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Soy un hombre apabullado por los problemas de índole social que antes de hundirme en aguas profundas he decidido mejor mudar hacia el interior del país.
Con casi nada de dinero, una carpa, retazos de lona, una motocierra, alguna provisiones, me he instalado en un sitio muy silvestre, donde prácticamente ocupo sin autorización una parcela de tierra fiscal en las afueras de la provincia de Mendoza en el departamento de la Heras.
Soy una persona pacífica con la sana intención de vivir sin molestar a nadie.
En este preciso momento estoy haciendo leña, por supuesto de árboles caídos, retazos de Algarrobo dulce, con lo cual además preparo un gallinero, dando los primeros pasos para organizar una huerta como para autoabastecerme y con lo que sobre hacer trueque por otras mercaderías.
Me he instalado cerca de un arroyo, el Uspallata, que desemboca sobre el rio Mendoza; vivo cercano al Aconcagua, con lo cual me nutro de truchas y salmones; además de turista a los cuales planeo invitar a vivir una corta experiencia.
Lamentablemente ya han venido de la municipalidad a pedirme que regularice mi situación, presentándome en el establecimiento para solicitar un permiso especial como para poder permanecer, caso contrario se me han de considerar cual ocupante ilegal, teniendo que desalojarme por la fuerza pública. Me encuentro en una encrucijada pues pensaba que nadie me iría a molestar, pero viendo que mi permanencia corre peligro, veo nomás que tendré que hacerme presente, apersonarme.
De todos modos me siento muy feliz de cómo sea estar aquí, de haberme instalado ya que hasta antes de llegar pensaba que iría a morir en el intento, en aquel momento se me hacía muy difícil imaginar poder lograr la hazaña que conseguí concretar.
Lastima que tenga que pedir un permiso, pensaba que no haría falta, que mi sola presencia sería suficiente.
A los pocos días de instalado en el campamento, vino un joven turista a solicitar que lo aguante unos días que ya suman una semana, es el primer visitante, que luego espero se multiplique en otros muchos. Y de ésta linda relación nació una amistad que ojala perdure, pero además pudo dejarme provisiones y algo de dinero. Este joven entre otras virtudes, tiene un pariente que es amigo del intendente, quien me gestionó un permiso para quedarme donde estoy por tiempo indefinido. Con lo cual me animo a construir una cabaña dando pasos lentos pero serios en función de que sea duradera a la vez que linda.
Sinceramente me siento muy feliz, aunque debo reconocer que la vida no es fácil, ya que desde que me levanto hasta que me acuesto por la noche tarde, siempre estoy, de alguna manera, trabajando en algo, y observo que de a poco voy creciendo, echando raíces firmes.
Como decía me dedico a hacer leña en cantidades, con lo cual estoy meta y ponga con la motocierra durante buena parte del dia. Y como además tengo una chata antigua hago un reparto por las inmediaciones. Además con algunos trozos especiales fabrico cruces, a las que luego les tallo el cuerpo de Jesús Cristo. Se puede decir que mi casa vista desde lejos parece un cementerio, pues voy acumulando buena cantidad de ellas. Son de un tamaño aproximado a los cincuenta centímetros, con una base, en una sola pieza.
En cuanto a la cría de animales, lo que más produzco son gallinas, con las cual obtengo huevos, carne, y muchas plumas.
Digo esto de las plumas pues estoy construyendo un monumento, que es un gallinero con forma de gallo, forrado con justamente plumas, que las voy entrelazando, superficie que después voy cubriendo con barro mezclado con las cáscaras de huevo que voy juntando, y así volviendo a comenzar.
En realidad más que el propio hogar donde viven, es la sala del patíbulo, las gallinas ya crecidas tienen que pasar por un pasadizo, hasta llevar al lugar indicado, que por intermedio de una guillotina que se encuentra antes de llegar al plato de comida, hace el trabajo sucio que no me animo a concretar; o sea que es cuestión de acercarse y tomar la que no tiene cabeza.
Ante las determinadas capas, los lugareños creen estar frente a un pájaro de la edad prehistórica, o eventualmente ante una especie de horno gigante.
Pero entre una cosa y la otra voy pudiendo juntar unos pesitos como para estar confiado.
