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La vieja

Antes de cerrar la puerta traté de entender quién quedaba adentro. El aire golpeó con fuerza sobre mi ropa. Mi vieja me vio desde adentro, es increíble pensar que yo salí de su útero. La vieja nunca lo recriminó. Creo que pensaba en ello entonces o tal vez no.

Mi viejo murió hace cinco años, desde entonces no jugamos a decirnos más ni a expresar más que falsos afectos. La vieja se está muriendo. No lo quiere decir, pero cada noche mientras cree que yo duermo se dedica a quejarse, a explicar a sus santos cuánta cosa quiere para cuando muera. Desde hace mucho espero su muerte. La espero como espero la mía. Sé que son malos pensamientos, que son malas ideas que me cruzan la cabeza, pero es la verdad; ella se va morir cualquier tarde de estas. Será un descanso para mí, porque sufro mucho su sufrimiento, no me gusta verla todo el día de aquí para allá cocinando, amargándose con la novela de las siete, peleando con los diputados que salen en la tele. Es un desastre su ropa. Toda ella es un desastre. Debería matarla una de estas noches, mientras duerme.

Me gusta el miedo que se mete dentro de mi pecho cuando estornuda a más no poder y no puede silenciarlo. Ella siente vergüenza de que algo que salió de su útero tenga que ver cómo su útero se pudre. Como un día de éstos ella se irá con el viejo no siento pena en pensar en estas cosas.

El viejo pensó en todo. Pocos años después de que yo nací compró el servicio funerario, me dijo que sabía que yo iba a ser un completo inútil. Pensó en todo. Era para él y para ella. ¿Qué padre tan cruel pensaría en la muerte de su hijo? No cuestiono sus intenciones ni sus razones. Cuando ella se muera yo seré el beneficiado, me quedaré con la casa, con el montón de muebles viejos, con su ropa.

Desde hace días pienso en que la muerte debe ser triste, desesperante o algo así. Es desesperante, es incierta, pero nada de lo que pueda pasar después de ella importa. Lo sé porque la vieja se ponía horas y horas frente a sus viejas estatuas, pedía y pedía una señal de que el viejo estaba en un lugar mejor, una señal de que el viejo volvería o esperaba que él le dijera que se verían en la otra vida. Nunca hubo señal de nada. Nunca mencionó algo esperanzador de la muerte. A pesar de que cada noche se ponía como loca a fingir cuanta cosa se pudiera sobre el más allá y sobre lo que quería cuando muriera. Los pedazos de piedra no sé si escuchaban, pero yo sí que escuchaba, me tenía podrido con su mierda de que yo blasfemaba hasta cuando respiraba.

El viejo a veces me entendía, él siempre fue demasiado coherente, fue demasiado pragmático en todo lo que hacía para su hijo y su mujer, pero la vieja siempre lo coaccionaba para que se muriera lentamente. Estoy seguro de que la vieja ahora ni siquiera piensa en mí ni en el viejo, sólo piensa en todo ese egoísta deseo de estar en el más allá con él, pobres, no sé por cuál de los dos sentir lástima; por él y tener que seguir soportándola en el más allá, o por ella cuando abra los ojos dentro de su ataúd y no vea más que manchas negras y nada más.

Los viejos siempre tenían la razón. Deja la música, deja las drogas, deja de joder con tu vanguardismo pictórico, me decía el viejo, ella siempre escondía la guitarra entre su ropa íntima, pensaba que yo sentiría vergüenza de buscar en un lugar que debía ser sagrado para mí. Qué sería sagrado el útero de ella. Estaba como loca, siempre renegué de su sucio útero, siempre me pareció que a ella había que explicarle todo y hacer que se sintiera bien, pero siempre le di a entender que sentía vergüenza de haber nacido y tener que ser una repetición de genes y tener sus mismos ojos. Ella sabía que por eso no tendría éxito. ¿Qué es un útero? Nada, un agujero que cada año se agranda más, un agujero inútil. ¿Qué, hay que bendecirlo? Por supuesto, el viejo por muchos años todavía trató de disfrutar o de gozar algo en él, pero con los años esas cosas aburren, gustan más de una tarde de paseo, una conversación inútil sobre la política del país o que los perros o que los recuerdos o que los viejos tiempos.

Ella también se hizo vieja, aburrida y pasaba las noches tejiendo, leyendo viejas revistas, leyendo periódicos, novelitas rosas o viendo la televisión. No sé por qué gusta de esos programas de animales. Tiempo vacío. Que un avestruz, que una puta jirafa, que un mierda de tigre. Eso es aburrido. Lo peor es cuando trata de hacer que uno se meta en la cabeza sus gustos y sus ideas, cuando en su idiotez trata de hacer que se entienda lo que ella recién descubrió. Prefiero sentarme a verla desde la puerta de mi cuarto, es entretenido cómo trata de enfocar, cómo trata de ver los botones del control remoto.

No sé en qué momento empecé a olvidar que la Biblia nos dice que hay que honrar a padre y madre, no sé en qué momento empecé a divagar en lo que hay y lo que queda. Pero ella en sus quejidos nocturnos desespera, hace que el desprecio por su agujero se acreciente. Creo que por eso vomitó ella cuando se enteró de que iba a tener un bebé, debió sentir asco de saber que un ser igual a ella estaba en su interior.

El viejo está muerto, ella está muriendo, yo estoy podrido en este asqueroso rincón de vida que me heredaron. No estoy seguro si seré yo quien vaya y haga los arreglos de su entierro, no sé si debo ser yo quien herede el agujero que pagó el viejo, tanta cosa no sé. Sólo volví con nostalgia, si es que la sentí, su cadáver, con los ojos abiertos al cielo, un último llamado, última esperanza. Tren al paraíso. Que cochina vida que hay que morirse para comprobar si por fin nos deshacemos de los viejos.

Antes de cerrar la puerta traté de entender quién quedaba adentro. Creo que era yo, de alguna forma todo quedaba ahí. Una puerta que resuena. Los sonidos son más claros y mucho más fuertes. El aire golpea contra mi ropa. Siento algo parecido al frío. Una especie de alivio inunda mi pecho. Creo que todo lo que fui quedó allá con la vieja.

Texto agregado el 09-09-2011, y leído por 320 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
30-05-2015 Sat 30 May08:18 madrobyo No tenés puta idea de lo que es trolleo, putita mejicana. PrincipeNegroMx
12-09-2011 ¿Por qué no esperó a que ella muriera primero? Hay un par de cositas que no me van, el útero no es el agujero, es el recipiente. Aunque para vos seguro es otro agujero negro. Me gustó más este que el anterior, me enganchó más y lo sentí más humano. Despreciable, como todo lo humano. -Carmen-
10-09-2011 Mucha crudeza. Qué condena... ¿En serio sólo veré manchas negras? Muertelenta
10-09-2011 Transmite una sensación de infravida, ni antes ni después del útero, o antes o después del ataúd hay salvación. En la vida no es todo tan negro, no? Quizá me falto ese lado positivo que hiciera más creíble al personaje, o quizá lo necesito yo, no me hagas mucho caso nomegustanlosapodos
09-09-2011 Me encantó este cuento..10 filiberto
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