De todas las cosas que usted dice, Sergio, desde las más misteriosas como el Nocturno, hasta las más cristalinas, como esa entrevista que le hace al Subcomandante Marcos al final de El arte de la fuga, sin creerse todavía que estas cosas puedan suceder en el siglo que estamos, hay un pensamiento suyo que a mí me ayuda a vivir y a leer, o sea, a escribir. Vivir y leer es lo mismo ¿verdad? ¿Y escribir? ¿Qué es escribir? No es nada trascendental lo que usted dice, es apenas un detalle que deja caer en otra entrevista referido a eso, al desasosiego, a la pasión por la escritura.
Dice usted que una cosa es “redactar” y otra “escribir”. ‘La redacción, cito sus palabras, tiende a la claridad, está sujeta a reglas fijas y se utiliza para describir un asunto. Un tratado o un manual tienen que estar bien redactados porque se necesita que todo se entienda claramente. La escritura, en cambio, no está sujeta a ninguna regla (excepto las de ortografía) y se alimenta de la parte irracional del individuo. El periodismo debe estar bien redactado; un texto literario no puede estar bien redactado, pero además debe tener una gran pasión interna’. Para usted, ‘la redacción es siempre visible, pero sin embargo la escritura tiene varias capas, se asienta sobre una especie de subsuelo y mientras vas leyendo el lenguaje te va sugiriendo otras lecturas. La redacción apunta al orden, la escritura a la locura’.
Si yo le contara a usted las cosas que redacto, se echaría a llorar. Y si, por una remota casualidad, viera lo que escribo, se moriría de pena. Por eso guardo celosamente todo lo que hago, o se lo paso clandestinamente a mis amigos para que sufran, o lo publico aquí de forma casi secreta, perdido como estoy en el laberinto nocturno de las callejuelas de esta Bujara encantada que es la vida, o sea, la escritura, maestro.
JUAN YANES |