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Para Rebecca

- Mamá, ¡juguemos!
- Ahora no R, tengo mucho que hacer
- ¡Juguemos! A que yo era una princesa con un lindo vestido.
- No puedo – replico la mamá- vaya a decirle a su hermana que juegue con usted.
- ¡No! – dijo R con una expresión casi como de susto - ¡con ella no! Yo quiero jugar con vos. Ella ya no sabe jugar bien. Siempre me dice que soy una niña y me dice groserías. Tú si sabes como seguirme el juego.
- Bueno, está bien – dijo la madre limpiándose las mano enérgicamente en el delantal y esbozando una media sonrisa- pero un rato.
La niña dio un pequeño salto llena de gozo y bailó dando vueltas hacia la sala; medio cantando, medio riendo.
- ¡Si! Juguemos a que yo era la princesa y vos la reina. Tú me encargabas un precioso vestido de finas telas de oriente y con miles de piedras preciosas incrustadas. Cuando la gente me vea bailar, mi vestido se moverá junto conmigo, más ligero que el viento: como una ninfa.
- ¿Y a qué se debe semejante regalo de mi parte?
- ¿Por qué va a ser? En celebración de mi fiesta de compromiso.
- ¿La princesa se va a casar?
- ¡Si! Con el príncipe del reino vecino, que el día de la boda vendrá con sus padres los reyes, y me traerá perfumes riquísimos, telas enormes de bellos colores, animales exóticos del otro lado del mundo, y demás regalos que solo un príncipe tan hermoso y tan generoso como el mío es capaz de dar.
- ¿Es un príncipe azul?
- ¡Nooooooo! Mi príncipe es de todos los colores. Él es luminoso y bello como el arcoíris que vimos la semana pasada, ¿te acordás?
- Si, también que tu insististe en señalarlo, y por eso se fue.
- No se fue, ¡yo lo atrapé!- y levantó su dedo índice por arriba de su cabeza triunfalmente.
- ¡Lo atrapaste! – dijo sorprendida la madre – ¿y lo tienes ahí? ¿En tu dedo?
- Si, pero esta todo inquieto. Hace rato que anda con ganas de salir a jugar.
- ¿Y por qué no lo sacas y jugamos todos?
- ¡No!- dijo R escondiendo rápidamente su dedo- jugar con un arcoíris es muy complicado. ¿No ves que los arcoíris solo se ven cuando uno está lejos de ellos? Y jugar tan separados no tiene mucha gracia.
- Tienes razón. ¿A que jugamos entonces?
- A que yo era una princesa – dijo R entornando los ojos y fingiendo impaciencia - ¿recuerdas?
- ¡Ah si!, y yo era la Reina Madre.

R se paró ceremoniosamente, y dirigiéndose lentamente con paso real hacia su mamá le dijo:

- Madre, hemos de prepararnos para el baile de gala que se dará en honor de mi
prometido: el príncipe de… de… ¿dónde puede ser?
- Mmm… ¡Caracolera!
- ¿Caracolera? ¿Qué es eso?
- El reino al que pertenece tu futuro esposo, hija mía.
- ¡No! ¡Está horrible! Mejor un príncipe que sea de un lugar que se llame más bonito. Algo asi como… ¡Flortania!
- ¿Flortania?
- ¡Si! Es un país muy pero muy grande, el cual tiene sus calles, aceras, edificios y bulevares ¡Totalmente lleno de flores! gardenias, crisantemos, margaritas, ¡Rosas! - Al decir esto la pequeña R dio un saltito de júbilo y aplaudió fuertemente una vez.
- Bueno – dijo la madre – entonces debemos prepararlo todo: la comida, la recepción, los invitados, ¡el baile!
- ¡Si! Será bellísimo cuando yo esté con mi hermoso vestido de princesa viendo como mi amado entra a palacio y haciéndome una caravana me pida que baile con él.
- ¿Y si no sabe bailar?
- ¡Claro que sabe bailar! ¿No ves que es mi príncipe, y yo se que él será perfecto?
- ¿Y vos? – preguntó la madre con una sonrisa un tanto sarcástica - ¿sabés bailar?
- Pues si- dijo R en tono arrogante pero en broma – sino me crees mira – y R comenzó a saltar y a hacer bellas cabriolas por toda la sala.
Madre e hija reían y saltaban. Al unirse la madre al baile mitad real mitad bufonesco, el gozo de la princesita fue muy grande.
Por mucho rato bailaron sin percatarse ni en el tiempo, ni en el pequeño desorden que causaban al golpear un mueble o dejar caer libros y cojines.
De pronto la madre se detuvo y dijo:
- ¡La comida!
- Si, es cierto, debemos pensar en que serviremos en la recepción. Me gustaría mucho empezar con sangüchitos de atún o bien…
- No, digo que ya casi llega tu padre…
- ¿El rey?
- Digo si, el rey. Ya casi llega y ni siquiera he comenzado a hacer la comida.
- Esta bien madre – dijo la R un poco triste, pero inmediatamente se recupera y sigue en tono alegre – prepara la comida para el rey, que pronto vendrá mi príncipe, y mi padre debe estar contento para que nos de a ambos la bendición y podamos casarnos sin ningún contratiempo la próxima primavera.
La madre se fue corriendo a la cocina y R quedó sola en la sala.
R se sonreía. Dio unas vueltas y se sentó rápidamente en el suelo. Ahí, semi-acostada en la alfombra, R pensaba en su príncipe, su fiesta de compromiso, en el rey que está por llegar, el baile con la reina, el banquete. Pero lo que colmaba la mente de R era el vestido, ¡Su hermoso vestido de princesa! Se soñaba así misma vestida de princesa, bailando en un enorme salón bellamente adornado, con manjares indescriptibles y la más bella de las melodías acompañando su baile.
R no pensaba en los comensales. Por alguna razón le gustaba imaginarse sola, en un gran salón vacío, bailando y bailando con los ojos cerrados.
R soñaba, reía, brincaba y volvía a soñar. ¡Que importa si mi príncipe no sepa bailar! Mi vestido será tan hermoso que nadie se fijará en él, sino solo en mí.
En su nuevo micro-mundo, R seguían contenta, asfixiando su infantil soledad entre los pliegues de su vestido real.

Texto agregado el 26-07-2011, y leído por 187 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
26-10-2011 Cómo puede ser que yo no haya comentado desde un inicio, este cuento? mi cuento... como siempre sacas todo lo infantil y ves cosas que nadie más... me haces falta. abrazos aceber
26-07-2011 1* inerr
26-07-2011 Un maravilloso parloteo. Me encantó. albaclara
 
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