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Inicio / Cuenteros Locales / sayari / III. La cuestión indígena y agraria en José Carlos Mariátegui

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En el análisis de Mariátegui, en el país coexistían elementos de tres economías diferentes. Bajo el régimen de economía feudal nacida de la Conquista subsisten en la sierra algunos residuos vivos todavía de la economía comunista indígena. En la costa sobre un suelo feudal, crece una economía burguesa que, por lo menos en su desarrollo mental, da la impresión de una economía retardada. En este gran escenario la cuestión agraria se presenta, ante todo, como el problema de la liquidación de la feudalidad en el Perú, que posee dos aspectos enlazados: latifundio y servidumbre. Expresiones solidarias y consustanciales, cuyo análisis nos conduce a la conclusión de que no se puede liquidar la servidumbre, que pesa sobre la raza indígena, sin liquidar el latifundio. El desarrollo teórico de Mariátegui sobre el indio y la cuestión agraria se enmarca en los conceptos anotados; pero, ¿fue acertada su caracterización? Para algunos críticos no; cuestionan en particular su opinión sobre el denominado comunismo indígena y por el acento en la feudalidad o semifeudalidad que lo llevó a subestimar el desarrollo capitalista en diversos espacios nacionales. Esta imprecisión, más allá de inexactitudes teóricas, ha producido una influencia muy profunda en los científicos sociales y políticos posteriores a Mariátegui; hicieron suyas sus apreciaciones y ejecutaron acciones guiados por sus postulados. Recordemos, como ejemplo, que en la guerra interna de dos décadas que vivió el Perú, el grupo Sendero Luminoso enarbolaba la tesis del Perú semifeudal, medio siglo después de Mariátegui.

Su tesis, como lo indica en el Esquema de la evolución económica, 1928, señalaba que en el Perú, contra el sentido de la emancipación republicana, se ha encargado al espíritu del feudo – antítesis y negación del espíritu del burgo – la creación de una economía capitalista…Los elementos morales, políticos, psicológicos del capitalismo no parecen haber encontrado aquí su clima. El capitalista o mejor el propietario criollo, tiene el concepto de la renta antes que el de la producción. El sentimiento de aventura, el ímpetu de creación, el poder organizador, que caracteriza al capitalismo auténtico, son entre nosotros casi desconocidos. La consecuencia de esta realidad la sufrió el indio en mayor medida; la feudalidad como estadio inferior al capitalismo no promueve el trabajo asalariado, la sindicalización, seguridad social, las asociaciones políticas, etc.; conquistas sociales que hacen más humano el desarrollo y que hubiera conducido a una emancipación más pronta del indio. En su opinión no bastaba el derecho del indio, a la cultura, al progreso, al amor, al cielo, sino, categóricamente, su derecho a la tierra.

En sus Siete Ensayos, señala que el carácter de la propiedad agraria…se presenta como una de las mayores trabas del propio desarrollo del capitalismo nacional. Sin embargo; a su juicio, sería en la aplicación del socialismo que el indio conseguiría emancipación y desarrollo pleno. Alcanzar ese estadio productivo sería facilitado por el comunismo agrario que practicaba la población india y que denominó comunismo inkaico. Cuando aborda El problema de la tierra añade: Al comunismo inkaico, – que no puede ser negado ni disminuido por haberse desenvuelto bajo el régimen autocrático de los Inkas – se le designa por esto como comunismo agrario; que significaba: propiedad colectiva de la tierra, de las aguas,…pasto y bosques; cooperación común en el trabajo; apropiación individual de la cosecha y frutos. Mariátegui recalca su posición en las tesis presentadas en la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires en junio de 1929, en Las conclusiones sobre el problema indígena y las tareas que impone, donde señala que las “comunidades” que han demostrado bajo la opresión más dura condiciones de resistencia y persistencia realmente asombrosas representan en el Perú un factor natural de socialización de la tierra.

Subraya el grado de desarticulación cultural y económica que sufrió esta realidad con la conquista: la destrucción de esta economía – y por ende de la cultura que se nutria de su savia – es una de las responsabilidades menos discutibles del coloniaje, no por haber constituido la destrucción de las formas autóctonas, sino por no haber traído consigo su sustitución por formas superiores.Conocemos ahora que las formas asociativas incas no configuraban ni social ni económicamente una estructura comunista y que el denominado modo de producción asiático, estudiado por Marx, es un referente que explica mejor la sociedad inca. Por otro lado, sabemos que las prácticas agropecuarias hispánicas no significaron formas superiores, sino, por el contrario abandono de exitosas y milenarias formas de explotación de plantas y animales que coincidían en el respeto por la naturaleza y la ocupación de espacios que después los hispánicos consideraron inoperantes.

