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Frente a la ventada donde, a veces, todos nos sentamos, sorbo el café amargo y tibio, me he despertado un poco tarde y he cargado, para hoy, aquel rastro de nostalgia que odiabas tanto, aquel poco de tristeza mía que intentabas extinguir con el brillo de tus ojos claros. Va bien el café tibio y la nostalgia, la garua, las veredas mojadas por donde transitan las mujeres, pensativas, ajustándose sus faldas, luchando contra el imperioso viento que amenaza con exponer sus hermosos y generosos muslos ante el morbo corroído de la ciudad. Si vieras como yo, hoy día, el día de todos los días, la ciudad exhibe su mejor aspecto de puta entristecida en altos tacones azulejos, lucecitas de neón cuelgan de las paredes y seducen a los pasajeros corrompidos. Lo sabes bien, todos somos nada más que pasajeros circunstanciales en estas calles. Odaliscas de humo danzas sinuosas hacia el cielo gris, allí exhiben sus panzas inmensas, empiezan a parir el oxido del cual todos nos alimentamos. Hoy confirmo, mientras bebo el último sorbo de café espeso, que existen pocas cosas que no pudieran comprarse o venderse en este mundo, llámalo librecambio ó, si lo prefieres, teoría de juego…y que nos perdone Nash por hijos de puta, pero aquí, allá, en Perú como en la China, las transacciones tienen el mismo fondo, a pesar de las particularidades propias de las razas y culturas. Si estuvieras aquí, aburrida por mi discurso racionalista, saldrías por la ventana y mientras la garua resbalara por tus mejillas, me gritarías: el amor - ¡El amor carajo, el amor¡ - batiendo los brazos como los oradores callejeros que se dirigen hacia una multitud, que, indiferente sigue su camino por las veredas que los llevan hacia todas partes menos a tu lado, y seguro, también, hubiera sido yo el único subyugado ante tus mentiras. Pero hoy, ojos de boliche – Ojos de boliche, no me jodas con eso y discúlpame si te enojas, pero tienes los ojos de sapo, hermosos, como inmensas farolas reluciente, aunque el brillo, ahora, es sólo un tenue reflejo de la fuerza que alguna vez hospedabas en tus pupilas – Hoy, ojos de boliche, en que parece que esta ciudad te hubiera devorado la existencia, hoy en que te veo pasar portando el escudo de la indiferencia, como si las tierras que te habitan nunca hubieran sido pobladas por mis manos, por mis trances de macho en acecho, como si a tus muslos se le hubieran olvidado la tibieza salvaje de mi sexo, ó peor aún, hoy en que ajustas la mueca del vacío como si nunca me hubieras albergado en tu memoria, en los lindes de tu histeria, en las murallas de tu trastornado corazón – linda frase para excusar todos tus desordenes, para exculpar todas tus esencias mudables – hoy, mientras la azafata se acerca para cobrarme los 5 soles del café y hacerme una mueca de disgusto con la que espera echarme cuanto antes del local, donde, por cierto, no caben muchos, me doy cuenta que - mientras tu imagen se difumina en mi me/moría - sólo ha sobrevivido mi nostalgia, mi tristeza expuesta a la sátira de la ciudad y, por supuesto, el sabor del café amargo como el único recuerdo que perdura para siempre.

Texto agregado el 21-10-2010, y leído por 159 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
21-06-2011 Muy bueno eso de me/moria. Bueno el texto. Muestra la pesadez que destila. lindero
30-10-2010 El problema no es que estaba amargo. El problema es que estaba tibio, eso es lo que me hace mal. O quizá, que haya, en alguna cercanía mía, una metáfora inversa: una mujer que ofrece, como la ciudad, esa imagen que creaste. Tu imagen. Tolo_el_marino
22-10-2010 Las nubes y la llovizna suelen promover la introspección... achachila
22-10-2010 Está bueno el tono reflexivo y un tanto pesimisma del narrador. OrbitaCementerio
 
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