Oh destino cruel que pones esta desafío ante mi, ¿porque he de batirme con mi propio hijo? quebrar lanzas con el, es esta la bienvenida que me esperaba al regresar del destierro. Que amarga traición debí cometer para verme obligado a tomar la vida de quien mas añore en el exilio. ¡Oh señor Teodorico! Ojala librarme pudiera de esta prueba de lealtad. Lealtad a mi señor es traición a mi sangre, lagrimas inevitables al quebrarse las lanzas contra las armaduras cuando se rompa el acero, la carne y los huesos y solo uno quede sobre el caballo. ¿Que podré celebrar entonces?
¿Con quién he de beber por mi vuelta? ¿Quién llorara sobre mi tumba? ¿Quién cuidara lo que deje en este mundo? Los lobos y los buitres, esos los cuidaran. De que sirvió la añoranza en los largos años con el temible Etzel. Junto a mi señor, la gloria alcanzamos, una gloria perversa contra los burgundios, el temible Gunter y su fiel Hagen que resistieron las llamas y el acero, todo arreglado por la cruel Crimhilda la manipuladora que sacrifico a su propio hijo. Destino cruel arribo a esos dos guerreros, una muerte sin honor a manos de su propia sangre que luego corrió por mis manos. Pero porque critico si ahora yo derramare mi propia sangre. Mejor hubiera sido morir entre las espadas a vivir para este funesto día.
Acepta la ofrenda, por favor no quieras probar en mi tu valor, no ves que estos son los mismos brazos que solo pudieron sostenerte una vez. Detente, para el impulso de tu juventud, esta herida matara a muchos, ¿no puedes ver lo que ocurrirá? Ambos caeremos hoy.
No se detendrá el galope de los caballos hasta que sea tarde, guiados a un destino cruel por los grises cascos. Solo un error estoy rogando, que mi lanza falle y la suya acierte. Quiero cerrar los ojos, gritar, llorar, una lanza se ha quebrado pero ahora no quiero abrir los ojos.
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