No tengo intenciones de despegar en vuelo sino más bien quedarme hasta la vejez. Si he de ser sincero debo confesar que me gustaría conocer una mujer joven y tener algunos hijos, es una deuda pendiente. Pero fueron tan difíciles, por no decir ingratos, los años vividos en la ciudad de Buenos Aires, que aun arrastro un poco de miedo como para ahora aventurarme a formar una familia en serio. De todos modos ya tengo algo más de cincuenta, con la correspondiente resignación que deparan los años.
Hago mención de formar una familia, pues pronto habrá un baile en el valle de San Miguel de Panquehua donde me han invitado, y como quien dice, estoy muy esperanzado, tal vez pueda conocer una linda moza. Hace algunos días atrás, cuando recibí la invitación del baile en mano de un joven, que se desempeña en el bufet, tuve por parte de él la fiel promesa de que irá a presentarme a una prima hermana, a la que le cuesta conseguir novio por ser feucha de cara, ojalá que sea cierto pues por el tiempo que corre es hora de estar con alguien a quien poder amar.
Entre otras cosas estoy fabricando un sendero de piedras, mi rancho está ubicado a unos cuatrocientos metros de la ruta, apostado a metros del arroyo, en cada viaje que realizo en el Ford Farlain, a gas, al que al estar todo picado le hube cortado el techo, recojo cinco lindas piedras, que luego voy colocando al ras.
También he comenzado la construcción de un estanque como para ir almacenando y mantener vivos los peces que sobran.
Soy de rezar por las mañanas, un padre nuestro y algunas palabras improvisadas en su honor. Solamente ingiero yerba mate con bombilla. Aunque también dedico unos segundos a alisar mis cabellos y bigote. A media mañana también me agrada leer algunas líneas de determinados libros que voy recolectando con el paso del tiempo. Después me calzo las botas, un cinturón con monedas, la mejor ropa que esté en condiciones, una gorra vasca de color negra, y a seguir trabajando, luchando por sobrevivir.
La esencia del presente consiste en estar activo y de buena onda.

En el baile de Panquehua conocí a una muchacha llamada María Rosa Funes, pero no la prima del bufetero, a quien parece no le hube simpatizado, sino una amiga. Estamos saliendo como novios y espero que pronto nos casemos. Ya le he propuesto matrimonio y parece que le ha interesado, o por lo menos no me ha dado una negativa rotunda.
Aun no he terminado de construir la cabaña, voy a paso lento, pero tengo adosados muchos deseos de mudarme allí.
Cuando recién hube llegado, el primer anzuelo que utilice fue un alambre doblado, puesto que no tenía ni para comprar el nailon. En el viaje recolecté un par de cañas de una mata, que aun conservo, más con vulgar alambre de fardo le hice las típicas argollas por donde corre la tanza, en fin una manera de pescar bastante primitiva; e inclusive puedo agregar que también fabriqué arcos con flechas, y hasta una ballesta.
Recuerdo ver los peces escapar después de regalar unos buenos saltos ante mis ojos, donde sus plateados lomos brillaban como el mismo bronce recién lustrado, reflejos pintados de verde y rosado.
Suelo detenerme a escuchar al viento sonar entre las curvas y contornos que ofrece la naturaleza, anteponiendo la imaginación para fabricar melodías en la mente, y con suave aliento que hago escapar entre los dientes, provocar un suave silbido que completa una sinfonía plagada de misterios.
Ayer mi mente fue un pandemónium de oraciones cargadas de frustración y resentimiento, pero ahora ella misma se mueve con calma brindando ideas coherentes, que con mucho entusiasmo voy concretando a medida que aparecen.
Entonces cuando beso a María Rosa ya no lo hago de forma compulsiva, sino más bien con suma ternura, sin aquella vieja ansiedad de querer dejar marcas que indiquen que es solo mía, que a mí solo me pertenece.
Ahora me regocija saber que me encuentro ante la otra mitad de mí ser y que por fortuna caminamos en paz tomados de la mano.
