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Inicio / Cuenteros Locales / aaaaaaauchhhh / LE DEVUELVO SU SER AMADO

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Por un beso robado, perdí a mi ¨ser amado¨. Dos días después sin darme cuenta estaba en las calles de Bogotá caminando, prácticamente de la mano de un hombre, un hombre corpulento vestido de civil, común y corriente, un disfraz que se camuflaba muy bien en la espesa muchedumbre. La única razón que me ataba a ese hombre era el amor y un volante que me habían acabado de dar en la calle, pero no era el amor por él sino el amor por mi “ser Amado” y tampoco era un volante cualquiera que te dan en las calles prometiendo devolver al “ser amado” en tres días, noble y abnegado.

Para ese tipo de cosas era bastante escéptico e incrédulo, pero estaba enamorado al fin y al cabo. A veces el amor te hace creer en cosas imposibles y hacer cosas absurdas. Lo que prometían en el volante era más increíble que cualquiera de los que hubiese leído, prometían devolver al “ser amado” en 20 minutos. La idea de ir a consultar con aquel maestro, desde un principio no me pareció mala, por lo que no me llevaría mucho tiempo comprobar el engaño, y si ya había perdido dos días tratando de olvidarla que eran 20 minutos más, tratando de abnegarla.
Llegué al sitio que promocionaba el volante, pero no había nada parecido a la tienda de un brujo, parecía un edificio abandonado. Sin darme cuenta un hombre me tomo por el brazo con una fuerza increíble, a la cual respondí con un manoteo-.tranquilo tranquilo!!la persona que busca no esta acá, permítame y yo lo llevo-. Dijo el gigante controlando un escándalo, l lo que me dijo me doblego de algún modo, sin embargo él hombre por momentos me tomaba del brazo y aceleraba el paso como si nos estuvieran siguiendo, no es de hombres admitir el miedo, pero lo admito. Estaba con las rodillas torcidas del panico, temiendo que todo era parte de un plan para atracarme, sin embargo no encontré el espacio para escapar. Se podría decir que canalizó mis pasos hasta un edificio donde vendían juguetes usados. Subimos una escalera y cuando encontramos la puerta se detuvo y por fin me saludo. –Mucho gusto-. Soy el asistente. Yo no quise decir mi nombre así que le invente uno, sin embargo asistió con la cabeza y me dijo´-tranquilo yo entiendo´-. Tocó la puerta y latió un perro, el gigante con voz amable respondió. –Vengo con el cliente-. Volvió a latir el perro. A lo que el agrego. ´-si, es él-. El perro volvió a latir, el gigante saco una llave y abrió la puerta.

El clima cambio de inmediato , mientras afuera estaba helando. adentro había un calor insoportable. El grandulon me pidio el saco, a lo cual no tuve reparo en responderle quitándomelo inmediatamente. luego el calor se hizo más intenso y tuve que desabotonarme los dos primeros botones de la camisa.

El piso estaba empantanado. Era una oficina pequeña con un escritorio modesto, sobre el cual solo había un papel en blanco, había una puerta lateral que me imaginaba daba algún baño, pero no había ningún perro, de hecho no había nadie. En el preciso instante en que me estaba percatando de eso, sonó la cisterna del baño y un par de segundos después sonó como un pequeño metal contra el piso como la evilla de un cinturón, todo indicaba que un hombre había estado cagando en ese baño y se estaba subiendo los pantalones.
La puerta se abrió y salió el antónimo del gigante. Un hombre de baja estatura de tez mulata y de nariz ñata feo como él solo. Vestido con una camisa de esas que uno compra en Cartagena para traerle de consuelo al que no puedo ir y un pantalón a cuadros de esos que ya no se ven.
El hombre se sentó sin saludar, tomo el papel y se dispuso a escribir algo pero no encontró ningún esfero, alzo la mirada y con los ojos me pregunto que si no llevaba uno conmigo, yo con la cabeza le dije que no, entonces él medio conforme arrugo el papel y lo arrojo a una caneca llena de papeles que seguramente tampoco tenían nada escrito.
No tenía silla para los clientes, sin embargo se levanto de su silla y me pidió que me sentará. Yo por pena ajena no quise aceptar.

El enano en su primer acto de adivino por fin me hablo. -Bueno. Me imagino que usted viene por lo del anuncio- . Ante la obviedad de los hechos, no tuve más remedio que aceptar la estupidez de la pregunta y decir que sí. -. Yo le puedo ayudar, pero para eso , usted tiene que creer, yo no puedo hacer nada si usted no cree.- Me quede pensando en su pregunta. Quise sentarme pero no pude, yo era incrédulo pero al fin y al cabo enamorado, y eso me hacía creer en imposibles, por lo cual me lance al vacio y le confirme que sí, que si creía.

