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Inicio / Cuenteros Locales / sayari / Jose Maria Arguedas, el Cusco y los cusqueños. Parte II

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II.- Arguedas en Sicuani.


Su permanencia en Sicuani ocurre quince años después de su primera visita al Cusco. Era para entonces un maduro escritor de treintiocho años que empezaba a ser conocido y considerado por lectores y la crítica. Ha vivido la experiencia de la cárcel por sus ideas y su padre ha fallecido en Puquio en 1932. Publica sus primeros cuentos desde 1933: Warma kuyay, Los comuneros de Ak’ola; Los comuneros de Utej pampa. En 1935 publica su primer libro: Agua y empieza a frecuentar la peña Pancho Fierro, que dirigen las hermanas Celia y Alicia Bustamante. Es despedido de la oficina de Correos e interrumpido el cuarto año de Letras en San Marcos por su reclusión en el penal de El Sexto, relacionada con los desórdenes generados por la visita del general italiano Camarotta a San Marcos. Desde la prisión recopila canciones quechuas y las publica con el nombre de Canto Kechwa; también un ensayo sobre arte indio y mestizo. La asistencia que le prodiga Celia Bustamante en la cárcel afirma el romance y los une en noviazgo. Sus apuros económicos son acuciantes. Por esos días consigue trabajar apenas veinte días con Julio C. Tello; su paga es muy exigua; mientras, la Comisión Central del Censo le encarga escribir un cuento para difundir la importancia del registro censal entre la población. Asi, crea Runa yupay. A Arístides, que reside en Caraz, le escribe expresando: Ya hoy me pagaron 190 soles en el M. (Ministerio)…he pagado mi cuarto y comida; hacia dos días que no me presentaba a almorzar de pura vergüenza. Todavía debo. En el Censo han ofrecido pagarme el sábado 50 soles. Su vida social e intelectual se desarrolla en torno a Celia y Alicia Bustamante que le abren las puertas de Lima de acuerdo a sus propias expresiones. En la universidad ha hecho amistades que también frecuentan la peña Pancho Fierro, como los poetas Emilio Adolfo Westphalen, Manuel Moreno Jimeno, César Moro; el escritor en ciernes y abogado José Ortiz; el filósofo Carlos Cueto Fernandini; el pintor indigenista José Sabogal, entre otros. Su hermano Pedro trabaja en Huánuco y su hemrna Nelly, a quien aún no conoce, radica en Puquio.

En ese difícil contexto se le presenta la oportunidad de postular a una plaza docente en el recién inaugurado colegio Mateo Pumacahua de Sicuani. El padre de su amigo y compañero, Héctor Araujo Álvarez, a la sazón fiscal más antiguo de la Corte Suprema, le recomienda apartarse de Lima y del l barullo político por un tiempo. También recibe el consejo de su médico que le sugiere reencontrarse con los andes y recuperar la salud afectada por el encarcelamiento y una operación de apendicitis que le dejó un malestar prolongado. El trabajo lo gestiona el propio Arguedas con la ayuda de amigos y del capitán Isaías Méndez Muñoz, cercano a Arístides. En 1939, le dice a su hermano: El capitán es una gran persona, verdaderamente excepcional. Me ha ayudado mucho en hacer las gestiones para un profesorado que estoy persiguiendo en el Colegio Pumaccahua de Sicuani.

Consigue la plaza y preparando su viaje en marzo de 1939, le expresa a José Ortiz: Me voy contento, hermano. Este viaje es la realización del más viejo y querido de mis sueños…Celia Bustamante le comenta, al mismo Ortiz, la partida de Arguedas: El viernes se fue José María en el “Urubamba”, estamos muy contentos con su nombramiento, una cosa así deseada tanto tiempo por nosotros ha sido una verdadera suerte, yo no lo esperaba…le regalé un perrito lobo chiquito bien lindo, con quien está feliz, ya tú te imaginarás las peripecias que tuvimos para embarcarlo en una canasta. Arguedas se embarca lleno de ilusiones; enseñará castellano y geografía. La ruta implicaba desembarcar en Mollendo para luego internarse hacia los andes, vía Arequipa. Aborda el mismo vapor que lo llevó a Lima a él y a su padre en 1919; ésta vez lleva una mascota. Es un trabajo que Arguedas augura venturoso y lleno de promesas; tanto por su ilusión de fundar hogar con Celia como por su interés en la enseñanza en medio de privilegiado escenario andino. La quietud rural y tranquilidad económica le otorgará también condiciones para retomar la escritura.

