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LA PIEDRA


Un viejo sin historia estaba sentado en el cadáver de un árbol contemplando su jardín. La mirada la tenía caída contra las piedras, culpando a la vida de no haberle entregado maravillas. Su vida se podría resumir en un par de fotografías antiguas.


Vivía con una mujer igual de cansada de la vida. pero acostumbrada al amor, ella conocía mejor que nadie las mutaciones de este extraño sentimiento, y reconocia que en esta última el amor era simple compañía. Vivian en habitaciones separadas , aun así La vieja se preocupaba por él, pero eso a él no le importaba. Lo cuidaba del frio o del sol tratando de alargarle la vida, siempre le estaba apuntando con sus frases de cohibición y amargura, -viejo no comas esto, come aquello, pero sin esto-. en fin, esas cohibiciones lo estaban matando , lo estaban enviando a la tumba por pedazos. Y el quería llegar entero.


En el jardín tenía su último aire, lo veía con consuelo y resignación, esa mañana como todos los días tomaba el sol para no sentir la piel tan húmeda y blanda, sentado en el tronco del que fuera el árbol más grande de su jardín. Botaba su mirada contra las piedras, se perdía entre la tierra y el pasto, se profundizaba de tal modo que él parecía deshabitar su cuerpo.


Mientras viajaba por su jardín vio como una piedra sutilmente se movía sin razón alguna, como tratando de acomodarse en su cama, el sorprendido, con esfuerzo se levanto y la contemplo más de cerca, la piedra se paralizó quizá le dio pánico escénico y quedó inerte como el resto de las piedras. El viejo estaba seguro de lo que había visto así que decidió velarla por el resto de la mañana. Cuando la observaba con detalle, se dio cuenta de que toda la vida había pensado que todas las piedras eran iguales, y se percato que ninguna es igual a la otra, esta era lajuda de un marrón oscuro y con chispas de arena incrustadas, era de tamaño mediano y forma de tranca, se detenía en el mas mínimo detalle hasta que la vieja le avisó que el sol estaba muy fuerte, y que había llegado la hora de entrar. Sabía lo que le esperaba, de no obedecerle correría a entrarlo a la fuerza y como a la vieja le quedaba un poco más de energía le temía y le odiaba al mismo tiempo por mandarlo ala tumba a pedazos.


Tomo la piedra con sus dos manos y la guardo debajo del saco, para no perderle el rastro y poderle seguir observando, pues aunque todas las piedras no eran iguales seguramente al otro le iban a volver a engañar. Entro ca la casa con sigilo sin que la mujer se diera cuenta, luego entro a su cuarto y cerro la puerta con fuerza, enviándole el mensaje a la vieja de que no tenía pensado salir. Sentó a la piedra en la mejor silla, la limpió con un trapo y se sentó junto a ella. La vieja le toco para invitarlo a la mesa a almorzar pero el no contesto nada, luego escucho el cerrojo de la puerta ella tenia la llave de su privacidad, incluso había mandado quitar la cadena para que el no se le ocurriera encerrarse, luego la vio entrar en escena con un plato de sopa sin sal, por que la sal al igual que el azúcar le hacían daño, se lo dejo en la mesa y sin pronunciar palabra se marchó.
El ni la probó, acomodo su silla frente ala ventana y tomo el único libro que poseía, lo abrió en la misma página de siempre y se durmió en el segundo párrafo. Quedo con el cuello torcido y la boca abierta, se vino a despertar caída la tarde por un pájaro que jugaba con su reflejo en la ventana. Recordó que tenia un invitado, voltio su mirada, para su sorpresa no estaba en la silla donde le había dejado, se levanto a buscarla y la encontró acomodada en su cama. Esa era la confirmación de que la vida le había puesto una maravilla al final de sus días, se puso muy feliz pero al rato se puso triste cuando no pudo recordar la última vez que lo había estado, se conformó con la felicidad del momento y se preparó para la noche, se disfrazo de noctambulo con una pijama ridicula, prendió las velas y juntó dos sillas, sentó a su invitada frente a él , y las velas junto a la mesa. Se sentó en la silla y pusó una manta en su regazo para resguardarse del frio lo mismo hizo con su invitada le coloco un trapo tapándole medio cuerpo cuidando de no asfixiarla.

Le observó maravillado y le agradeció a la vida no dejarlo sin su maravilla, quiso hablarle pero de algún modo le dio miedo que le respondiera así que se dispuso a esperar sus movimientos y disfrutar de ser el único espectador del show más simple pero más maravilloso de la vida, sin embargo el tiempo paso y la piedra no se movía, el viejo estaba vencido por el sueño la vela estaba torciendo su cuello inclinándose hacia la mesa, el viejo quedo profundo y la vela se cayo sobre la mesa y comenzó a arder, la piedra se asusto y se bajo de la silla busco despertar al viejo pero este no se inmuto, las llamas comenzaron a bajar por la mesa y buscaron las cortinas, la piedra quiso ir por ayuda y quedo atorada en la puerta. Las llamas y el humo se tomaron el cuarto el humo salió por debajo y despertó a la mujer, que corrió asustada en busca de la llave, la encontró rápidamente pues siempre la dejaba en el mismo sitio, abrió la cerradura pero algo parecía trancar la puerta, era la piedra viva, con angustia frustro su último intento de alargarle la vida al viejo y corrió a salvar lo que le quedaba de vida a ella.

Texto agregado el 12-09-2011, y leído por 628 visitantes. (1 voto)


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