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Baila conmigo

- Mira Flaca, la cuestión esta clara. Bailamos o vamos a misa, pero no podemos hacer las dos cosas. Sabí que má, yo estoy aburría de ir siempre a misa y escuchar al cura con la misma tontera”- concluye enfáticamente la Rucia y sigue con su tranco seguro y poto bien parado cerro abajo.

- ¿Qué? ¿No ir a misa?, chillo con incredulidad.

- ’Tai tonta o que? Eso mismito dije. Bailemos acá, en el San Cristóbal.

- Oye, pero hay que ir a misa. Igual que siempre. Vamos desde que estábamos en las monjas. No podemos bailar todos los domingos. Eso no estaría bien.

- ¿Quién dice? ¿Acaso es ley? Ya ‘ta bueno de tanta misa y curas que se creen ídolos mirándo pa’ bajo poniendo mala cara porque uno muestra presa.

- Yo no muestro. Nada de nada. Contigo siempre se sabe el color del sostén.

- ¿Y qué? Hay que celebrar lo que se tiene. Y en tu caso rellenar lo que Tatita Dios se olvido de repartir. Hazme caso: no-a-la-mi-sa.- Me lo repite sílaba por sílaba con tono de exasperación como si fuese una imbécil.

Mis pies hacen una tijera y se ajustan a ese paso decidido impuesto por mi amiga que siempre la lleva y me entretiene. La miro de reojo en esas calzas rojas que revelan cada curva de su cuerpo y me sonrió sola. Sí. Es tan ella, ella que usa sostenes verde limón y atigrados con pelitos de conejo por los bordes. Presiento ese antiguo y conocido juego de la Rucia que hará lo que sea con tal de salirse con la suya. Me adelanto por instinto y exclamo,

- Tan radical que saliste! Todo tiene que ser en extremos contigo. Nunca nada puede ser normal. Todo el mundo sabe que hay que ir a misa. Bailemos de vez en cuando.- le recrimino desde mi sobrio buzo azul marino típico de colegialas.

- ¡Qué latera! Vive la vida, disfruta los colores, tócale la bocina a los cabros que están atracando en las plazas, muestra presa y sonríe con los piropos que te tiran. ¡Gózala Flaca, gózala ….-

La interrumpo para que continue, - Ay. ¡Qué plancha! Déjame con mis paredes color marfil y ropa interior beige. No me gusta armar alboroto como otras.

- Beige! Color piel pa’ que nadie sepa que hay una teta. Peor que monja que se venda las pechugas y usa bicarbonato en vez de desodorante.

Suspiro, callo. Me muerdo el labio y observo a los ciclistas, niños corriendo, perros con sus amos y otros buscando amo. No le respondo a la Rucia y sigo como autómata cerro abajo al lado de ella repasando mi naturaleza apacible. De repente me sorprendo pensando en voz alta,

- Es que yo no podría usar colaless y sostenes fluorescentes.
No soy así. No me gusta andar con el poto al aire. ¿No te da frío?

- Pa’ na’, es cuestión de actitud y no de temperatura. Me siento bien, me regaloneo por dentro y fuera. Así todo me sale mejor. Bota todas esas huevas grises que tení en tu closet y dale vida a tu vida.

- ¿Ay!, Deja de criticarme? Sí siempre he sido así. ¿Qué te he hecho?

- Nada, Flaca, nada. Es solo que podí pasarlo mucho mejor soltando tanta atadura. Mira, camina con los brazos en alto. Mira, así. Mueve el culo pa’ allá, pa’ aca. Saca pecho, respira profundo. Sacúdete, me dice poniendo énfasis en la “u”.

- Oye. ¿Quién te dice que lo paso mal?, le recrimino a la defensiva.

- Piensa mejor en el mijito rico de Marc Anthony y como podríamos estar meneando las colitas al aire libre. Es mucho más sano que estar encerrada a plena luz escuchando sobre el perdón divino, como el agua se hizo vino, la expulsión del paraíso y un montón de otras huevadas inventadas por débiles fantasiosos necesitados de algún cuento para soportar lo terrenal.

- Mira oye, mis trajes grises y medallita de la Virgen de los Rayos al cuello hasta ahora me han salvado. Harto bien que te haría a ti un minuto de oración. Siempre estas mirando para todos lados en vez de estar comulgando con tu conciencia. Sería una pena haber pasado tantos años juntas en la tierra y no vernos después cuando las horas no cuentan y los ángeles nos deleiten con su música.

- Y dale matraca con las medallitas, ángeles y esas huevadas de sotanas. Erí muy refome Flaca. No cachai que estamos pasadito la plenitud de la vida. Vive el hoy y deja el más allá para cuando llegue. Necesito comparsa pa’ bailar los domingos y pasarlo bien ahora. ¿Me vai a acompañar, o no?

- Tienes toda la razón el gris es fome. Super fome, admito con exasperación.

- Bravo, Flaca al fin un poco de acción en tu vida. ¡Azúcar, Mamita. Aluminio!” y salta la Rucia en el aire y luego me abraza con la palabra victoria pintada sobre su frente.

Dejo que me abrace y termine de festejar. Retomamos el paso y le declaro con una calma que me toma por sorpresa,

- Oye, no te voy acompañar a bailar ni voy a ponerme los zapatos colorados que me regalaste.

Termino mi declaración, me detengo. La miro a los ojos. Me arranco la parte de arriba del buzo en un solo movimiento. Quedo con mi torso desnudo y comienzo a trotar cerro abajo. Siento el aire sobre mis pechos y sonrío de placer. Me doy media vuelta y le grito a la Rucia que ha quedado suspendida en el tiempo,

- Dime Rucia, ¿quién es la cartucha ahora?

Veo que la Rucia aplaude como loca. Al instante veo que se saca su ajustado peto y comienza a correr hacia mí con sus pechos rebotando como melones embobando a los puntos cardinales. Llega a mi lado y me contesta indicando con sus manos hacia el público atónito,

- Todos ellos Flaca son los cartuchos. Todos, menos nosotras.

Nos largamos a reír y seguimos corriendo cerro abajo igual que cabras chicas.

Texto agregado el 06-01-2011, y leído por 131 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
10-01-2011 Una genialidad de cuento.lo lei de corrido...real y contingente.felicitaciones atte perres perres
 
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