Su comprobación del comunismo incaico no se muestra aviado con el reconocimiento de formas avanzadas de organización social y económica que ameritaban que los actores y herederos de esa cultura comunista gozaran de algún grado de autonomía. Este punto de vista no fue suyo como se lee en la Importancia del problema racial donde señala que la constitución de la raza india en un estado autónomo, no conduciría en el momento actual a la dictadura del proletariado indio ni mucho menos a la formación de un estado indio sin clase, como alguien ha pretendido afirmar, sino a la constitución de un Estado indio burgués con todas las contradicciones internas y externas de los Estados burgueses.

Cuando aborda El problema de las razas en la América Latina, también tesis presentada y discutida en la citada conferencia, reconoce las ventajas que tuvo la cultura aborigen respecto a la civilización blanca: lo que en las comunidades indígenas del Perú subsiste de elementos de civilización es, sobre todo, lo que sobrevive de la antigua organización autóctona… En el agro feudalizado, la civilización blanca no ha creado focos de vida urbana, ni ha significado siempre siquiera industrialización y maquinismo: en el latifundio serrano, con excepción de ciertas estancias ganaderas, el dominio del blanco representa, ni aún tecnológicamente, ningún progreso respecto de la cultura aborigen. Efectivamente, la dominación española no significó progreso tecnológico en la agricultura, en cambio sí prácticas culturales incompatibles con nuestra geografía. Usa Mariátegui el término cultura, pero, sin darle la connotación que sí le otorgaba a otras categoría sociales y económicas.

Luego de la caracterización de la realidad agraria que efectúa, Mariátegui sostenía que ésta seria superada mediante el socialismo; su aplicación sería hecha en el serrano feudo indiano y en las haciendas capitalistas de la costa. Toleraría formas de explotación personal de ciertas tierras, allí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomienden dejar la producción individual. Interpretaba que el ejercicio de las relaciones de producción comunistas en las comunidades indias facilitaba la instauración del socialismo sorteando la etapa denominada “democrático popular” en la que el estado, bajo una forma de capitalismo de estado, cumple el rol que la burguesía no ejerció en su momento histórico. En los Principios programáticos del partido socialista, se lee: el socialismo encuentra lo mismo en la subsistencia de las comunidades que en las grandes empresas agrícolas, los elementos de una solución socialista de la cuestión agraria, solución que tolerará en parte la explotación de la tierra por los pequeños agricultores ahí donde el yanaconazgo o la pequeña propiedad recomiendan dejar a la gestión individual, en tanto se avanza en la gestión colectiva de la agricultura, las zonas donde ese género de explotación prevalece…Reconoce que el socialismo no puede dejar de lado la técnica, la ciencia, la etapa capitalistas; y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino por el contrario la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional. Plantea la posibilidad de transformar la comunidad en cooperativa, con mínimo esfuerzo y la adjudicación a las “comunidades” de las tierras de los latifundios.

En el ensayo sobre El problema de la tierra, amplia estos criterios, señalando: congruente con mi posición ideológica, yo pienso que la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la formula individualista, ha pasado ya. Dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígena. La solución liberal que comenta y cuestiona es el fraccionamiento de los latifundios para crear la pequeña propiedad. Añade que esta fórmula no es utopista, ni herética ni revolucionaria ni bolchevique, ni vanguardista, sino ortodoxa, constitucional, democrática, capitalista y burguesa. En su ensayo sobre el Regionalismo y centralismo señala: el “problema del indio”, “la cuestión agraria”, a diferencia de liberales y conservadores que reducen el problema del indio a un plano filantrópico o humanitario, surge ahora una ideología nueva que plantea un programa de renovación o reconstrucción peruana, donde el problema del indio cesa o deja de ser,… un tema adjetivo o secundario. Pasa a representar el tema capital.

No obstante, dos años antes, su proposición tiene un matiz diferente, como lo señala en el prologo del libroTempestad en los andes de Luis E. Valcárcel donde señala que la eliminación de la feudalidad es empresa típica y específicamente liberal y burguesa y que pretender convertirla en función socialista es torcer románticamente las leyes de la historia … La sorpresa de sus sustentadores será extraordinaria cuando se enteren de que la función del socialismo en el gobierno de la nación, según la hora y el compás histórico a que tenga que ajustarse, será en gran parte la de realizar el capitalismo, – vale decir las posibilidades históricamente vitales todavía del capitalismo, – en el sentido que convenga a los intereses del progreso social. Aquí se observa su fidelidad al clásico pensamiento marxista que señala que el socialismo será el resultado del desarrollo máximo de las fuerzas productivas del capitalismo.