Su contacto inicial con Sicuani lo vitaliza, le sitúa en el umbral de una experiencia que será de gran importancia. En las palabras que le dirige a su cuñada Alicia se percibe ese equilibrio del espíritu que ansiaba vivir siempre y que proviene del contacto con la naturaleza y de un proyecto de vida que lo satisface: Anoche dormí por primera vez en nuestra casa…llegué… completamente dominado por el paisaje. Subí a mi dormitorio. Tiene una ventana libre casi de árboles; y como es la última casa de la ventana se ve hasta la cordillera; primero una pampa de trigo con casitas, rodeada de algunos eucaliptos. Con esa luna se veía todo. Me quedé una hora en la ventana…No estará solo por mucho tiempo, luego de unos cortos meses se le une Celia. Se casan en el registro civil sicuaneño en Junio de 1939; con su amigo el poeta cusqueño Andrés Alencastre, Kilko Waraka, como testigo de la boda.

Sus casi tres años en Sicuani le sirve para hacer un extraordinario trabajo docente y de investigación antropológica, además de continuar con su vital labor literaria. Intensifica su contacto con el diario La Prensa de Buenos Aires y escribe para el bisemanario local La Verdad. Publica además la revista Pumacahua, órgano que le sirve para mostrar investigaciones y logros de sus alumnos. Sostiene su presencia en el debate nacional y en la política por sus actividades en el comité de apoyo a la causa republicana española y con el Partido Comunista. Por otro lado, inicia una prolongada relación con intelectuales cusqueños con quienes, más tarde, mantendría cercanía amical y profesional, que se prolongará hasta su muerte.

Los primeros meses de su estadía le sirven para ratificar su ánimo optimista y reconocer la prometedora labor que tiene por delante. Así lo comenta con José Ortiz: Este lado del Perú es para alentar al más dormido y pesimista. Esto es un hervidero de posibilidades, aquí sí, tú ves como se va amasando nuestra nacionalidad, y nuestro inmenso porvenir. Tengo una fe infinita, hermano.

En Sicuani consolida sus raigales preocupaciones antropológicas. Recorre el valle de Canchis, recopilando información etnográfica de las diversas manifestaciones de la vida y el arte indio. Estas observaciones las comparte con sus alumnos. El material es enviado a La Prensa desde el correo de Sicuani. Es la época de mayor nivel de colaboración con éste diario. Se ocupa de variados aspectos: En su artículo Entre el kechwa y el castellano, la angustia del mestizo, aborda el conflicto que el mismo experimenta y que señala lo ha vivido también, aunque en forma más ruda, Guaman Poma de Ayala. Se sabe de su lucha por el dominio del castellano, dada su vinculación con el quechua como su primera lengua. Señala: cuando empecé a escribir, relatando la vida de mi pueblo, sentí en forma angustiante que el castellano no me servía bien. No me servía ni para hablar del cielo y de la lluvia de mi tierra, ni mucho menos para hablar de la ternura que sentíamos por el agua de nuestras acequias, por los arboles de nuestra quebradas ni menos aún para decir con toda la exigencia del alma de nuestros odios y nuestros amores de hombre. Considera que, con el estilo inaugurado en Agua…del que cierto cronista decía en voz baja y con cierto menosprecio, que no era ni kechwa ni castellano, sino una mistura…con ese idioma, he hecho saber bien a otros pueblos, del alma de mi pueblo y de mi tierra. Precisa que mucho más mistura es el estilo de Guaman Poma de Ayala; pero si alguien que quiere conocer el genio y la vida del pueblo indio en la colonia, tiene que recurrir a él. Arguedas ha sostenido que su tenaz lucha con el estilo y el idioma castellano terminan con su novela Los ríos profundos. Es Sicuani el espacio en que estas reflexiones se ordenan y se desarrollan. El contacto con sus alumnos bilingües le hace ratificar sus impresiones respecto a la supremacía del castellano sobre el quechua. Poco después de la redacción del artículo, le escribe a E.A. Westphalen, mencionándole: En ese artículo de La Prensa he dicho casi todo lo que creo sobre esta cuestión del idioma. Yo no creo, ni mucho menos, en el kechwa como una solución. Al contrario, estoy absolutamente seguro que el kechwa desaparecerá, y que debe desaparecer. La castellanización es una necesidad urgente en el Perú. Y ahora más que nunca observo el profundo deseo que tiene el mestizo y aún el indio, de aprender el castellano…El castellano ha de ser el idioma propio y genuino del hombre de estas tierras; pero, eso sí, en ese castellano definitivo que hable el mestizo quedara mucho del genio del kechwa. Y quizá ese castellano sea mucho más propio para la expresión o versión de este paisaje y del alma del mestizo que el kechwa y el castellano de ahora.