-ok, eso es importante, pero la otra parte es ¿Qué esta usted dispuesto a dar a cambio?-. En ese momento del vacío, retorne al filo del precipicio y pensé en qué clase de estafa estaba metido.
-no lo sé… ¿Cuánto valen sus servicios?.-le pregunte en tono de desconfianza.-pues haber le cuento esto funciona de manera muy sencilla, lo que usted me va a dar es lo que para usted vale su “ser Amado”, si para usted vale, 1000 pesos eso es lo que vale. Tenga en cuenta que usted no se puede engañar, usted sabe lo que vale, sin embargo recuerde que la verdadera efectividad de mi s servicios como usted le llama, consiste en que usted no se engañe, y recuerde la nota final del volante, si no funciona le devolvemos su dinero.-
Tuve que digerir y pensar donde estaba el truco y cuáles eran mis limites, mis principios, pero pensé en el amor que le tenía y como al fin y al cabo el amor es una larga o corta obsesión me decidí, observe para todas partes y mis ojos se detuvieron ante un reloj que estaba encima de la puerta del baño, no decía la hora sino que en cuenta regresiva indicaba el minuto 20, el enano se percato que observaba con detenimiento ese reloj, me aclaro que ese era el tiempo que faltaba para estar con mi “ser Amado”. Me dio escalofríos, las mariposas que estaban cristalizadas en mi estomago comenzaron a revolotear, sin embargo idee una estrategia, pensé en una respuesta lógica que no le permitiera engañarme.
-Ella vale todo lo que tengo, en este momento en mis bolsillos-el pareció complacido con mi respuesta. Y se acomodo muy bien en el escritorio como dispuesto a trabajar. -Bien y cuénteme una cosa usted si cree, por que le repito, sino cree nada puedo hacer por usted, ahora bien suponiendo que usted crea, piense muy bien en su “ser querido”, no tiene que decirme quien es, o como es, eso solo usted lo sabe!!!!, piense en el color de sus ojos, en su olor, en el color de su piel, en la última vez que la vio, solo piénselo, le repito no tiene que decírmelo-.
Me quede pensando , por más de diez minutos , quede lelo, ensimismado…tanto que quede cansado de no tenerla, pero también muerto de miedo de saber que existía la mínima posibilidad de recuperarla. El reloj dibujaba 5 minutos y mis músculos comenzaron a sudar por dentro, mis huesos tenían frio y mis corazón calor, tantos climas atentando contra mi tranquilidadal mismo tiempo. Luego el enano se paro -llego el momento, dígame su nombre- yo por alguna razón loca de tanto nombrarlo en mis pensamientos, de tanto tratar de olvidarlo, se me refundió por mas de un minuto. -Patricia, Patricia es su nombre-. En ese pequeño instante él le murmuro algo al asistente y el reloj llego a su destino.
Llego el momento del truco, pensé, aunque en el fondo quería pensar que no era ningún truco. El hombre gigante se me acerco me requisó los bolsillos, me quito todo lo de valor que llevaba, monedas y hasta la tarjeta del transmilenio, todo en conjunto sumaba unos pocos pesos pero entre las cosas había un dije en forma de lagrima, el cual no me había dejado mentir, pues era el objeto más preciado que tenía, era de ella , de mi “ser Amado”, yo se lo había robado. El enano abrió el único cajón del escritorio y con una vara como quien recoge las apuestas de una mano de póker, hecho el dinero al cajón. –Jueputa, me robaron!. Pensé, el truco estuvo frente a mí todo el tiempo, era el gigante!, podría enfrentarme al enano, pero no al gigante-. Y como la idiotez tiene preciom, yo la estaba pagando. Sin embargo no quise forcejear o maldecir, pues la culpa era mía y yo siempre he sido un buen perdedor. Baje la cabeza y cuando fui a tomar el saco del perchero, el enano me detuvo. ´-Para donde va, va ha dejar a su “ser Amado”-. En ese momento Algo de aire se me salió de la cabeza por la boca, como un suspiro pausado por la intriga. -Abra la puerta del baño y hay esta-. No podía creerlo pero para no creer tenía que ver. Prácticamente di un salto del perchero a la puerta del baño y la vi, hay estaba para mi desgracia, envuelta en sabanas tirada en la tina, corrí a desenvolverla angustiado de la magia que toda una vida me había negado a creer, la tome en mis brazos tratando de que me hablara pero estaba fría como nuestro último beso, no pude besarla por la extraña sensación que provoca la muerte, la solté, quede mudo y triste porque quizá mi deseo la había matado. Sin embargo reflexione rápidamente y me di cuenta que no era mi culpa. Y el culpable estaba a tres pasos, junto aquel gigante que para la situación me parecía chiquito.
-Asesino, no sea hijueputa yo la quería viva-. En el instante que me le lance al enano, el gigante corrió a detenerme, lo hizo con una sola mano. –Amigo mío le repito que usted no puede engañarse, si usted la quiere viva eso le vale más.- me dijó el enano. ¿Cómo así? pensé, este loco me trata de decir que cuando yo lo trate de engañar el me engaño. –Tranquilo hombre todavía hay solución, simplemente para usted esa persona vale más de lo que puede llevar en los bolsillos. Venga mañana con lo que realidad vale y el servicio, como usted le llama tendrá los resultados que usted espera-. El gigante me tomo de la mano nuevamente y me saco de la oficina.
Ahora si estaba realmente asustado y aunque de alguna manera ya creía en la magia del brujo, no podía dejar de pensar que el cadáver de patricia estaba en el segundo piso de una juguetería custodiado por un gigante y un enano.
Me toco devolverme a mi casa caminando, tuve mucho tiempo para recapacitar y nada de lo que repasaba tenía sentido, bueno al menos un sentido común. Era claro que el amor me estaba saliendo muy caro, pues yo no me podía engañar, como bien decía el enano, yo a Patricia la amaba demasiado, incluso sobre mi propia familia que se había opuesto de manera rotunda a nuestro amor. Nada que hacer si yo quería a patricia viva, tenía que darle al enano todo lo que tenía y hasta más. No tenía mucho que dar en realidad, aunque me acababa de salir un préstamo para comprar mi casa, pensé que a lo mejor esa plata podría estar ya en el banco, quizá a eso era a lo que se refería el enano, tendría que dar hasta lo que no tenía. No tenía mucho que pensar la vida de Patricia era más importante que cualquier casa.
Por la mañana a penas abrieron el banco saque el dinero me tomo un par de horas por la cuantía , incluso me nombraron un escolta, al cual me rehusé por el negocio turbio al cual me estaba destinando. El banco quedaba en realidad cerca de la juguetería, pase por la misma esquina donde repartían los volantes y obviamente me resistí a recibir uno nuevamente, llegue a la juguetería subí las escaleras y toque la puerta , el perro ladro por largo rato, pensé que no había nadie, pero luego el enano abrió la puerta , estaba en toalla, se excuso por la demora y por el agua en el piso, esta vez fue mas amable, de hecho me ofreció asiento, una silla para clientes que parecía recién comprada y el reloj comenzó su marcha, el enano se fue a vestir. Tardo 15 minutos, ya me estaba impacientando cuando salió. –trajo lo acordado-. Yo coloque el maletín con todo el dinero adentro sobre el escritorio, un precio que era poco por la vida de Patricia.
El no lo conto, sonrió y dijo estamos entre caballeros. Lo guardo en su cajón y ya el reloj marcaba 10 minutos, el enano volvió a pedirme que pensara en mi ser “Amado”. Que pensara en la última vez que le había visto.
No podía borrar de mi mente que la última vez que le había visto estaba envuelta en una sabana muerta en la tina del baño, sin embargo aparte esa imagen y recordé lo hermosa que era, lo bien que se veía y los besos que no había podido darle, lo mucho que me gustaba su voz y su manera de tratar a las personas… se me vinieron más pensamientos bonitos de ella cuando el reloj señalo el último segundo.

