31-07-2014, y leído por 120 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
31-07-2014 interesante pretexto para ir al psiquiatra XD mineth
 
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