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No son de las cosas con las que se pueden estar tratando de inferir. Simplemente no se puede. Viene fulano y se empieza a preguntar sobre las distancias o las diferentes acepciones sobre equis o ye significante. ¿Qué puede salir de ahí? Nada. Solo un puñado de preguntas ridículas o diferentes formas de intentar diferenciar algo; por lo general, mientras fumaba, Ricardo pensaba así, tratando de ser indescifrable para sí mismo.
Otras veces se preguntaba y cuestionaba sobre el significado inmediato de cualquier palabra, porque, por ejemplo, venía el fulanito y le decía a Ricardo la palabra “traqueotomía” con lo cual, luego de una mirada de cuestionamiento y un gesto de este estúpido qué pedo, quedaba la intención primaria del cerebro, de Ricardo, claro está. Luego los cruces de mirada, silencios prolongados que decían mucho, y luego a volverse a preguntar por palabras.
“el principal procedimiento de intentar entender algo que no se entiende es disfrazarlo de lo que se conoce y después tratar de quitarle el disfraz para tratar de entender que es lo que va quedando entre una y otra cosa así sin enredo y sin desciframiento qué es lo que siempre queda cuando suena algo así de raro así de simple y así sin imagen inmediata porque que queda como imagen cuando la primer imagen del significante no tiene una imagen clara sino la sola idea de que es algo que seguramente está ahí y se trató de entender pero no tiene una idea primaria más que la misma idea es raro”
Pero otras veces, de vez en cuando, el mentado fulanito decía palabras simples como por ejemplo “naranja” o “agua” que solo simplifica el entendimiento de una imagen mental que nace, que se forma al sonido de las palabras sin imagen, porque como Ricardo le dijo siempre a éste fulanito, la imagen es primero y luego el sonido, pero cómo funcionará para otras lenguas u otras formas del lenguaje… éste imbécil qué onda… Es lo que se dirá el mentado fulanito en cuestión que no es necesario nombrar por el respeto que implica una persona con su nombre.
Es simple, el problema con los problemas del lenguaje es la divergencia de simplificación de cada individuo, le diría unos años atrás el fulanito en mención a Ricardo.
“después se trata de inferir sobre una invención que sea hipotética e invertida en otra realidad algo que después de tratar de ser entendido se dé por aludido el hecho de que aquello que se pudo comprender no es otra cosa o simplemente no es porque o no existe o no se tiene conocimiento de causa como dijo alguien con esas variables del pensamiento es posible anular toda la otra realidad que seguramente pueda existir aunque así sea nula o sea un simple razonamiento que busque dar sentido a un acumulamiento de palabras e imágenes que no tienen fundamento ni razón de ser son solo lo que son”
Ricardo hace un problema cotidiano algo complejo. Por ejemplo, un día de estos viene y le dice al fulanito ese, “¿jugamos al póker?” a lo cual el fulanito, con la manía que le caracteriza podría decirle, “¿qué significa la palabra póker?” o qué significa la palabra jugamos, está volviéndose imbécil o solo trata de impresionarme podrá pensar mientras el otro trata de impresionar, pero después irá quedando la maña por imponer, el dime y direte, el juego intelectual y la manía de la superioridad entre uno y otro, la sensación de que uno está pisoteando al otro desde el suelo.
Aunque es notorio que esas cosas no importan si se le piensa como una lucha de poder, una tentativa de lograr la finalidad de un proyecto que sea ficticio o no, siempre tiene la respectiva carga de imposibilidad que tendría la fijación con la fijación, la tentativa por repetir, no es claro, no es necesario intentar interpretar, solamente era lo que podría recibir el otro. Ese eterno otro que siempre nos es más ajeno… Es un idiota. No siempre el que está manipulando es el que tiene el poder sobre el otro, hay un arte de saberse hacer manipular.
Dicen por ahí que Ricardo tenía pocos amigos, incluso, decían que no tenía ni siquiera enemigos, porque por una u otra razón, tenía la tendencia a buscar estar solo, a estar practicando el arte de la soledad. Incluso, ese “dicen por ahí” es un hipotético caso, porque nadie decía nada de él, solo yo, que me haré nombrar como Fulanito, quien en el peor de los casos, puede pasar como amigo imaginario de él. Dicen, hipotéticamente, le gustaba pensar, –pensar que dicen los que no te conocen, hay que estar bastante imbécil–, que está loco, es el comentario que ha oído tras de sí, que ha intentado ignorar. Pero cuando volvía la mirada hacia atrás, solo veía sombras, rostros en blanco y negro, cuando quería entender siempre todo era más confuso.
Aunque en definida cuenta, no tiene ningún sentido nombrarse algo, o tratar de nombrar algo que es invisible a los demás, no, –la esquizofrenia es otra cosa. Ricardo puede o quiere estar en su propio pensamiento, enreda hasta el cansancio la obsesión con la obsesión, la manía por convertir todo acto mental en una aburrida manía, porque si dijese todo lo que piensa, todo lo que cuestiona, todo lo que duda, todo lo inservible que hay en su cabecita, le pegaría un tiro, seco, justo en la sien derecha. No sé bien, mi fijación con su sien derecha, algo hay, algo.