Estas afirmaciones rotundas serán matizadas años más tarde, cuando observa la vitalidad que sigue manteniendo el quechua y verificando que se está creando un nuevo lenguaje: el castellano andino o castellano peruano, que tiene sus orígenes en el milenario contacto del castellano con las lenguas madre nativas: quechua, aymara, puqina, etc. Además de este artículo publica otros como: Los doce meses del año, un capitulo de Guaman Poma de Ayala; Anotaciones sobre el charango; Festividad en Tinta. También analiza el Wayno y la canción popular mestiza.
En el bisemanario La Verdad difunde logros de sus alumnos, también le sirve para publicar apreciaciones sobre el quechua, expresar sus puntos de vista sobre la Primera Guerra Mundial o sobre los exiliados españoles. A sus discípulos los presenta con orgullo como manifestaciones de un pueblo que expresa con soltura su disposición para el arte cuando hay canales de expresión que lo permitan.

En las horas libres que le permite la docencia escribe Yawar Fiesta. En su correspondencia con Manuel Moreno Jimeno se encuentra información sobre el desarrollo de la novela. La idea rondaba a Arguedas desde 1935, cuando en una corrida de toros en Puquio, observó que el aficionado torero indio, es corneado por el toro. En 1937 publica El despojo, que sería después el segundo capítulo de la novela; y también el cuento Yawar, que contiene una versión básica de la futura publicación. En agosto de 1940 le comenta a Moreno Jimeno: Casi desde que llegué he empezado a trabajar “Yawar Fiesta”, lo estoy haciendo con más voluntad y soltura que nunca. Y ahora comprendiendo que no fue mal el haberlo retardado tanto; tengo ya un poco de solidez, mal o bien, será este libro todo lo que yo puedo producir. Pretendo que sea la descripción más fiel, y la más completa, de todo el mundo del Perú serrano, indio, mestizo y de la gente desarraigada; la del otro lado. Me siento realmente dispuesto, cuando escribo, tengo la conciencia y la convicción de que vive en mi, con la suficiente pasión y verdad, este mundo del Perú, tan hermoso, tan pleno de dolor y de lucha, tan grande y noble para ser descrito en una novela. Ojala pueda hacerlo.

En Yawar Fiesta, su primera novela, continúa la renovación del castellano de forma que le permite consolidar su estilo y voz literaria. Avanza y perfecciona la asociación del castellano a la sintaxis quechua, técnica que afina en sus clases sicuaneñas. Antonio Mellis, menciona que el quechua aprendido por Arguedas en su infancia, se amplía con el quechua literario cusqueño; y sobre esta realidad, incorpora aportes provenientes de otras zonas. Precisa que el quechua arguediano se define alejado del purismo, representado por Andrés Alencastre. El idioma que, en muchas formas, ayuda a forjar Arguedas, es el que ya se hablaba desde los momentos inciales de la conquista. Es el lenguaje que se lee en la crónica de Guaman Poma de Ayala y en las relaciones del escultor Francisco Tito Yupanqui, y de muchos otros que evidencian la naturaleza multiglósica de nuestro lenguaje.

Su labor docente es renovadora y plena de motivaciones para sus discípulos quechua hablantes. Inaugura para ellos métodos para el aprendizaje del castellano. Sistematiza sus logros en la docencia, como le comenta a Moreno Jimeno: ahora estoy resuelto a editar un folleto con todo el material que tengo. Estoy seguro que será algo nuevo en el Perú, y que dará una pauta de trabajo a los colegios de la sierra en todo el país. Satisfecho, le cuenta a Ortiz: Los alumnos han recogido, con un acierto maravilloso todas las manifestaciones del folklore. Me he encontrado entre ellos a un poeta de 15 años de edad, de un porvenir que puede ser extraordinario…A Moreno Jimeno, lo insta a unirse a él en la labor educativa: trabajaremos juntos en el trabajo más urgente…la educación de la juventud… ¿Qué mejor tarea hay para nosotros? En sus clases se lee con gran acogida y comprensión a Eguren, García Lorca, Westphalen, Jimenez Borja, Fernando Romero, Valle Goycochea. Fue intensa su preocupación por sus alumnos. A Westphalen, julio de 1939, le menciona: …yo aquí leo a Eguren leo Abolición, (Abolición de la muerte), leo García Lorca con mis alumnos. Y ellos entienden y repiten los poemas cuatro y cinco veces. Si vieras cuantos ratos de hermosura he pasado con ellos leyendo tus versos y los de Eguren. Y no solo en clase; hay como siete u ocho que viene a mi casa, y se van a la chacra con tus libros, con el de Moreno Jimeno o Eguren. Después regresan…y conversamos en mi cuarto hasta bien entrada la noche.

