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Inicio / Cuenteros Locales / dosenlaciudad / Crónicas de una mujer infiel VIII (\"El cubano\")

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Bronceado perfecto, estatura ideal, musculoso, piel aceitosa, ropa interior diminuta y botas. Lo conocí vestido de bombero, y no estaba precisamente apagando un incendio. Sus pantalones tenían cinta velcro en los costados y su chamarra botones de presión. Sólo bastaba jalar con fuerza cada una de las prendas para que se desprendieran de su perfecto cuerpo, y él lo hacía con tal sensualidad, que tenía a decenas de féminas y algunos caballeros acabándose la garganta en piropos que bien hubieran podido salir de un carretonero.

En realidad no era de nacionalidad cubana, “El cubano” era su nombre después de media noche, incluso fingía el acento caribeño para complementar su personalidad nocturna. Su rostro no era el más bello, pero así me gustan, imperfectos.

Se acercó, a bailar a poco centímetros de mí, tomó mis manos y las colocó en sus nalgas que parecían de acero, al igual que sus pectorales, abdomen y muslos. Se contoneó frente a mí, mientras jugaba con mi cabello y jalaba mi cabeza hacia su pecho. Queria llamar su atención, que se acordara de mí pero en ese momento solamente era una más entre el público hasta que llegué a la conlusión de que si todas le miraban el cuerpo, yo le miraría los ojos, sólo faltaba que lo notara. Y lo notó, obtuve un par de contoneos más.

Al terminar su actuación, cuando ya solamente vestía las botas, desapareció y a los pocos minutos volvió, esta vez con unos jeans que no podían dejar de revelar aquel trasero fruto de tentación, un paliacate negro amarrado en la cabeza y el torso desnudo. Salió a venderse, 100 pesos por 5 minutos en privado. Me hizo el ofrecimiento, lo rechacé; 100 pesos es lo que valen 3 cervezas y cinco minutos el tiempo que tardo en tomarme la cuarta parte de una, solamente sería cuestión de tiempo para obtener gratis el tan cotizado “privado”.

Nuevamente se acercó, me invito a bailar; para ese momento el show había terminado y había comenzado el baile en la pista. Jamás hubiera imaginado que el ritmo de salsa podría servir para seducir: colocó una de sus mnos en mi cintura y con la otra tomó mi mano, pegué mi cuerpo al syyo y comenzamos a bailar. En cada giro que yo daba él me acariciaba la cintura y besaba mi espalda, bendita blusa que horas antes me parecía incómoda. Cuando un trante caía, él lo devolvía a su lugar aprovechando para acariciar mi brazo, al terminar volvió a decirme al oído: consigue dinero para un privado. Se fue.

A los 5 minutos preguntó si había conseguido dinero, nuevamente y casi en contra de mi voluntad le di otra negativa. Se alejó, en el momento se acercó otro semidesnudo a ofrecerme lo mismo, volvió “El cubano”, tomó mi mano, me llevó hacia el fondo del bar. Llegamos a un a cortina azul de terciopelo y detrás, un espacio reducido y una silla en el rincón. Antes de entrar, dio una propina de 50 pesos al vigilante a cambio de discreción.

Ya dentro, me sentó suavente en la silla y comenzó a bailar, unos segundos. Enseguida se bajó el pantalón, se colocó un preservativo y dijo: “dicen que sabe a chocolate”. Mentira, sabía a fresa. Me puso de pie y se recreó en mi escote, me giró, para entonces ambos pantalones estaban en nuestros tobillos, tomó mi cintura con una mano y con la otra empujó mi espalda. Poco antes de concluir una voz del otro lado de la cortina azul le indicó que habían pasado ya 5 minutos, por lo que sus movimiento se agilizaron, hasta terminar. Rápidamente acomodé mi ropa, le di un beso en la mejilla y salí un tanto decepcionada, hubiera preferido quedarme con el baile en la pista.

Me abordó otro personaje de la noche, le dio un trago a mi bebida: “sabe a Cuba, deberías probar Texas”. Semanas después supe su nombre de trabajo, era “Ralf el Tejano”.

Aprendí que los músculos no hacen inalcanzable a un hombre. Honestamente, me sorprendí ya que tenia la convicción de que hombres atléticos solamente quieren muejres atléticas, característica que no poseo; la literatura no tonifica los músculos. Aprendí que una buena sesión de baile puede seducir más que la desnudez.
No fue mi última noche en ese bar, pero sí la última con “El Cubano”. A la semana siguiente del encuentro comencé a tomar clases de Salsa.

Texto agregado el 13-07-2010, y leído por 115 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
14-07-2010 Genial lmarianela
14-07-2010 Creo que es doblemente infiel. Aunque haya sido en promoción, es sexo pagado, y eso no vale. Ya quisiera encontrarmela en una salsoteca, le saldría gratis y con sabor a newen. NeweN
13-07-2010 Está bonito lo que escribes y muy ameno. No le hagas caso al Marxtuerzo es un homosexual reprimido y de seguro se calento je je je ¡Tu sigue! 5* sigfrido
13-07-2010 vieja ridícula, debe estar muy, pero muy fea! marxtuein
 
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