Patricia estaba al otro lado de la puerta, no pude evitar la parálisis mental de ese instante- sin embargo me dispuse abrir la puerta ,pero el enano me detuvo, volví a pensar que todo era una estafa, pero dijo –tranquilo que ya va a salir-. En ese momento se escucho el cerrojo de la puerta pero no era la del baño era la principal por donde estaba entrando el gigante, pensé de nuevo – Jueputa, ahora si me robaron!-. Luego, se escucho algo en el baño, la cisterna, esta vez no se escucho ningún metal contra el piso, después de un par de segundos sonó un golpe seco de un tacón contra el piso y luego otro y otro, lo que quería decir que una mujer había estado haciendo de las suyas en ese baño, el tiempo se detuvo adentro, no se escucho más, en ese instante el enano me hizo la pregunta que se había rehusado hacerme –¿Quién es ella, su esposa, su amante su novia?-. Yo no le respondí, porque creí que con toda la magia que había visto el seguramente lo sabía, pero en voz baja pensé –es la mujer de mi hermano-. Se escucho el cerrojo de la puerta, esta vez si era el de la puerta del baño, y allí estaba por fin mi “ser amado”, quien cuando me vio, le dio la misma sensación de enfado que el mortal día que le había robado aquel beso, no pudo contenerse, se sostuvo de la ira pero se soltó y se lanzó contra mí, me dio la cachetada más cara que he recibido en mi vida y se marchó. Jamás la volví a ver ni a ella ni al dinero , dinero que aun sigo pagando juiciosamente todos los primeros de cada mes.

Texto agregado el 09-09-2011, y leído por 653 visitantes. (0 votos)


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