La dificultad de llevar adelante estos propósitos políticos, señala, será enorme, pero su progreso dependerá fundamentalmente de la capacidad de los elementos que la realicen y de su apreciación precisa y concreta de las condiciones objetivas de la cuestión indígena. Subraya que el problema del agro no es racial, sino social y económico, pero la raza tiene su rol en él y en los medios de afrontarlo. Una conciencia revolucionaria indígena tardará quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, le servirá con una disciplina, una tenacidad y una fuerza en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo. Completa su opinión del comunismo incaico con su visión de un indio proletarizado dueño de una conciencia socialista entronizada desde afuera por el partido o la clase. No abunda en la forma en que el indio se deshaga de sus hábitos pequeño burgueses, pero es comprensible, para seguir con la idea leninista que subyace debajo de sus formulaciones, que su proceso de aculturación sería una condición imprescindible.

Su apreciación sobre la semifeudalidad y el comunismo inkaiko fue el resultado del nivel de las investigaciones de entonces y por publicaciones contemporáneas como las de Hildebrando Castro Pozo. También la corriente de pensamiento indigenista tuvo relación con esta imagen idílica del incanato. Lo cierto es que, como se ha comentado, condicionó decisiones políticas posteriores y también influyó en la elaboración de un programa agrario para el país. Su impronta se percibe cuarenta años después en los teóricos que formularon la reforma agraria del gobierno militar de Velasco Alvarado que terminó con los latifundios y socializó las comunidades campesinas y también las haciendas costeñas.

Vistas las opiniones mariteguistas sobre el qué hacer en el campo, la pregunta ligada es ¿quiénes serían los conductores de estos cambios en la estructura agraria? En el prefacio a El Amauta Atusparia, 1930, señala: la doctrina socialista es la única que puede dar un sentido moderno, constructivo, a la causa indígena, que, situada en su verdadero terreno social y económico, y elevada al plano de una política creadora y realista, cuenta para la realización de esta empresa con la voluntad y la disciplina de una clase que hace hoy su aparición en nuestro proceso histórico: el proletariado. Su dictamen no es excéntrico de la teoría marxista; pero, observamos dos hechos producto de las experiencias socialistas mundiales: en ningún caso el proletariado se pudo constituir en la verdadera dirección de los procesos socialistas. Fueron expropiados por una nomenclatura que asumió su representación con los resultados que conocemos. Por otro lado la clase obrera en el Perú era escasa en número y cualidades; de alcances locales, desorganizada, realidad que pervive, carente de las condiciones suficientes para conducir un proceso tan complejo. De cualquier modo, sobre ella recaía la responsabilidad de dirigir este proyecto político; los indios tenían un rol profundamente subordinado en virtud de su mentalidad pequeño burguesa.

Tan nítido como su diagnóstico del agro, la cuestión indígena y su propuesta socialista es su reconocimiento de la existencia de una peruanidad influida por el indio y la sierra. De igual importancia es su explicación sobre la manera en que ella se ha asentado en las tierras bajas por el abandono español de las zonas altas. En el ensayo sobre La región en la república, señala: la actual peruanidad se ha sedimentado en la tierra baja. Ni el español ni el criollo supieron ni pudieron conquistar los Andes. En los Andes, el español no fue nunca sino un pioneer o un misionero. El criollo lo es también. Es clara la idea de Mariátegui que esta realidad originó la descomposición de la formidable máquina de producción inca y ejerció influencia en la desintegración de la unidad nacional: rotos los vínculos de su unidad, la nación se disolvió en comunidades dispersas. En el Esquema de la evolución económica, 1928, explica con precisión el abandono de las tierra altas por la mezcla de respeto y de desconfianza que les inspiraron los andes, de los cuales no llegaron jamás a sentirse realmente señores. Es una forma expresiva de explicar el modo en que la economía colonial fue construida de espaldas a un sistema productivo que era la columna vertebral no sólo patrimonio inca sino de culturas previas que alcanzaron estadios imperiales: Chavín y Wari. Reconoce la fuerza y poderío de la cultura india cuando envuelve al conquistador y lo transforma: el ambiente andino extingue en él al conquistador y crea, poco a poco, un indígena. Esta influencia ha sido vasta y permanente en el país, al punto que el denominado “desborde popular” contemporáneo, no es sino la comprobación tardía de un fenómeno social iniciado después de la toma de Cajamarca.

