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Inicio / Cuenteros Locales / perseoescritor / SILENCIOS DEL ALMA II

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“......Era viernes ya, y pensaba en lo difícil que eran para mi los fines de semana en la soledad de mi piso de la calle San Juan de Ribera; diferente a los días de semana, cuando mi rutina se limitaba a trabajar, dormir, comer y tratar de olvidar entre mis cobijas, la distancia y el tiempo que me llevaría el volver a mis querencias lejanas ahora. Tan solo el pensar en aquellas largas horas, me estremecía el cuerpo; y entonces, sacudía con fuerza mi cabeza para ahuyentar los recuerdos y aquellas escenas distorsionadas que poblaban mi memoria.
Recordar cada tarde cuando llegaba al calor de mi hogar, recibir el saludo de mis pequeños y la ternura de mi esposa, y sobretodo disfrutar en esas horas nocturnas, juntos, cenando, viendo la tele, haciéndoles dormir con su canción favorita, darles las buenas noches con un beso en la frente: todos esos recuerdos hacían que el millón de hormigas que habitan mi piel, desde que crucé el Atlántico, despertaran y comenzaran ese ritual de vértigo y escalofríos en cada rincón de mi cuerpo, mientras mi cerebro estallaba en una gran convulsión que me paralizaba.
Todos esos momentos llegaban a mi mente desde mi lejana memoria, ralentizando mis pasos hacia aquel mi piso vacio y carente de sentimientos, donde ese aparato color marfil y su hilillo enroscado en mi mesa de trabajo, se convertía en el único nexo de comunicación entre ellos y yo.
No....yo tendría que vagar como cada viernes por las calles, por los parques, por lugares solitarios, donde solo deseaba no cruzarme con familias disfrutando la tarde, o con niños corriendo alborozados detrás de la pelota, tan solo para no despertar mis angustias y mi soledad. Tenía que distraerme en el camino de vuelta, cansarme, más de lo que estaba para llegar a casa y caer desplomado en mi cama hasta el otro día…que ya, era otro día.
-¿Nos tomamos unas frescas o qué?- me sorprendí a mi mismo diciéndolo. El Julían, mi amigo del Guayas, se animó a vagabundear conmigo por esas calles calurosas del mes de setiembre. Nos sentamos en el bar del Culebras y pedimos un par de Fantas Naranja.
Recuerdo haber llegado a casa a menos veinte de la medianoche; luego de una caminata grandísima por los casi dos kilómetros de la Avenida Al Vedat; Y era así como deseaba llegar a casa: con los ojos cansados, los recuerdos espantados, y con mi cerebro a poco de la inconsciencia. Tiré mi morral de pertrechos hediondos con el sudor de la semana, oriné largamente un poco dentro y un poco fuera del váter, pues el sueño ya reñía con mis ojos. Me dormí a medio camino entre el baño y mi dormitorio; sentí el ronquido asaltando con furia mi nariz y al paso siguiente me dejé caer casi sin sentido y blandamente sobre mi cama. Dormía profundamente, con la mente en un blanco perfecto, sin sueños, sin aquellas pesadillas que me asaltan muchas noches, lejos de mis angustias y mi acuciante soledad…Ya hacía el amanecer, en algún momento de mi inconsciencia, comencé a soñar plácidamente con aquel mundo mío, con mi barrio, mi calle, mi casa, mi rincón; Los vi allí, sentados en la cama grande, conversando, recordándome, contemplando docenas de fotos de nuestra historia, mientras yo, tratando de hacerme notar, de hacerles saber que de alguna manera estaba allí… Era tanto, pero tanto mi deseo de estar al lado de ellos que sucedió una vez más…Entré en esa especie de cuarta dimensión, una transmigración en toda regla, pues de pronto me encontré a mi mismo, encerrado entre los pliegues nebulosos de aquel ser misterioso a quien involuntariamente transmigro, de ágiles alas y ojos enormes, por los cuales puedo otear desde las alturas, iniciando aquel viaje casi rutinario desde mis recuerdos; aquel había tardado en despertar.
Fue entonces, que ese ser espiritual en que muto muchas veces, en complicidad con mi memoria, me llevó hasta un ángulo alto del dormitorio; los vi allí, sentados, con la vista cuajada por una presencia invisible que ya percibían; sentí de pronto un estremecimiento fuerte, como si aquel ser misterioso deseara deshacerse de mi; sorprendentemente me sentí depositado sobre mi cama al lado
de los míos…y quede alelado por unos larguísimos segundos. Fue mi pequeña quien rompió el silencio: “¿Cómo has llegado papo?”..Me miraban sin creerlo todavía; los abracé con todo mi afecto posible, pues sentía que no era real; mis manos, mis ojos se llenaban de ellos y luchaba contra ese balanceo continuo de levitación en que estaba, tratando de aferrarme a ellos, a mi casa, a mi mundo. Giré mi vista por todo el espacio, como apercibiéndome que estaba allí; por la ventana que da al patio, vi los maceteros florecientes de mi Jacinta, y el poste de luz alzado en la escalera del pueblo. Me acurruqué junto a ellos sin más palabras que los que se decían nuestros ojos; acaricié los cabellos rizados de mi Omaro; acaricié el tierno rostro de mi niña amada Andreína, sonriendo siempre, sonriendo embelesado, agradeciendo a Dios desde mis adentros por aquellos momentos maravillosos; nos quedamos mirando fijamente con la Jacinta y una sonrisa tenue nació entre ambos. Entonces me acerqué a ella e intenté besar su frente…¡y la magia del momento desapareció¡…quedé suspendido en aquel ángulo superior del dormitorio, tratando de asirme en algún punto y no ser arrebatado de la escena, pues una mano invisible trataba de arrancarme de allí!...“Nooo, nooo”, me decía entre sollozos. Ellos solo se miraban absortos, confundidos; luché con todas mis fuerzas aferrándome a la nada para quedarme junto a ellos. De pronto todo aquello se desvaneció quedando en aquel sueño solo de recuerdos lejanos, de horas inciertas y mundos distantes.. A poco desperté jadeando, luchando abrazado a mi almohada; me senté por un momento en mi cama pensativo. Me levanté luego como un autómata yendo directamente al teléfono; llamé a casa; me contestó mi pequeño Omaro. El, sobresaltado me contestó: “hola papi, te cuento...al llegar a casa luego del cole, sentí como que estabas en casa; era extraño pero te sentí papi”. “Estuve allí anoche, hijo”, le dije. Reímos como un par de tontos.

Perseo Escritor

Texto agregado el 21-03-2014, y leído por 125 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
29-03-2014 Un texto maravilloso! !Felicitaciones! Un abrazo y ***** NINI
22-03-2014 Muy buen texto. elisatab
22-03-2014 He disfrutado tu título "silencios"... dibujando en cada momento la soledad, el luchar contra ella, para abrazar tus añoranzas, ha creado una historia linda en tu narrativa .... muy lindo iii ***** krisna22z
21-03-2014 Lo que el cuerpo no puede, el alma si. Bello encuentro donde la distancia no existe, solo el deseo de abrazar a los que se aman Carmen-Valdes
 
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