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27 de julio del 2005:
Estamos en la víspera de viajar, dentro de unas horas, en la madrugada, partirá nuestro vuelo a New Jersey. Llegaremos al aeropuerto de Newark, por American Airlines, a las doce del día. Luis Patricio y yo viajaremos con nuestros hijos Carmelita, de diceciocho, Lucio de quince y Joselito de catorce. Pronto pisaremos suelo americano con la incertidumbre de no saber cuál será nuestro destino. ¿Qué habrá detrás de toda esta aventura?. Sólo Dios sabe los caminos misteriosos que nos tendrá preparado.
Las maletas están llenas del equipaje elemental que usaremos durante los primeros meses del verano todavía reinante en el suelo extranjero; las cinco abultadas maletas han sido colocadas sobre la peluda alfombra naranja de la sala para que sean llevadas al auto por alguna de las criadas que trabajan en nuestro hogar, una dedicada a las labores de la cocina y la otra, a la limpieza de la casa. Es el gusto que siempre hemos tenido de gozar del servicio domestico, para disponer de tiempo en realizar nuestras labores profesionales.
-¿Me da las llaves del auto para abrir la maletera, señora?.
-Puedes cogerlas, recuerdo que las he dejado encima del refrigerador para que no estuviera al alcance de los perritos. A ellos les fascina mordisquear las llaves como si fuesen juguetes. Si no alcanzas, entonces te subes en una silla.
-Creo que solo entraran dos maletas. Las restantes las colocare en la parrilla del techo, las tendré que sujetar con una soguilla.
Luis Patricio se ha encargado de revisar las instalaciones de la casa cuidando que las luces no queden prendidas; que los grifos estén bien cerrados evitando aflore cualquier posible inundación que retrase nuestra llegada al aeropuerto. El, como buen previsor, siempre se ha encargado de estos detalles, rodeándonos de seguridad y tranquilidad.
Será la última vez que veamos nuestra hermosa casa de RicoMonte en donde quedan todavia flotando, como plumas voladoras, todos los recuerdos que nos hicieron vivir los años mas lindos de nuestra existencia familiar. Chico, nuestro engreido perrito de raza zamollero, duerme en su lugar preferido del jardin, bajo el viejo pino de la entrada principal, inocente de todas las inquietudes que sus amos llevan consigo. Nuestro tierno animalito será -de ahora en adelante- la fiel compañia de mi mamá, quien lo cuidará durante el tiempo que dure nuestra ausencia. Quizá sean años o decadas las que me separe del hogar. Lo ignore, prefiero, por el momento, no sentir ni menos llevar esa turbación sobre mis hombros.
Se me ocurre prender la radio para suavizar la tensión. Lo primero que sale a flote es la voz pastosa del DJ de la emisora Santa Rosa anunciando con entusiasmo, la publicidad de telefonos Tim. Aún truena en mis oidos el contagioso lema musical, tan de moda en todos los canales de televisión Tim, la libertad de vivir. Le sigue una teknocumbia que recuerdo haberla bailado hasta el cansancio en las fiestas familiares que eran de amanecida. Es la que cantaba Rosi War Nunca Pensé Llorar, una de mis favoritas.
El fin de semana me dió por caminar por las céntricas calles de la Plaza Dos de Mayo, exactamente por el jirón Cuzco, para ver cds y escuchar las estruendosas canciones que tocaban los vendedores ambulantes desde sus carritos rodantes que han estado tan de moda en los barrios populosos. Entremezclarme entre los olores, el bullicio y el desorden de la gente fué una de las ultimas cosas que quise hacer en Perú. Es interesante sentirme, aún, atraida por esos olores emanados al medio día de los diversos restaurantes y vendedores ambulantes, ofreciendo el menú de cuatro soles. LLevo conmigo los aromas de esas papas rellenas, ese ceviche atestado de aji y cebolla, esos anticuchos cocinados en las parrillas callejeras al carbón, ese choclo con queso presentados sobre una hojita de planta de maíz en vez del acostumbrado plato descartable. Ni el mas refinado perfume puede competir con estos aromas que tan pronto se impregnan en nuestras vestiduras, se alojan sin recato durante dias enteros, como si fueran nuestros inevitables huespedes.