“el cerebro es abstracto una masa amorfa con esa absurda cantidad de pequeños fragmentos de cualquier cosa cuando en sí no es más o debe ser una pastosa pelota de carne molida el cerebro es abstracto una cantidad hipotética de neuronas que van de acá para allá jugando al inteligente jugando al más avivado como un hormiguero con diez mil millones de hormigas que un día se cansan y se dejan machacar el cerebro ese abstracto objeto que en teoría es lo que nos hace pensar sentir amar odiar tener el dolor cuando tocamos fuego lo que de sobra es sabido es invención de la razón”
Ricardo, suele estar sentado en el sofá, tiene un libro en la mano, siempre tiene un libro. Pero no lee, solo observa hacia alguna manchita en la pared, siempre ha tenido cierta necesidad de entretenerse en algo, –es un retardado– se dirá él tratando de entender por qué nunca él se ha logrado entretener en algo, así sea por al menos un par de minutos. Ricardo, se para del sofá, al cual llego por puro capricho de quien narra, y se para frente al espejo y se ve fijamente a los ojos, unos cuarenta segundos, (por andar con esa idiotez de la precisión) –Una idiotez más– dira en voz alta mi boca, y murmura algo que no oigo y que seguramente no tiene mucha importancia. Me doy la vuelta, lo dejo ahí, hurgándose entre los dientes. Luego el sonido del agua que corre.
Yo, el fulanito que no quiere dar su nombre, me entretengo en observarle, a veces de cerca, a veces de lejos, otras veces sentándome frente a él, a Ricardo, tratando de explicarle lo que él no comprende, que naturalmente, no le importa. Otras veces, sólo exhalando, haciendo que oiga mi respiración, que sienta mi presencia, porque sé de la importancia que tengo para él, sé de la importancia que le da él a la amistad, a esta fidelidad que el mismísimo supuesto dios agradecería. Luego me ignora, luego se empeña en fingir que lee o que ve una manchita en la pared, se empeña en entretener su mirada lejos de mí, me siento ignorado y me voy a dormir. Sé mi lugar acá.
“el cerebro es amorfo un absurdo en dislocamiento una muestra de que hay muchas más cosas importantes que decir que preguntar o que ignorar el cerebro es una analogía de muchas cosas una repetición de la realidad un reflejo de lo que intento ver y me sale fallido un intento por retener la imagen de algo que hipotéticamente n debería estar viendo el cerebro es una invención absurda de algo que dicen que funciona y es más que obvio que no funciona ni metiéndole baterías ni siquiera electrocutándolo el cerebro es amorfamente irreal una masa que cuando el cuerpo se empieza a podrir seguramente se convierte en un pedazo de carne molida un pedazo de cosa rara que a nadie importará”
Ricardo se ve al espejo, me ve, me pregunta si soy yo. Yo le respondo que no, pero él no me oye, él está ensimismado en lo que sus ojos estuvieron viendo. Le grito: –Escuchame imbécil– pero no me dice nada, solo se me queda viendo con su cara de babuino, como si esperara algo de mí.
“el cerebro es una invención demoníaca que nos ha hecho pensar que seguramente hay cosas que pueden ser interpretadas por lo que otros cerebros piensan que es el cerebro esa interpretación de la realidad de los otros de los que no tienen cura de los que no tienen solución de los que no quieren saber que es qué o cómo llegar al otro lado de la orilla el cerebro abstracto absurdo seco la masa amorfa la masa de carne molida que busca intentar ser algo más que es más que esa masa de masa deforme esa masa ni blanca ni gris que solo es imaginable vista en el rostro de un cadáver que llora lágrimas grisáceas y que de pronto parece vivo y empieza a despedirse de algo que no importa”
Le hablo a gritos, le grito su nombre, le grito ¡Ricardo!, una y otra vez, desde acá adentro, pero finge sordera, finge leer un libro, finge, ver una mancha en la pared. Sé que me oye, sé que no le soy indiferente, porque siempre estoy donde él está, siempre sé que de estas cuatro paredes, de esta prisión, de este pedazo de caja que nos une, ni él ni yo podemos movernos.
Me dice que está tratando de entender una palabra nueva que descubrió en el diccionario, que dice que cuando la pensó no sabía que existía, pero que cuando se la fijó mentalmente, no era lo mismo que con lo que era asociada, la palabra, –los sinónimos– pensé, porque era lógico. Pero, tal parece, leyendo mi pensamiento, sólo me hizo un gesto con el dedo índice sobre su boca, fue entonces que entendí.
“porque tratar de entender lo demás es tan simple como entender que el cerebro funciona como un motor de carro pero claro no le pediremos a un motor de carro que piense porque no hay nada que pensar ni que dejar de pensar porque ese procesos es una mentira inventada para hacernos creer que los cinco sentidos están devaluados están de complemento cuando tal vez era cierto que todo está en el mundo de los sentidos y en el mundo de las percepciones y somos tan animales como los demás animales o no o quién sabe o no importa porque lo que importa es que no hay que prestar tanta importancia a lo que”
Yo me marcho, yo, el que no dirá su nombre, por pudor, por vergüenza, por sensiblería o qué sé yo… le hago un gesto con la boca a Ricardo, quien me vuelve a ver con el desden que jamás vio a nadie. Cierro la puerta a mi espalda, sé que volveré, sé que esta cadena es irrompible. Pero por hoy quiero descansar de Ricardo.

Texto agregado el 24-06-2011, y leído por 506 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
30-05-2015 Sat 30 May08:18 madrobyo No tenés puta idea de lo que es trolleo, putita mejicana. PrincipeNegroMx
25-06-2011 no sé si has leído a juan josé millás El orden alfabético. Me recordó mucho, aunque somos demasiados los demenciados que practicamos como el ricardo esos juegos. iolanthe
25-06-2011 Esto también me gustó: No siempre el que está manipulando es el que tiene el poder sobre el otro, hay un arte de saberse hacer manipular. Y lo de la cara de babuino. Aristidemo
25-06-2011 y si supiera cómo, haría un ensayo sobre tu obra. ednushka
25-06-2011 ¿no sentiste que tocaron asuntos parecidos cada quien en su cuento?, como la imposible indiferencia, la estupidez, lo rarito, la dualidad... fue una extraña coincidencia. ednushka
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