La vida está plagada de diferentes posibilidades, de una gama infinita de distintas opciones a escoger, pero hay que estarse con la conciencia tranquila de saber que no se ha escatimado esfuerzo, feliz con uno mismo ante la ardua tarea, haciendo que no sea tan difícil escoger el camino correcto, indicado, como para alcanzar la meta más sublime. El destino es incierto pero está marcado, especulo con que quizá al tener que dejar una puerta abierta al exterior pueda disparar la cosa para cualquier lado, pero no queda otro remedio, tampoco puedo permanecer oculto dentro de un hoyo.
El tiempo que transcurre más allá de los diferentes factores, nada tiene que ver con la poca gracia o mucha monotonía, han pasado infinidad de horas aquí y yo muy satisfecho con la digna pobreza que supe conseguir. De todos modos ante la diaria penumbra del hogar, en horas de la noche, voy resolviendo la más genial resignación, dentro de una la alta gama de posibilidades que se esfuman.

Pero el 20 de enero es un día de anotar en el almanaque donde la tierra se hace oír por el fuerte estruendo, yo me encuentro en dicho limbo personal con María Rosa, atados a la cama, desnudos, durmiendo profundamente, cuando a las dos de la madrugada un fuerte sacudón, dio inicio al terremoto más importante de la historia, con epicentro en el departamento de las Heras, justo en donde se encuentra mi morada.
La tierra se abre cual bizcochuelo que no para de levar, haciendo una enorme grieta al frente del rancho. María Rosa, muy asustada, sale corriendo para no caer presa de los supuestos escombros, cuando en las inmediaciones es literalmente devorada por esa gran gruta, que se forma luego del sacudón. La tierra se abrió en diferentes mitades, y mi amada calló dentro de una de ellas, de una inmensa profundidad que no permite divisar el fondo.
Ya llevamos veinte replicas desde aquel fuerte sacudón que jamás he de olvidar, y la tierra aun sigue rugiendo imperecedera; se siguen abriendo inmensos surcos, todos justo delante de mi territorio, cual si el terremoto fuera hecho a mi nombre, aun no he tenido posibilidad de llorar a María Rosa, cuando la misma grieta en otro fuerte movimiento se expande aun más llevándose al Fairlan. No deseo comparar sino más bien relatar esta increíble vicisitud.
Pero bueno, en honor a la vida, sigamos, continuemos bregando.
Como resultado final, el terremoto dejó una gruta muy importante, inmensa (Un agujero subterráneo de una profundidad indeterminada) más otras tantas perforaciones sin mayor importancia. Se encuentra a cien metros del rancho, mide cuatro metros de ancho, por unos cincuenta de largo; que justo atraviesa el sendero de piedra, como formando una cruz, como digo yo: La cruz principal.
Hemos probado determinar hasta donde puede alcanzar a ser de hondo, arrojando objetos luminosos, pero todo ha resultado en vano ya que no parece tener fondo, según estimaciones puede llegar a medir lo que el propio Aconcagua, siete mil metros.
Me he roto la garganta gritando el nombre de María Rosa, pero solo devuelve un tétrico eco más luego un llano silencio. También he arrojado casi todas mis pertenencias quedando desprotegido, prácticamente con lo puesto: El gallinero artesanal encendido en llamas, pudiéndoselo ver por espacio de cinco minutos.
Estoy tan desesperanzado que he iniciado una especie de huelga de hambre, donde solo tomo sopa de vegetales y agua del arroyo. En un acto de incontrolable ira me he desecho de las gallinas, pollitos, de los pocos animales que había, de una mula, que ahora me arrepiento por el acto criminal, de gran parte de la cabaña, arrojándolos a todos por el agujero en señal de protesta, hacia supongo que Dios. Aunque pienso que tal vez por un instinto de protección de índole mística hacia mi enamorada, quizá como queriendo mandar alimentos por si acaso estuviera con vida.
Tengo que volver a empezar de cero, pero en esta oportunidad, con solamente lo indispensable, basta de querer tener una linda casa, o lo que sea, voy a vivir como un indio, en una toldería, alimentándome de peces, frutas silvestres, más si fuera necesario de excremento animal.
El terremoto, el más importante que se tenga registro, ha tenido su epicentro en el norte de la zona cuyana, justo delante de mi tierra, con una intensidad de ocho coma nueve en la escala de Richter. Los efectos causados han sido devastadores ocasionando un elevado número de víctimas fatales.