Esa variopinta humanidad, de andar lento, pausado y simbreante que tienen la mayoría de limeños, esa gente madrugadora cuyos rostros matutinos reflejan una incontenible ganas por sobrevivir, enfrentándose al diario trajín de las calles, esos rostros ajados por el cansancio de la vida, sumidos en la inquietud de buscar un trabajo que nunca llega, todo eso es la esencia de la Lima que yo dejaré.
Antes que mis raices sean seccionadas de mi tierra querida con las filosas tijeras del tiempo, -como la flor que inesperadamente resulta arrancada de su vigoroso tallo-, me dí el gusto de saborear sus entrañas. Opté por deambular por sus centricas calles, horas de horas, mirando con cierta melancolía, todo lo que siempre ha sido parte de mi existencia. Es un pedazo, un trozo de vida que llevaré envuelto en los aterciopelados repliegues intimos de mi corazón, y que ahora he decidido ponerlos al descubierto en estas notas.
Quién hubiera creído que no hace mucho tiempo me irritaba tener que convivir con la informalidad imperante de la capital. Las voces entremezcladas de los comerciantes criollos de las grandes avenidas me hacían perder la paciencia toda vez que transitaba por alli, como paso obligado para realizar alguna gestión de trabajo. El jirón de la Unión, la calle principal que une las dos imponentes plazas, la plaza San Martín y la Plaza de Armas, viene a ser la vena por la que siempre han fluido los pasos andantes de turistas y también de los recién llegaditos de la sierra. Siempre he visto con gracia la forma en que estos inmigrantes del interior se detienen petrificados, admirando con delicia, las vitrinas de ropas recién llegadas del extranjero, quedando fascinados con los adelantos de la capital.
Al atardecer, cuando el día estaba por declinar, iluminado aún por la claridad del ténue sol, un impulso repentino hizo que corriera por las gradas del segundo piso del edificio en donde funcionaba nuestra oficina de abogados. Un vaporcillo de reseca humedad me dió en todo el rostro, luego de abrir la puerta de nuestra oficina. El único vestigio que quedó como testigo de los gloriosos dias en que ofreciamos nuestros servicios legales, fueron las dos placas colocadas en la puerta principal de la entrada, rotuladas con nuestros nombres. Esdudio Jurídico Castillo-Devoto.
El ambiente interior de la oficina lucía desolado, sin muebles, sin los coloridos y atractivos estantes de libros, todo estaba completamente vacío. Me dió tristeza advertir que las voces entusiastas de los alumnos y clientes no resonarían mas en este recinto. El eco había hecho su ingreso campal para alojarse en cada rincón de lo que fué este maravilloso lugar.
Desde su imponente balcón se divisaba la histórica plaza San Martín. Soliamos salir a respirar el aire fresco y tibiecito de la mañana cuando las labores academicas de la ensenanza y del asesoramiento eran intensas. Nos dabamos ese respiro para renovar nuestras desgastadas energias. Era fabuloso ver los buenos resultados que producia este ejercicio mañanero. !Ojala que en adelante tenga la suerte de encontrar otros balcones similares a éste, con vista a una Plaza principal!.
Junto con Luis Patricio habíamos trabajado durante muchos años, haciendo de este rincón, un acogedor centro de reunión de muchos clientes, colegas y alumnos. Todo eso, estoy segura, quedará sepultado en el tiempo. ¿Quién podría darle más vida que sus propios protagonistas?.
Ahora veo que un profundo romanticismo ha debido apoderarse de nosotros al tener la osadía de dajarlo todo. Hay veces en que resulta aconsejable no detenerse a pensar en el gran salto que se tiene que dar porque en lo que dura la fracción de esos segundos, minutos u horas, uno puede declinar y arrepentirse de todo, no llegando a dar el paso necesario para cambiar nuestras vidas. Si nos arrepentimos de cruzar el camino hacia lo incierto, solo ha de ser por algo imperioso que nos paralice de pies a cabeza. Felizmente eso no ha sucedido por el momento, nada nos ha detenido, nada nos ha hecho replegarnos o encogernos en el mismo lugar como si estuieramos entornillados en esta tierra que por momentos nos dice con firmeza "solo los valientes arriesgan". Claro que hubiese sido mas fácil quedarse, en vez de seguir con aquella deliciosa rutina, pero tenemos que partir, pase lo que pase. El sentido de aventura es mas fuerte que nuestra dichosa y confortable existencia.