Desde Sicuani se desplaza por Puno, Andahuaylas, recorre el Cusco y el Valle de Urubamba. A Westphalen le dice: Muy alegres viajamos a Puno para darles alcance. En la misma carta le comenta: El lunes o miércoles iremos al Cuzco. Inmediatamente comenzará la edición de mi folleto, con los trabajos de mis alumnos. A pocos meses de la carta anterior le hace saber entusiasmado: Acabo de regresar del Cuzco. Di una charla en la universidad sobre la poesía en el Perú. Salí un poco caliente porque me puse nervioso. Ahora te mando la crónica que salió en El Sol…Hemos pasado seis días formidables…Cuando Uriel (García) nos llevó a Sacsayhuaman, la Ratona (Celia) siempre decía: ¿Qué diría Emilio viendo esto? El Cuzco es mejor de cuanto me decían. En cada calle hay para quedarse un día… El folleto al que hace mención es la revista Pumaccahua que logra editar luego de superar la estrechez de miras de sus colegas. Le confía a Ortiz en 1939: Al principio, fue mi propósito editar una revista oficial, conseguí la licencia; pero el Director de este Colegio que es un alemán inmundo, un imbécil; y todos los profesores, que son obra de nuestra administración educacional, máquina que fabrica esclavos; hicieron malograr este hermoso proyecto. Apenas con licencia la revista, cada quien creyó que podía servir para adular a todos los que mandan en Educación. El servilismo forma parte de la sangre de toda esta gente. Querían publicar fotografías de Ministros y de militares. Me opuse terminantemente y abandoné la revista…A Westphalen le comunica el nombre de este personaje: John Hartha de Fell. La publicación, finalmente editada, se distribuye con la red de amigos en Lima y el extranjero.

En Octubre de 1941, en vísperas de su retorno a Lima, en el bisemanario sicuaneño, Arguedas escribe: La Verdad une su voz a la de los grandes escritores americanos que hoy encabezan la labor de arrancar a los refugiados españoles de las garras de Petain y Franco. Son los momentos finales del acercamiento ideológico de Arguedas al PC. Es temprana su adhesión a las ideas socialistas. En 1937, le explica a Arístides que se separará de una relación sentimental por no convenir a sus intereses políticos:Adela sufrirá horriblemente, pero es mejor para ella y para mí, porque el provenir de ambos es la revolución. El mismo Arístides, en 1977, menciona: … cuando estaba en El Sexto tenía reuniones en un Comité de ayuda a la República Española, también pagaba sus cotizaciones en el Partido Comunista. Las evidencias indican, sin embargo, que esta cercanía al PC no se tradujo en militancia partidaria y se fue haciendo más distante a medida que la organización perdía identidad por su apoyo al Pradismo. Sus contactos con las células canchinas y del Cusco resultan evidentes a juzgar por la carta que le escribe a Moreno Jimeno en agosto de 1940, con Prado ya en la presidencia: Hace muchos días estoy planeando una colaboración para “D y T”, (Democracia y Trabajo, órgano del PC), te lo enviaré, será un artículo importante, con bastante documentación fotográfica. Pienso enviarte una información de la llegada de Prado. El P.(Partido), estamos trabajando muy bien; hemos tenido tres reuniones importantes, se va a hacer una monstruosa concentración indígena en Sicuani, se cree que 15,000 indios, hemos conseguido que el orador que hablará a Prado en kechwa será un militante indio de Combapata, nosotros, lo vamos a preparar; si se hace como tenemos planeado será algo formidable. Estoy trabajando con ahínco en esa gestión. Ya les enviaré una buena información sobre la concentración y una versión del discurso para el periódico, eso lo haré de todos modos. El periódico me parece inmensamente mejorado. Esa página literaria está muy bien presentada. Sigue metiendo hombro. Espero ansioso tu carta.
Se da tiempo para polemizar con César Falcón respecto a los propósitos del narrador y el modo de evaluar los valores literarios de una novela. Estas apreciaciones las publica en diarios del Cusco y Lima. Recibe en su casa a personalidades como Sabogal, el mejicano Alonso Caso, el embajador de México en el Perú Moisés Sáenz. No es difícil encontrar similitudes en esta efervescente e intensa labor cultural con la desarrollada pocos años antes por Gamaniel Churata desde Puno. Ambos, con la misma intención y propósito: servir de puente entre la cultura andina y occidental, guiando a ambas a una nueva síntesis, más elevada, por eso más humana.