A los pocos días un grupo de gente me vino a visitar, son en su mayoría jóvenes universitarios, artistas, interesados en la historia de María Rosa y la mía.
No hay mucho que decir, quizá fotografiar mi fisonomía alterada, mi desazón que se trasluce en una tristeza sin límites donde me veo cual espectro. Pero de ésta reunión salió la idea de iniciar una expedición hacia el interior de la caverna.
Entonces se montó un gran campamento, y se asignaron los roles, nombrándose a cuatro muchachos, una señorita y yo, elegidos para protagonizar el descenso.
El resto de la comitiva permanecerá en la superficie supervisando los movimientos. Contamos con buenos elementos, como ser: Sogas, arneses, tecnología para la comunicación, electricidad, provisiones, herramientas, alimentos.
No falta nada, solamente iniciar el gran viaje, en busca de algún pasadizo, túnel que nos conduzca hacia otros recovecos, o hacia el centro de la tierra.
El planeta es una esfera tangible, pero fuera de ello lo que continúa es un extenso espacio sideral.
A un par de días previos, nos estamos concentrando las seis personas que iremos a participar del descenso. Practicando en como utilizar las armas para valernos de la conquista, repartiendo los roles, ajustando detalles, trazando un plan general, puesto que a ciencia cierta ignoramos con que habremos de encontrarnos; tirando probables hipótesis de conflicto sobre la mesa para agilizar los respuestas, tratando de mentalizarnos para si es necesario, desistir y pegar la vuelta.

Julieta San Román tiene veintiséis años, pero aparenta ser una señora, de hermosa figura, carácter fuerte pero espléndido, con tendencia a revelarse ante las injusticias. Después participan Damián Laitán, de veintisiete, abogado recién recibido, Julio Torrado, un muchacho rubio de un metro ochenta de estatura, con cara de ángel, que cumple veintitrés la semana entrante. Daniel Gómez, paracaidista, instructor de vuelo, con veintinueve recién cumplidos, que por consenso irá a oficiar de jefe de la expedición, Ezequiel Fleitas, petiso fornido, jugador de rugby, el más joven con veinte años, y por último yo, Generoso Toch, de cincuenta y dos, pero que acuso cuarenta y cinco, artista plástico, con la sola experiencia de haber escalado el Aconcagua hasta la mitad por el lado fácil.
En cuanto al resto de la gente, son en su mayoría parientes, amigos, algún que otro periodista, y autoridades del gobierno, que entre todos hemos establecido un hermoso campamento. Con el cual estaremos comunicados por radio y también con cámaras que permitirán filmar la travesía; a su vez que nosotros, no entiendo el para qué, también gozaremos del privilegio de tener en pantalla las imágenes que nos lleguen del exterior.
Por último les hice notar que no olviden que la grieta es de mi pertenencia, de mi absoluta posesión, mía, de mi entera propiedad hasta los límites subterráneos establecidos por la ley.

Daniel Gomez no se hiso esperar para asumir el liderazgo, él fue quién tuvo la idea interesante de tener que concentrarnos en condiciones de aislamiento.
Si no es hoy será mañana, pero siempre tendrás la posibilidad de ser quien eres.
En estos días previos, donde el grupo está concentrado con miras al gran evento, han venido especialistas en Edafología, Geomorfología, Pedología, Glaciología, a alertarnos de los peligros a los que nos enfrentamos frente a las diferentes capas que componen el globo. Pero Gómez, jefe de la expedición, previo agradecimiento por la preocupación, interés que demuestran, los mandó de paseo, cortando de cuajo cualquier intervención que impida el descenso. Puesto que las evidencias de que el hoyo es infinitamente profundo dejan margen como para alentar la esperanza que puede existir perfectamente un territorio neutral sin las características mencionadas.
Una vez sorteados estos escollos, la preocupación principal ronda, en si estamos preparados para ofrendar, entregar la vida a cambio de satisfacer una curiosidad personal, puesto que ha sido descartado que ésta expedición esté referida a un rescate. Es una realidad que María Rosa ha sido devorada por la tierra, sin que nadie sea culpable, no existiendo ninguna posibilidad de que esté con vida.