Evaluar el éxito o viabilidad que hubiera alcanzado un socialismo nacional sin la previa etapa democrática popular es ingresar al terreno de la política ficción. Quizá la evaluación de las experiencias socialistas en el mundo, en especial la china o vietnamita, proporcionan luces sobre el tema que está fuera de los alcances de estas páginas. El hecho que podemos comentar y evaluar es la implícita propuesta cultural que encierran sus tesis y reflexiones. Las glosas anteriores, contienen una clara propuesta cultural no explicada. No obstante hay otras anotaciones como las escritas al tratar el tema Nacionalismo y vanguardismo, 1925, en que la idea de la asimilación cultural es más clara. El ensayista reitera que el problema indígena se presenta como el problema de cuatro millones de peruanos. Expuesto en términos nacionalistas, - insospechables y ortodoxos - se presenta como el problema de la asimilación a la nacionalidad peruana de las cuatro quintas partes de la población del Perú. En su ensayo sobre El problema del indio menciona la suposición de que el problema indígena es un problema étnico, se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas…Los pueblos asiáticos, a los cuales no es inferior en un ápice el pueblo indio, han asimilado admirablemente la cultura occidental, en lo que tiene de más dinámico y creador, sin transfusiones de sangre europea.

En algunos pasajes de su obra se acerca a formulaciones que se distancian de Occidente y se acercan a la cultura india en condiciones de igualdad y simetría. No obstante, sus reflexiones síntesis vuelven a la matriz de pensamiento original. Lo expresa en su crítica a los conservadores criollos que señalan que lo nacional comienza en los colonial. Para ellos, afirma, existe solo una peruanidad: la formada en los moldes de España y Roma. Para ellos las raíces de la nacionalidad resultan ser hispánicas y latinas. El Perú, como se lo representa esta gente, no desciende del Inkario autóctono; desciende del imperio extranjero que le impuso hace cuatro siglos su ley, su confesión y su idioma. La vanguardia nacional, menciona, propugna la reconstrucción peruana sobre la base del indio…busca para su obra materiales más genuinamente peruanos, más remotamente antiguos. Esta vanguardia es indigenista y revolucionaria y no agota sus postulados en una inocua apología del Imperio de los Incas y de sus fastos…en lugar de un platónico amor al pasado incaico, manifiestan una activa y concreta solidaridad con el indio de hoy. Hasta aquí un Mariátegui defensor del sustrato indio como matriz, pie de la mezcla con Occidente; aparece luego el concepto de asimilación. Menciona que este indigenismo no sueña con utópicas restricciones. Siente el pasado como una raíz, pero no como un programa. Su concepción de la historia y de sus fenómenos es realista y moderna. No ignora ninguno de los hechos históricos que, en estos cuatro siglos, han modificado, con la realidad del Perú, la realidad del mundo.

Ante la descomposición de la economía agraria inca y la inoperancia de la explotación hispánica, Mariátegui considera que los migrantes europeos serían un magnifico modo para los peruanos de nutrirnos de la cultura europea. Menciona que resultaría necesario sangre europea para asimilar en mejores condiciones la cultura que porten. No, no es un error, una distracción, ratifica la idea en sus Siete ensayos donde señala: el latifundismo subsistente en el Perú se acusa, de otro lado, como la más grave barrera para la inmigración blanca. La inmigración que podemos esperar es, por obvias razones, de campesinos provenientes de Italia, de Europa Central y de los Balcanes.

Podemos observar a un Mariátegui más enfático, seguro de sus medios y teorías sobre el concepto de asimilación cuando analiza culturas distintas. Aquí deja claramente establecida la inevitabilidad del dominio de los valores occidentales. En La Escena contemporánea, cuando habla de La revolución turca y el islam, refiere: los móviles del occidental son utilitarios y prácticos; los del musulmán son religiosos y éticos. En el derecho y las instituciones jurídicas de una y otra civilización se reconocía, por consiguiente una inspiración diversa.