En 1941, en medio de sus tareas educativas es invitado al Congreso Indigenista de Pátzcuaro en México. A Arístides, le dice: El lunes salgo en avión directamente hasta México; voy al congreso…me paga los pasajes el Instituto de Antropología e Historia de México. Llevo un trabajo sobre la canción popular mestiza, que estoy seguro ha de interesar mucho. Al evento también concurren Luis E. Valcárcel y Uriel García, a la sazón Senador por el Cusco con el apoyo del PC. La influencia de este Congreso y de su visita a México sería perdurable en Arguedas; le otorgó una visión del proceso del mestizaje en el Perú, como reflejo de la misma experiencia en la sociedad mexicana. En este congreso se creó el Instituto Indigenista Americano del que Arguedas sería más tarde Secretario de la filial peruana que presidió Luis E. Valcárcel. En 1941, después del congreso de Pátzcuaro, y seguramente también influido por este acontecimiento, se crea en el Cusco el primer departamento académico de Antropología en el Perú. Se adelanta en cinco años al Instituto de Etnología y Arqueología de San Marcos, donde estudiaría Arguedas más adelante. Hay una pregunta pertinente, ¿tuvo alguna influencia Arguedas en la creación del pionero departamento académico?

Finalizando 1941, el Ministerio de Educación solicita que los profesores del país sistematicen sus propuestas de enseñanza, tarea que Arguedas hace con premura. Menciona a Alicia Bustamante: Felizmente he acabado de redactar lo más importante de mis programas, su parte sustentatoria, con un relato breve pero bien expresivo de mi experiencia y con un estudio detenido de la cuestión de la enseñanza del castellano en la sierra. He aprovechado toda mi experiencia, y creo haber hecho un trabajo nuevo y útil… El Ministerio reconoce los conocimientos y la solidez de su propuesta y es llamado a Lima a unirse a la Comisión de Reforma de los Planes de Educación Secundaria.

Culmina así una estadía que se inicia en Marzo de 1939 y se prolonga hasta finalizar 1941. Importante período de estabilidad emocional, fecundo en su relación con discípulos, la literatura, antropología y en el cultivo de amistades que perdurarán en el tiempo. Fue un periodo de reencuentro con el Cusco de su padre y los andes; de redacción de ensayos y de su primera novela; de reflexión sobre la cultura y el lenguaje, de procesamiento de métodos académicos, pioneras en la enseñanza bilingüe. Y es también la oportunidad de enlazar vínculos amicales y profesionales con cusqueños que compartían con él esta entrañable preocupación por el Perú y su destino.

Sus años sicuaneños fueron la etapa más feliz de su vida. Así lo manifiesta a Moreno Jimeno y lo reitera a José Ortiz: …todos mis sueños se han cumplido: me he casado con la mujer que amo; soy profesor de un Colegio de mestizos, tengo una casita chica y bonita, trabajo en el trabajo para el que nací. Luego de esta feliz y fructífera etapa, Arguedas vive la agudización de sus afecciones nerviosas e inicia un largo período de doce años sin publicar ninguna obra literaria, sólo superada en 1954, cuando edita su novela corta Diamantes y pedernales.

Desde Lima, en mayo de 1942, y comprobando que no retornaría a sus labores docentes les escribe una carta de despedida a sus alumnos, que publica La Verdad: Y quisiera decirle en estas líneas que no importa lo que se hayan instruido o no, lo que hayan aprendido en mis clases; lo que importa, lo que ha de durar, es el espíritu que formamos, el fervor que alimentamos por mejorar a nuestro país y por mejorar cada quien, cada alumno, su propio espíritu.

Quisiera que mis alumnos no olvidaran esas nuestras charlas en las que hablamos del Perú, quisiera que no se olvidaran de cuanto hablamos sobre lo que hay que hacer para ser gente digna y honesta, que sabe honrar a su familia, a su pueblo y a sí mismos, sin pensar en la recompensa o en el negocio.

No importa que se olviden de la conjugación de los verbos y la clasificación de las oraciones, pero que jamás se olviden de aquello que les recomendé como verdaderamente necesario para saber vivir con dignidad, para llegar hasta el fin con el espíritu puro y orgulloso de sí mismo.








Texto agregado el 09-04-2012, y leído por 766 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
01-05-2012 Amigo querido, dejo el comentario sobre este gran ensayo en tu libro de visitas porque el número de palabras que nos permite la página es tan limitado que tendría que estar cortando. Excelente to obra mi querido, y pasa por tu ldv. Un abrazo SOFIAMA
 
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