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se debe pensar en que hay que empezar por el principio y que después de esas cuestiones siempre se vienen otras de menor importancia tal como lo es el entender lo que se va a hacer o lo que no se va a hacer y es lo que ella no comprende lo que ella no me ha acabado de mostrar porque siempre que pienso en empezar de nuevo es ella la que me trunca y me obliga a retroceder
vos sabés que cuando te metes en mi cabeza y volás de una oreja a otra y viceversa siempre es una necedad lo que estás haciendo siempre es una imperiosa manía por obligarme a mantenerme en el olvido y a mantener diciendo que el pasado siempre fue mejor que el futuro puede mejorar y que el presente se está yendo a la mismísima mierda
aunque son notorias las diferencias de edad o de que vos y yo no somos ni siquiera compatibles en cuanto a nuestro supuesto amorío todo eso es necesariamente una basura que se dice por ahí y que nos obligan a ser perfectos y políticamente correctos no lo seré yo y mucho menos lo serás vos que tan contestataria te presumís que tan visceral y anti todo te consideras o es lo que querés fingir ante los demás
a veces se me hace suficiente con sentarme en la orilla de la cama y ver como no querías que nos separemos por la mañana empezás con tus típicas rabietas de niña mala porque querés seguir teniendo sexo durante muchas horas más y vos no entendés de que a veces uno necesita un descanso no entendés que los hombres somos seres solitarios que de vez en cuando no necesitan más que de un cigarro y una pequeña caminata por aquí o por allá solos que no importa la cantidad de tiempo ni el espacio sino querer paz los hombres somos capaces de casi cualquier cosa por mantenernos en paz
y se piensa mucho en la necesidad que pueda o no tener uno y otro aunque al final las propias no importan porque ellas tienen sus prioridades y es que claro yo sé que las mujeres las tienen que necesitan su espacio y que necesitan ser interpretadas comprendidas y aceptadas pero su intransigencia nos va matar o nos va hacer matarlas una por una luego desapareciéndolas del mapa y convirtiendo toda la sociedad en una desestructuración en una marcha en absoluto desorden personas como Hitler o como Jesús seguramente tenían mucho de hembras porque hay que ser muy mujer para comenzar y terminar algo y que esto se recuerde en la historia también con sus propias fijaciones en ciertos ordenes mentales cierta tendencia a militarizarlo todo cada quien en su estilo y conveniencia
tu mundo se divide entre la sexualidad y la moralidad entre la fricción de lo que visten tus amigas y lo que compraron a la manera en que te podría penetrar una y otra vez a la manera en que fuera o como te parece a vos se divide entre la distensión entre lo que los ojos pueden ver y lo que mi sexo puede hacer o es eso lo que alguna vez me dijiste
no hay distintivo entre un momento y otro solo la noción de lo que puede ser y lo que vos querés que sea un hombre viene y puede ponerse a pensar que es absurdo o que no lo es nada más hay que ver como está el mundo de jodido para entender que a los hombres no nos importa mucho ni tampoco nos importa lo que hay que hacer o lo que hay que decir
uno se arma historias bastante impacientes sobre lo que debe ser y sobre cómo es todo luego uno empieza a desatender lo que hay en las mujeres en los hombres y solo va quedando toda una masa amorfa convertida en vivencias que cuando uno se despierta solo quiere no haber vivido jamás
no es complicado ni imposible imaginar que detrás de tu rostro de niña buena debe haber una tremenda puta que seguramente es de aquellas que puede ir y revolcarse con cualquiera y no me sorprendería que un día me ates a una silla de ruedas y me pongas frente a vos a ver como te coge el más asqueroso hombre que pueda ser existir
aunque quiero pensar que no harías eso nunca quiero pensar y aún tener la suficiente fe en la humanidad para esperar que vos me hagas algo así o que de pronto una mañana vos vengas con cuchillo en mano y me cortes el cuello y me mires con la mirada más demencial como mi sangre embarra la almohada y se desparrama por todo el piso
porque entre pensar y querer que me tortures es necesario entender que uno quiere una muerte tranquila si en mis manos estuviera tu muerte no seria tan cruel ni salvaje buscaría un veneno rápido de esos que te paralizan el corazón en un santiamén y no te provoca ningún dolor pero claro uno es benévolo es casi seguro que la muerte que imaginas para mí está entre prenderle fuego a la casa y luego decir que fue accidente o emborracharme y luego ir a meterme a la bañera esperando verme ahogado y luego avisarle a quien hubiera que avisarle que me encontraste muerto



2

Primero fue una cerveza. Entonces conversábamos sobre nuestros viejos recuerdos, vos te comías un pedazo de pan con mantequilla de ajo. A mí nunca me gusto nada que supiera a ajo o cebolla, aunque mezclada en alguna comida casi nunca le sentía el sabor. Siempre fui malo para los olores o sabores. Alguna vez alguien me dijo que podía ser anosmia, pero a decir verdad es una virtud más que un defecto, el no tener muy buen olfato. Te seguía el hilo de la conversación, porque sabía que en el fondo yo no iba tener los buenos recuerdos de aquellos tiempos que entonces tuvimos.