Hoy Turquía es un país de tipo occidental. Y esta fisonomía se irá afirmando cada día más. La revolución estimulará el desarrollo de una nueva economía. La vuelta a la monarquía teocrática no será materialmente posible. La civilización occidental y la ley mahometana son inconciliables. La burguesía occidental no quiere que el oriente se occidentalice. Teme, por el contrario, la expansión de su propia ideología y de sus propias instituciones. Esto podría ser otra prueba de que ha dejado de representar los intereses vitales de la Civilización de Occidente. Amplía estas ideas en El mensaje de oriente. Oriente y Occidente, 1925, donde explica: en su vanidosa juventud la civilización occidental trato desdeñosa y altaneramente a los pueblos orientales. El hombre blanco consideró necesario, natural y licito su dominio sobre el hombre de color. Usó las palabras oriental y bárbaro como dos palabras equivalentes. Pensó que únicamente lo que era occidental era civilizado. La exploración y la colonización del Oriente no fue nunca oficio de intelectuales, sino de comerciantes y de guerreros. Los occidentales desembarcaban en el Oriente sus mercaderías y sus ametralladoras, pero no sus órganos ni sus aptitudes de investigación, de interpretación y de captación espirituales. El Occidente se preocupó de consumar la conquista material del mundo oriental; pero no de intentar su conquista moral. Y así el mundo oriental conservó intactas su mentalidad y su psicología. Hasta hoy siguen frescas y vitales las raíces milenarias del islamismo y del budismo. El hindú viste todavía su viejo khaddar. El japonés, el más saturado de occidentalismo de los orientales, guarda algo de su esencia samuray.

Relacionando nacionalismo y socialismo, Mariátegui señala que en los pueblos coloniales el socialismo adquiere, por la fuerza de las circunstancias, sin renegar absolutamente ninguno de sus principios, una actitud nacionalista. Para él, son precisamente estos socialistas que en el Perú… representan e interpretan la peruanidad, son quienes, concibiéndola como una afirmación y no como una negación, trabajan por dar de nuevo una patria a los que, conquistados y sometidos por los españoles, la perdieron hace cuatro siglos y no la han recuperado todavía. ¿En qué medida para Mariátegui aquellos que trabajaban de este modo no sustituían a la propia población india?, evitando que, como él lo señala en sus Siete ensayos: la solución del problema del indio tiene que ser una solución social. Sus realizadores deben ser los propios indios.

Vemos en Mariátegui una propuesta para resolver la cuestión agraria y del indio sostenida en dos ideas básicas: relaciones de producción socialistas que superen la feudalidad y el ciclo capitalista y la asimilación de la población indígena emancipada, a una peruanidad criolla occidental. La ruta, en su segmento cultural, tiene un itinerario reconocible: aculturación, alienación de la cultura india. No parece distracción que se refiera a una nacionalidad peruana inexistente aún, pero sí concluida y presta en cuanto sirva para recibir y aculturar a la población india. Si en su análisis la nacionalidad peruana está en formación y en condiciones insuficientes de emprender retos de desarrollo mayor, ¿por qué su grado de maduración sí es suficiente para soportar la acometida en su seno de la fuerte y mejor integrada cultura india? La razón puede radicar en considerar a la peruanidad exenta ya de debilidades para variar su rumbo hacia Occidente, aun a pesar de la suma india a su interior. La nacionalidad que asimilaría a la cultura india sería aquella en formación bajo los aluviones occidentales en los cuales se desarrollan los embriones de la cultura hispano o latino-americana.






Texto agregado el 30-07-2012, y leído por 289 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
05-08-2012 Amigo, comienza desde arriba hacía abajo, los números salieron disparatados. Lo siento. SOFIAMA
05-08-2012 Disculpa los errores, pero es que esta cortadera, es un rollo mayúsculo. No sé cuándo irán a entender los administradores de las páginas que hay cosas que ameritan más espacio para comentar. SOFIAMA
05-08-2012 He tardado mucho en opinar porque tuve que estudiar y consultar para poder medio enfrentar tu escrito. Aquí, te dejo lo que entendí. Gracias por enseñarnos aspectos importantes, no sólo de tu Perú amada, sino de NUESTRA AMÉRICA HISPANA SOFIAMA
05-08-2012 1. Te cuento que en unos vídeos que vi sobre el antropólogo Brasileño Darcy Ribeyro relacionado con el significado que para el indígena tiene la tierra, la cual considera como un bien colectivo y no particular, por tanto, no sólo para los incas la tierra es su derecho sagrado, sino que lo es para cualquier aborigen de nuestra América amada, SOFIAMA
05-08-2012 ... entonces, para el indígena es imprescindible eliminar el latifundio porque es que, culturalmente, ellos no creen en dueños de tierra, ya que es propiedad sagrada de la humanidad, por lo tanto, para ellos y para cualquier persona que piense en la tierra como un bien social, no puede ser de otra manera. (continúa…) SOFIAMA
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