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Podía sentir cada noche el suave roce de aquellos dedos sobre su piel. Durante unos instantes se quedaba paralizada, intentando averiguar si se trataba de la realidad o solo era parte de su sueño, del mismo sueño una vez más. Luego, abría los ojos, y el tacto de aquellos dedos cesaba, miraba hacia el lado derecho de la cama para comprobar que Marc seguía allí, a su lado, profundamente dormido. Entonces se levantaba, iba a tientas hacia la cocina, tomaba un poco de agua y regresaba a la cama, se sentaba en el borde izquierdo unos instantes e intentaba -aun a oscuras- hacer un inventario de cada objeto y mueble de aquella habitación. Todo estaba en su lugar, como siempre.

Todas las mañanas se dirigía a su irremediable rutina en aquella ofiina, que para ella, no era más que una jaula de barrotes de PVC e indiscretos cristales transparentes. Luego, las clases de inglés en la escuela de idiomas, y después la vuelta a casa. Todos los días eran exactamente iguales unos a otros, incluso los fines de semana eran exactamente iguales a cada fin de semana. Tenía una vida acomodada, repleta de grandes rutinas... Sin problemas, sin sobresaltos, y sin embargo tan vacía. El destino ni siquiera le había dado la oportunidad de tener al menos un hijo, y ella, se había conformado. Para muchos, Marc y Olivia -Liv, como la llamaban todos- eran la pareja perfecta. Pero al final del día, cuando llegaba la noche, sabía que volvería a sentir de nuevo la misma extraña presencia, una presencia que nada tenía que ver con Marc. Y lo más extraño de todo, es que aquella presencia la reconfortaba de una manera inexplicable.

Una tarde, en que se dirgía a la escuela de idiomas, tropezó de forma inexperada con un hombre, que apareció ante ella como salido de la nada, mientras ella se disculpaba por la torpeza del tropiezo, él la miraba insistentemente, sonriendo, para luego decirle:

- ¡Hetzare, soy yo!

Aquel hombre la había llamado Hetzare. Ella, lo miró como si hubiese visto a un espíritu y se alejó de él huyendo. Aquella tarde ni siquiera acudió a las clases de inglés, se fue directamente a casa y no se detuvo hasta que llegó a su habitación y se encerró en ella. Se sentó en el sillón de lectura que había en un rincón del cuarto, y adoptando esa postura de niña asustada que tanto le disgustaba, se echó a llorar. Y empezó a pensar en el significado que ese nombre tenía para ella, y en quien era aquel hombre. Era como si él hubiese encendido un interruptor que llevaba apagado mucho tiempo, y de repetente se hubiese abierto una pequeña puerta que daba paso a toda una serie de recuerdos e imágenes de un pasado muy lejano, de otra vida, antes de esta vida. Y entonces recordó el nombre de aquel hombre: Halón. Y recordó que él era alguien importante para ella, en otro lugar y en otro tiempo. Recordó que ella era su joven esposa, recordó que se amaban como pocas veces un hombre y una mujer pueden llegar a amarse, y recordó que ella enfermó siendo aun muy joven... y luego, recordó que en su lecho de muerte él juró buscarla en todas y cada una de las vidas en las que se reencarnase, hasta encontrarla y llevársela con él para volver a estar juntos de nuevo. Y finalmente recordó que ese era su destino, y que lo había sido siempre, en todas las vidas que había tenido.

Durante varios días no pudo dejar de pensar en lo sucedido, y después de meditarlo bien, decidió que era tiempo de retomar su vida, no sin antes, dejar escrita una larga carta para Marc, que contenía algunas explicaciones y más de una disculpa. Le daba, además, algunas indicaciones de todas las cuestiones de las que ella se ocupaba para que él pudiera ocuparse de todo sin demasiados problemas, cuando ella ya no estuviese. Le preparó algunos platos de cocina japonesa que tanto le gustaban y los guardó en el congelador, le planchó todas sus camisas preferidas y las dejó colgadas y ordenadas cada una según los trajes que usaba para trabajar en el banco. Después cuando él llegó, ella ya había preparado la cena, como la gran mayoría de las veces, y cenaron mientras charlaban un poco de todo, como siempre. Luego, hiceron el amor, como muchas veces, y seguidamente se fueron a dormir. Ella le deseó felices sueños, y él, como cada noche, la besó en la frente. Y luego, Olivia, se dedicó a esperar a que entrase la madrugada hasta que Halón viniese a buscarla, y covertirse así, en Hetzare, para siempre.


Texto agregado el 02-11-2011, y leído por 133 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
02-11-2011 Bello y mágico texto . autumn_cedar
02-11-2011 Muy bueno. Un tema excelente para continuarlo. Felicitaciones***** zumm
 
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