Luego fue un cigarro. Me gustaba seguir el humo y ver como se perdía entre el las rendijas de la ventana, vos seguías hablando, vos seguías discutiendo sobre que muchas cosas fueron un error y que habíamos aprendido de ellas. Supongo que alguien más en mi posición, por el exagerado olor a tabaco quemado, hubiera estornudado o incluso hubiera hecho gestos de asco o te habría pedido que pararas de fumar. A mi no me molestaba. Solo veía tu boca moverse, como contabas esas anécdotas, esas viejas historias de cuando éramos jovenes. Luego paraste de fumar y me mirabas como quien no hace nada y me sonreíste. Te recostaste contra tu silla y te serviste otra cerveza. Supuse que destaparías la lata ya mismo, pero no, te quedaste pensativo con la mirada puesta sobre la lata, como tratando de descifrar un enigma.

Luego destapaste la lata y diste un sorbo. Supongo que sentiste mi mirada puesta sobre vos y empezaste de nuevo a contar sobre las veces que viajamos. Me recordaste cuando con Roberto y Fede nos fuimos al volcán. Había olvidado eso, ni siquiera tenía la noción clara de quién era Roberto o Fede, solo eran nombres que sonaban fríos en mi cabeza. Llega un momento en que una persona trata de mantener la distancia entre lo que recuerda y lo que es en el presente, supongo que la gente normal no tiene la obligación de estar mencionando equis o ye nombre, supongo que todo está manejado desde la cortesía entre personas. Diste otro sorbo. Luego pusiste la cerveza sobre la mesa y te paraste a la ventana. No estarías viendo nada, solo el viejo patio de mamá con su montón de cosas viejas e inútiles. Dijiste algo que no comprendí bien. Luego volviste a sentarte y diste otro sorbo. Me repetiste una serie de hechos que vivimos entonces, cuando entonces éramos jovenes. Me causo curiosidad la manía que tenías de estar repitiendo eso, había entre un cierto tono nostálgico mezclado con satisfacción.

Me repetiste algunas otras hazañas de cuando íbamos los cuatro, Fede, Roberto, vos y yo. Poco a poco, todas las historias que me contabas empezaban a tener imágenes, pero no alcanzaba a saber si aquello era cierto o solo te lo inventabas aprovechando que yo no recordaba muchas cosas. Vos contabas que íbamos a nadar, me es fácil pensar en cuatro individuos caminando por la playa, corriéndose unos a otros o persiguiendo chicas. Pero luego venís y me cambias la imagen diciendo que todo ello había pasado en la piscina de la casa de Martita. Me toca, entonces, cambiar todo el escenario mental, me toca trasladar a los cuatro individuos sentados en la orilla de la piscina y tirando agua con los pies en un gesto jovial, un gesto de camaradería. Luego la cabeza se me enreda, se me hace una maraña intentando ponerle rostro a cada uno. Pensando si son de piel blanca o son de piel morena. Y me surge el problema de quién es Martita. Vos seguís con la historia como si nada, contás de lo linda que estaba ese día aquella niña y sus hermanas.

Luego te quedas callado, yo quiero saber más. Destapas otra cerveza. Me hacés el gesto convencional de camaradería y decís salud. Sacas un cigarrillo. Tu bigote rompe el humo que va subiendo y saliendo por la ventana sin formar ninguna figura caprichosa, solamente una masa impalpable que se pierde. Luego me contás que esa tarde después estaba con la hermana de Martita y que se estaba besando. La parte esa fue como un estornudo tuyo. Me intrigo no saber si era yo o alguien más quien se besaba, ¿quién era ella?, ¿por qué la estaba besando? Luego seguiste contando que esa tarde nos la pasamos bien.

Bebiste un sorbo pequeño de la cerveza. Y te quedaste sentado, mirándome, como si me acusaras. Dijiste que Lorena te gustó siempre. No entendí ni me quedó claro a qué venía esa información. Dijiste algo como que yo sabía y que siempre supe que él estaba interesado en ella. La confusión fue mas grande. No sabía de que estabas hablando. Dijiste que yo estaba besando a Lorena. ¿Pero quién era Lorena?