En nuestro caso, no ha existido el tiempo suficiente para reflexionar en el cambio radical que estamos a punto de iniciar. Apenas surgió la idea del viaje, de inmediato decidimos dar el salto a la piscine, sin titubear ni pensarlo dos veces. Pudo haber estado vacía para caer en la nada o llena de liquido para flotar, lo importante era saltar; sentir la vertiginosa emoción del momento. Nuestros amigos y la familia tienen la idea fija que la locura ha venido a irrumpir en nuestras vidas, que algún desliz ha venido a desviarnos de nuestro rumbo normal, piensan que debemos estar locos por llegar tan lejos en nuestras iniciativas. Hasta cierto punto son ciertas las conjeturas creadas en la mente de cada uno, pero creemos que esa locura no es del todo disparatada. Hay veces en que los aciertos provienen de estos arranques de locura.
Para los que siempre se quedaron con la incógnita de saber qué razón existió para renunciar a todo, incluyendo la vida profesional, fué una que ha sido el motor de nuestras vidas: darle la oportunidad a nuestros hijos de estudiar y culminar una profesión en una Universidad Americana; vincularlos a un mundo cuyos horizontes laborales no tienen límites. Tienen que entender que el mundo no sólo se reduce a nuestro país. Hay un codiciado espacio en una parte del universo que espera por nosotros, por ellos en especial. ¿Hay algo de malo en eso?. ¿Acaso, no es innato en el hombre explorar lo desconocido, aunque sea, por simple curiosidad?.
A estas alturas, estoy sentada en una de las sillas acolchadas del aeropuerto Jorge Chavez acompañada de la familia y amigos. Vienen las despedidas, un cúmulo de lagrimas asoman en las mejillas de quienes tratan de ocultarlas, desviando la mirada. El momento esperado llega, los abrazos, besos y buenos deseos afloran y terminan en cuestion de minutos.
Todos ellos deben estar aun envueltos en ese aire impregnado de tristeza que hemos dejado flotando como puntitos de colores, después de haber ingresado al control de inmigración. Dentro de pocos minutos partirán a sus hogares para seguir con su rutina. Yo, en cambio, estoy en la sala de espera, acompañada de mi libreta de apuntes, tratando de eternizar estos minutos de profunda vivencia, antes que la distancia empiece a crecer con las horas.
Por los autoparlantes resuena por tercera vez la melodiosa voz femenina que anuncia a los pasajeros desfilar por el control de salida a tomar el avión rumbo al pais del Norte, previa escala en Colombia. No hay tiempo para seguir con estas notas. Los cinco estamos con el pasaporte en la mano, dispuestos a enfrentarnos a lo que venga. Adios, tierra bendita, no sabemos cuánto tiempo dejaré de sentir de cerca tus latidos, lo único cierto de toda esta aventura es que nunca dejaras de fluir, vibrante, entre mis venas, cada vez que evoque tu nombre: !Peru!


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Texto agregado el 27-12-2010, y leído por 281 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
02-03-2011 Qué difícil desarraigarse del lugar donde uno ha vivido, donde están las amistades de años y el ambiente conocido. Como decís, mejor no pensar, si no no se puede. Pero quién sabe lo que espera, la esperanza de construir un mejor futuro siempre está presente. Pero ya pasaron más de cuatro cinco años, supongo habrá funcionado bien! =) aberas
14-02-2011 Rosario, que experiencia de vida tan rica la que te toco. Es cierto que se debe partir el corazón al dejar el lugar donde uno hecho raices, pero tambien es cierto que en el Norte las oportunidades son otras. Un cariño y ojalá continues contando esta experiencia.********* shosha
07-02-2011 ¡Cómo te comprendo!!! Me ha tocado desarraigarme varias veces y todo, absolutamente todo lo que decís es tal cual se siente. Además, Perú! El mejor viaje de mi vida lo hice recorriéndolo de punta a punta y deleitándome tanto que olvidé el paso del tiempo y tuve que pagar una flor de multa por pasarme de días. Un cariño lleno de estrellas! MujerDiosa
25-01-2011 HAS DESCRIPTO HASTA LOSSENTIMIENTOS Y NO HAS HECHOVIC¡VIR TODA TU AVENTURA********** yosoyasi2
20-01-2011 Me has descrito las calles de tu ciudad y la he olido, sin conocer lo que son los anticuchos ni los cholos ni el aji. Pero me has enriquecido con olores y sabores para mi desconocidos. Un gusto leerte. juanfran
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