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Todo dicha ese día, sitas inesperadas con la mujer que amaba, risas que aclamaban un día inolvidable, caricia tras caricia expresaba que la quería y ella repetía lo que le decía. Cada día a la monotonía dichosa monotonía, salimos a ver el cielo, salimos en la mañana, no se a donde fuimos pero mientras sujetaba su mano no importaba nada, pensando esos recuerdos se reviven mis sentimientos, vuelvo a ser como antes. Sonrisas prolongadas y dulces miradas que te regalaba mi tierna amada. Todo era algo diferente en la cama solamente porque te soñaba y sabia que se podía hacer todo realidad el en momento en que te saludara. Te necesito ahora y ya no estas, te necesito lo repito por que quiero calma y paz y solo tu me las puedes dar. En cámara lenta reviso los antecedentes de mi mente y solo ese día es merecedor de la maldición de mi corazón ¡si! Lo recuerdo bien y hasta siento nuevamente los nervios del momento en que lo vi ¡si! Lo vi de cerca a ese rostro criminal, mala apariencia tenia y yo le temía hasta el punto de casi desmallar basta decir que ya todo termino pero lo recuerdo casi como hoy. Mirada profunda, sonrisa idiota y el camino peligroso así pase por esa experiencia frente a mí soledad y detrás el con su cabello sucio mirando mi camiseta que yo mismo había estampado. Caminaba entre su frio y sus cenizas, paso rápido y decidido, alcanzó su sombra a mis temores, no hubo mas remedio que sacar mis billetes morados que bastaban para satisfacer la necesidad de aquel naufrago del destino. La esperanza verde había llegado tarde como siempre pero me daba la oportunidad para correr y cruzarme para otra calle. Al lado de la alcantarilla me senté para pensar si habrá verano o si volvería a llover sobre mis raíces pero su imagen estaba en mí pantalón roto y saco del colegio CCP raro pero cierto al voltear mi cabello largo tapa mis ojos por un momento, quizás solo un par de segundos de idiotez, mala situación pues un filo brillante se atraviesa al lado de mi pecho. De que color es mi sangre me pregunte y casi no la podía ver, ¿azul? ¿Morada? ¿Dorada o blanca? Cualquier color menos roja por que ese color me trae mala suerte. Agarre fuertemente los hombros de la sombra que me sujetaba mientras sonaban mis huesos, mire su rostro y sonreí, era mi amada, la solté y caí, di vuelta y trate solo trate de imaginar que quien había echo todo ese mal era aquel vago que me seguía con sus tripas vacías. Solo dos segundos en el piso y ya lo había manchado todo de ese color desafortunado, no hubo nadie que me viera y si hubiera habido alguien nada habría echo, intente levantarme y volver al camino junto a mi amiga la muerte que me concedió un ultimo deseo verte solo verte y poder decir que te entrego mi corazón literalmente. Caí al suelo y las luces se encendieron, sonrisa irónica y pensé que estupidez que consuelo y me desmaye, no se a que hora desperté ni que día solo logre despertar y era mas que suficiente, mis tenis ya no estaban y me preocupe por mis billetes morados, me dolía todo el cuerpo como si en verdad hubiera estado muerto. Silencio así varios días únicamente pienso en ella y el motivo por el cual casi me divide el corazón en dos. En mi casa todo normal como si fuera una transformación del tiempo, todo normal excepto mi pecho, salgo un momento a verla a ella sin duda y en el camino quiero cambiarme el corazón del lado izquierdo, quiero y no quiero verla la angustia es similar al día en que la conocí por primera vez y por fin me decido a ir. En la carretera al mismo vago miro mientras caigo al piso de rodillas, escupo sangre, me retuerzo, me paro y sigo mi camino esta vez el deyabu no tiene la misma suerte, el vago pasa como si nada y tengo la impresión que el pantalón roto que el llevaba es el de don José ese viejo arrogante de la tienda, el dolor intenso me envía de regreso al piso y me da tiempo para pensar que es mejor ir mañana. Al otro día cualquier escusa era buena para no ir y de casualidad pase por la casa de la que fue mi amada, abrieron la puerta y salió alguien casi igual que ella, era como su sombra transparente, alta sonrisa medio amarga pero sabia que no era la verdadera ya que a su cabello le hacia falta el cielo. Recordé que ella tenia una hermana pero no creí que su piel se pudiera repetir en otro ser. En la tarde regrese a su casa y golpee la puerta con rabia, salió su madre y me dijo que si era un hombre valiente y fiel pero mi mirada era gris como si en mi mundo actual le faltase algún color vital, que buscas en estas casas misteriosas, en estas puertas que solo son madera de culpa y miseria, quise regresar pero el epitafio regresaba por venganza, se cruzaba mi voz por mi amada pero ya lo sabia ella ese día había muerto, que ironía perla marina has caído en tierra, algo que quisiste hacerme a mi te lo repitieron y de esa saliste mal mi querida. La ausencia marcada en mi pecho, quien buscara tu aire, quien seguirá ese camino, quien vagara por esas calles por que yo no he vuelto a respirar. Ahora te visito cada día al cementerio y te dejo la rosa de fuego que tanto te prometí y que quise darte el día de tu entierro pero no pude porque quería que te arrojen al mar así era tu voluntad pero los sueños que dejaste atrás no permitieron que otra vez te marcharas. Esporádicas promesas que en su momento te sorprendieron y aun recuerdo tus ideas derrotadas pero seguí tu corriente en esta ciudad de suicidas por eso aunque para siempre sea mucho tiempo seguiré buscando tus sorpresas, tus escusas y tu mirada que aun me vigila cuando mi cabeza en la almohada descansa, espérame en el infierno que juntos lo convertiremos en el cielo, solo espera que el puñal sigue en el bagaje esperando ese momento otra vez.
(ARMANDO LEGARDA VIVAS) 20/11/09

Texto agregado el 30-08-2010, y leído por 122 visitantes. (0 votos)


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