En el escenario mental, los cuatro muchachos y quién sabe cuántas hermanas tenía Martita estaban correteando, besándose, gritando y lanzándose agua unos a otros. Mi escenario también me distingue a mí en una silla de playa sentado junto a Lorena, besándola con mucha ternura. Me dijiste que era la más bonita en la piscina esa tarde. Me decís que es bonita pero eso para mi no dice nada, hay muchas mujeres bonitas, miles de ellas. Lo que nos distingue unos de otros no es que seamos agradables visualmente sino el que tengamos rasgos distintivos, particulares. Por ejemplo, vos, tenés esa pequeña desviación hacía la izquierda cuando caminas, como si fueras cojo, es un movimiento leve, que nadie notaría, pero para mí es eso lo que te hace distinto. De Fede, Roberto y las chicas aludidas no sé nada, no puedo ni imaginarlos correctamente.

Ponés la lata de cerveza en la mesa y te volvés a poner de pie. Ahí está esa pequeña desviación a la izquierda. Y te pones en la puerta y te quejas de que mamá debería limpiar el patio y que debería empezar a prestar más atención a la casa. No sé si sabés que mamá tal vez haya muerto y tampoco entiendo porque decís con tanta naturalidad mamá como si vos fueras mi hermano. No lo recuerdo. Desde la primer cerveza estoy tratando de entender qué hago frente a vos y porque tu imagen no me es conocida.

3

Una mesa a mi izquierda que debe estar pintada de barniz transparente. Seguramente debe ser pino. En la gaveta deben estar aún intactos mis documentos, los papeles de la casa. El testamento de mi madre. Sobre la mesa supongo que está la vieja foto familiar, con el rostro enojado de papá y mi madre mostrando su sumisión. Detrás de esa foto hay algo que debe haber sido escrito por mi padre, hasta donde recuerdo mi madre no puede escribir. No recuerdo los rasgos, no recuerdo que dice, estoy seguro que eso está aún ahí. Debe haber una capa de polvo de varios días. Mamá no viene más a limpiar. Me da ocasionalmente pensar que está muerta. Hace días no le veo por acá. Arriba de mi cama la imagen del Sagrado Corazón y un crucifijo viejo en el cual está enrollado un rosario más viejo aún. Un calendario bastante viejo que seguramente tiene marcado más de algún día. Algo debe significar cada uno de esos días. Supongo que debe ser el cumpleaños de papá, el de mi hermana y luego el de mamá. También debe tener la fecha apuntada de la muerte de papá y luego de mamá. Hay una foto en blanco y negro que soy yo vestido de traje. Algo celebré, algo me celebraron. La pared llena de manchas, que seguramente nadie vendrá a limpiar. A mi derecha. Otra mesita de noche. No recuerdo cuando la pusieron ahí. No puedo siquiera recordar de que color está pintada ni que hay en ella.

Al frente hay una pequeña mesa. En ella mamá puso muchas estampillas e imágenes de santos y similares, todas las noches venía a rezar y pedirle a dios por mí. En la mesita no puedo distinguir exactamente las imágenes, pero sí me es posible ver los vasos pequeños que antes tuvieron dentro velas que ella le ponía a esos santos. También hay un crucifijo como de medio metro de altura, ella solía besarle los pies al terminar sus respectivas oraciones. La mesa es negra. Encima tiene una pequeño mantelito que desde que ella no viene más por acá no fue vuelto a cambiar. La sillita está en la posición que ella la dejó. Tiene una pequeña gaveta que ignoro que hay en ella. Al lado izquierdo está una ventana a medio cerrar que alguien ha dejado abierta. Al lado derecho está la puerta donde entra esa mujer que cada día me viene a cambiar la ropa y darme comida.

Por la mañana entra una vez y hace gestos con la cara. Me ve con asco. Supongo que alguien le paga por esto. Que alguien le debe dar algo para que haga esto. Si fuera un ser querido hace tiempo me habría dejado morir. Entra más de una vez. Cada vez que entra le escucho decir algo, como si me maldijera. No es que me importe mucho eso, ni creo que a alguien deba importarle. Es solamente que no me parece justo de mi parte estar molestando así. Luego por la tarde la misma operación. Solo me mueve la cabeza hacia la ventana, y puedo ver como tras la ventana algunas ramitas de algunos árboles se mueven, alguna nube deforme se mueve por el cielo y luego ella cierra la ventana y se acabó el día. De vez en cuando alguien me visita. De vez en cuando ella también viene, pero solo lo supongo.

Texto agregado el 05-07-2011, y leído por 412 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
30-05-2015 Sat 30 May08:18 madrobyo No tenés puta idea de lo que es trolleo, putita mejicana. PrincipeNegroMx
24-07-2011 1* LACANIANO
17-07-2011 Lo he amado. lacigarra
13-07-2011 Interesante cantinflada julianga
09-07-2011 De la última parte, el final es lo mejor. Una pequeña manía mía con las repeticiones, ventana y ventana de la accion última. Como no soy vengativa no te dejaré una estrellita (bueno sí, en la primera parte). En la segunda (que está muy, muy bien), imagínate las que quieras... nomegustanlosapodos
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