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No lo soporto. A veces lo intento pero definitivamente no soporto al “carita feliz” de Gustavo Bolívar. Todo me molesta de él, su hedor a perfume que inunda la oficina, su voz ronca que penetra los espacios, sus chistes malos y muy especialmente su colección de estrambóticas corbatas que, según él, lo hacen parecer un gordito cool, aunque a mí me parezca una payasada ridícula que le resta seriedad.

No lo soporto aunque deba decir en su defensa que ha tratado por todos los medios de caer en gracia conmigo. Claro, soy el Gerente de la Oficina y probablemente la última persona con la que quisiera tener diferencias, pero sus esfuerzos me resultan interesados y generan un efecto inversamente proporcional en mí, que le aborrezco un poquito más cada mañana, cuando llega gritando sus buenos días y bufoneando con sus corbaticas multicolores.

Debo decir que, lamentablemente, en Presidencia no comparten del todo mi opinión. Bolívar ha tenido un par de ideas medianamente interesantes que han atraído a algunos Clientes. Por eso le proyectan un futuro prometedor en la Organización. Esta semana en la reunión de Junta Directiva se asomó su nombre para la dirección de la próxima sucursal que abriremos. Triste para él, la Junta ha dejado en mis manos la selección final, lo cual lo relega al último lugar en la lista de candidatos. Esta tarde en debo presentar mi decisión, porque estaremos inaugurando en apenas unos días. Gracias a Dios que me asignaron esa responsabilidad, porque sin lugar a dudas cualquier otro miembro de la Junta habría elegido a Bolívar para el cargo.

Ayer llegó a la oficina, como todos los días, gritando los buenos días y mostrándole a todos una corbata con el logo del Barcelona que, para males peores, se anudó muy corta y dejaba ver los botones inferiores de su camisa luchando por sostener una inmensa barrigota que se empeñaba en aflorar. Se sentó frente a su escritorio y comenzó a sacar de una bolsa varios adornitos chinos de diferentes estilos. –Para la buena fortuna Jefe! Me dijo mientras colocaba unos dragones dorados, un gatico que movía el brazo incesantemente y una cadenita roja que colgó a un lado de su monitor. Me pareció otra más de sus estupideces y pensé en decirle que no existían talismanes para desarrollar el talento. Me acerqué a su escritorio con esa intención y antes de abrir la boca me recibió con una cintica roja que amarraba tres moneditas chinas, de esas que tienen un huequito cuadrado en el centro.

-Esto garantíza prosperidad en el trabajo Señor Farías, lo traje para Usted, aunque sé que no le hace mucha falta porque ya es un hombre muy exitoso.

Tomé la cinta sin contestar y la introduje en el bolsillo de mi camisa, tampoco pude decirle lo que tenía en mente, así que regresé a mi oficina con el insulto atravesado en la garganta y aborreciéndolo un poquito más. Volteé a mirarlo y todavía sostenía esa sonrisa forzada, me guiñó un ojo y continuó acomodando sus brujerías.

Moneditas Chinas para la prosperidad en los negocios! A quién se le ocurre que el Director de una Sucursal piense seriamente que unas moneditas chinas tengan alguna incidencia en el éxito? Esas son supercherías inútiles que demuestran ausencia de carácter. Ya me lo imagino en una Junta de Presidencia explicando que no se obtuvieron los resultados en el ejercicio económico por culpa del Fen Chui! A mis ojos, Gustavo Bolívar está cada vez más alejado de ese cargo. Así lo expresaré en mi reunión de las tres, en donde designaré a Valentina Díaz para el puesto. Tomé mi decisión desde hace días, y a decir verdad, ni Bolívar ni sus estúpidas moneditas podían hacer nada para revertirla.

Almorcé temprano en la oficina para llegar a primera hora a la Sede Principal. El Señor Presidente es obsesivamente puntual con la hora de llegada y cualquier retraso le genera una molestia inmensa que acostumbra hacer pública delante de todos los miembros de la Junta. Salí con tiempo suficiente, pero un inmenso embotellamiento en la Avenida Páez me retrasó por más de media hora. Apenas pude tomé la primera vía de escape buscando una ruta alterna. Ya faltaban escasos minutos para iniciar la reunión y tenía el tiempo justo para llegar, pero el congestionamiento parecía una epidemia que cubría todo el centro. Se me ocurrió tomar la vía del viejo puente Rivas y acceder hasta la oficina por la parte posterior. Cuando enfrenté el puente suspiré de tranquilidad porque estaba bastante despejado. Miré el reloj, faltaban 12 minutos para las 3pm así que aceleré un poco más pensando que aún tenía chance de evadir el retraso. Fue sólo un breve instante en el que desvié la mirada de la carretera para ver la hora. Tiempo exacto para no percatarme del camión que emergía desde la esquina en la misma dirección. Pude ver la expresión de sorpresa del chofer desde mi retrovisor, escuché el sonido de su corneta y hasta comprendí la maniobra que intentó hacer, pero no tuvo tiempo de frenar y me impactó en la parte posterior del automóvil.

Intenté sostener el volante con ambas manos, pero el carro zigzagueaba por la gran velocidad que llevaba, perdí el control y comencé a dar vueltas sobre el asfalto. El auto saltó la defensa y se avalanzó hacia el precipicio. Aún me aferraba al volante con fuerza y pisaba el freno hasta el fondo, mientras veía el risco que me esperaba en la parte inferior del puente. Miles de ideas pasaron por mi cabeza, pensé que era cierto que la vida desfilaba frente a tus ojos en una situación como esta y comprendí que me esperaba lo peor. El carro giraba y sentía como el cinturón de seguridad me mantenía sujeto a él, mientras mi teléfono y mi maletín daban tumbos por todo el vehículo.

Un poco antes de chocar contra el asfalto, en medio de los giros en el aire, saltó de mi bolsillo la cinta roja con las 3 monedas atadas, se paseó frente a mis ojos y encandiló mis ojos con el reflejo del sol de la tarde.

“-Esto garantíza prosperidad en el trabajo Señor Farías…”

Tenía razón el maldito gordo.






Maracay, Agosto de 2013

Texto agregado el 16-09-2013, y leído por 117 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
10-10-2013 Hmmmm...y aún se culpa al pobre gordo que solo está trataqndo de 'hacer puntos'. Mejor devolverle las moneditas con un simple 'chas gracias'. za-lac-fay33
16-09-2013 Muy buena la historia, atre desde el principio, era una de las tres mejores en el Reto. Te felicito. cieloselva
16-09-2013 CUENTAZO, 10 filiberto
16-09-2013 Me gustó. Escribes fluído y la historia corre ben, pero algo faltó en el remate. Quedé con gusto a poco. Un abrazo york
 
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