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Su cara bastante rígida. Un rictus de cierta seriedad está metido en la pupila de Jean. Pide un vaso de agua con un gesto de su rostro, su boca por la sequedad de los cigarros fumados el día anterior, está ansiosa por tener algo de líquido. Jorge, la mira con desdén y baja el arma, la pone en su cintura y camina hacia la mesita de madera en el rincón del cuarto. Jean cierra los ojos por un instante, siente un alivio inútil. Sabe que va a morir.

Jorge, dando la espalda se pone sobre la mesa, toma el vaso con firmeza y mueve la llave del grifo en el lavaplatos de la izquierda, el vaso empieza a llenarse. El agua es fría, pero como ha sucedido en los últimos diez años tiene algunos animalitos muertos. Durante los últimos diez años se ha venido preguntando que clase de animales son esos. Ha pensado si son arañas, pero su forma y sus patas le afirman lo contrario; alguna vez se dijo que eran moscas diminutas, pensó también en escarabajos o cucarachitas. Nada coincidía, cuando los vecinos preguntaba, decían “los animalitos”, cuando él lo hacía, también preguntaba por “los animalitos”.

Se dio la vuelta hacía Jean con el vaso de agua en la mano izquierda. Volvió a agarrar de su cintura la 9 mm.; volvió a poner el arma sobre la sien de ella; mientras le daba tragos de agua y pensaba en los animalitos que pasaban por sus labios suaves y gruesos. Trato de imaginar como se iban trabando en sus dientes o como por accidente, uno sería masticado y todas sus mini vísceras, sus mini órganos estarían engullidos por el sistema digestivo de ella. Sintió asco, quitó el vaso de agua de la boca de ella y apretó el seguro de la pistola.

Puso el vaso sobre la mesa, camino hacía su cama, se sentó en la orilla y buscó sus zapatos. Abrió la puerta y salió. Jean, arrinconada al otro lado del cuarto vio como la pistola había quedado encima de la cama. Empezó a forcejear con las cuerdas que la tenían atada. Pero el peso de la silla la hizo caer acostada sobre el piso.

Dos horas después, Jorge abre la puerta y entra. La encuentra tirada dos metros lejos del último lugar en el que la vio, puso su mirada sobre la cama y la pistola seguía ahí. Camino al lugar donde yace tirada, le ve la cara. Sus ojos están húmedos, sus piernas brillan, se ha orinado; el olor rancio lo hace casi vomitar, se aleja de ella y se sienta en la cama, de la bolsa plástica en su mano saca cuatro botellas de agua pura, toma la pistola en sus manos y la mira con un poco de enojo.

- ¡La muy hija de puta!

Jean trata de mover el cuerpo, Jorge se acerca a su lado. Le da una patada sobre los pechos, se escucha su gemido. La vuelve a patear. Se vuelve a escuchar el gemido.

Arrastra la silla hasta la esquina donde inicialmente la tenía. Va a su cama, de una de las botellas de agua sirve en el vaso sobre la mesa y bebe de una de las botellas. Sirve de otra botella un poco en un vaso y se acerca a Jean, se lo mete en la boca de golpe. Sus ojos azules lo ven con un poco de susto. Pero bebe lo que puede, otro poco de esa agua se le riega sobre la blusa.

Se vuelve hacia la pared, y junto a su cama, por el lado derecho hay un espejo de regulares proporciones. Se pone de frente, Jean escucha que esta susurrando algunas cosas, pero no entiende qué. Trata de mover la cabeza hacía él, pero el gancho que le tiene atado el cuello a la silla se lo impide, sólo mueve los ojos lo más que puede mientras los susurros se hacen más repetitivos.

“Es como si estuviera orando”. Habría pensado si fuera le posible pensar en aquellas circunstancias. Sus ojos, sólo se movían de un lado a otro. Pero no comprendía nada.

Jorge, se levantó de la cama y vio a los ojos a Jean.

Puso el arma sobre la frente de ella, cerró los ojos, disparó.

Después de tres noches de tener recluida a la mudita, por fin Jorge pudo dormir; recordaba cada uno de sus gemidos, cada uno de sus pataleos, cada uno de sus ruidos; mientras dormía, aun se le hacia insoportable el olor a tabaco impregnado en las paredes, miró la última botella de agua, casi a medio llenar; y su economía para el siguiente día estaba insoportablemente escasa, habría que buscar un auto para robar.

Con cierta tranquilidad pensó en alguna nota de segunda o tercera página, hablarían de cierta mujer que pasaría a formar parte del desfile de xxx. Debía dormir, temprano habría que tirar el cadáver y buscar a alguien más para salvarlo de su miseria.

Texto agregado el 06-10-2011, y leído por 467 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
30-05-2015 Sat 30 May08:18 madrobyo No tenés puta idea de lo que es trolleo, putita mejicana. PrincipeNegroMx
25-10-2013 Imposible superar dos renglones de inmendiato se advierte la falta de oficio. Sólo estupideces a gogó. 1* por imbécil fausten
04-09-2013 Una tortura bien descrita. Hubiese sido genial que los papeles se invirtieran, para salir de lo común. Me gustó. darkzombie
20-01-2012 Me quedo con la última palabra: miseria. No sé porqué será... 1* FOGWILL
26-10-2011 a mí me habría valido con la historia del agua y los insectos. En las descripciones de la muchacha, me he perdido bastante. iolanthe
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