O sea que se puso en el tapete el hecho de si alguien necesita concretar algún deseo pendiente, que en ese caso, que por favor lo exprese, que por favor no lo reprima; pero luego de cavilar sin remordimientos, todos acordamos en que nos sentimos seguros de la decisión tomada.
Gomes mandó construir una rampa sobre la grieta donde colocamos una carpa, sin reparar en que puedan existir más cantidad de réplicas, cuestión que durante dos noches consecutivas observamos el hoyo negro ininterrumpidamente. Además de expresas recomendaciones, de que nadie de los invitados asistentes vaya a pararse sobre el puente.
Por mí parte, entre las tablas, creo ver una luz rojiza que a medida que asciende se mezcla con el pálido blanco de las luces a batería. Y un sonido extraño como si alguien hiciera sonar un cuerno.
Daniel Gómez, junto con el petiso Fleitas, serán los primeros en bajar, se han de internar unos cien metros para ver si consiguen encontrar alguna gruta como para hacer una primera escala; aunque si no dan con ello, harán lo propio durante otro nuevo trayecto, recién luego realizarán el descenso Julieta San Román y el abogado Damián Laitán, caso contrario deberemos esperar la nueva orden; el último grupo, quien arrimará los bultos más pesados seremos, el rubio Julio Torrado y yo.
Una gruta, lugar que invita a pensar e imaginar, es la morada donde yacen soñados misterios.
Esta mañana de hoy es muy radiante, son las seis pero parece que fuera el medio día.
Gómez primero y Fleitas de tras, han de iniciar el descenso; cuando el jefe sumergió los piernas en la gruta hasta la altura de las rodillas, recién allí se equiparó en la estatura del muchacho.
Aquí arriba predomina el silencio, solo se escucha la voz de Luisa Marisa, la coordinadora del campamento. Estamos ensimismados, algunos rezando, otros como yo, tratando de memorizar las instrucciones.
Han colocado una pantalla gigantesca, que va siguiendo los movimientos de quienes están en la gruta, inclusive Gómez por escasos momentos ofrece un escueto relato de lo que va sucediendo. El descenso es lento más que nada por miedo a resbalar, si bien hemos hecho un leve estudio de las condiciones, no resulta sencillo moverse con soltura, las paredes son una mezcla de piedra y granito, tierra negra y arena, que por momentos se hace en extremo irregular.
Los primeros cien metros llevaron una hora de tiempo, Gómez impaciente amenaza con dar la vuelta como habíamos acordado, según sus estimaciones el agujero presentará las mismas características durante todo el recorrido, que vaya a saber de cuantos kilómetros está compuesto, o sea que resultaría inútil y muy peligroso no hallar una plataforma que oficie de escenario donde poder hacer pie. Pero el chiquitín de su compañero insiste a viva voz continuar algunos metros más, cosa que es llevada a cabo en el más absoluto silencio.

De pronto un fuerte alarido de gran alegría invadió el campamento, son gritos exultantes de ambos expedicionarios, que han encontrado un recoveco de importantes dimensiones a un costado del hoyo principal. Luisa da aviso de lo sucedido y en el campamento de arriba estalla el jolgorio.
Con la alegría suenan campanadas de a millones, los cuerpos se ensanchan, el pecho se hincha, las almas se redimensionan, la naturaleza humana se expresa exultante.
Inmediatamente después de encontrado el predio subterráneo, al costado del túnel principal, de unos cinco metros de largo por tres metros de ancho, de a uno por vez, con espacios de tiempo de diez minutos, nos fuimos sumando a la conquista del lugar. Yo por ser el menos veterano en la profesión de escalar montañas, por lo tanto en el uso del instrumental que empleamos, participo pero sin llevar cosas de gran valor en la mochila sino más bien alimentos.
Como nota saliente fue que encontramos granos de maíz que hube arrojado junto con el resto de las pertenencias.

Como aun quedan bastantes horas por delante de éste día plagado de gloria, amen que aquí no existe luz natural, por lo que todo resulta una noche eterna, además por estar exultantes, insuflados de esperanzas nuevas, renovadas ilusiones que aumentan las ganas y las fuerzas, decidimos que una nueva excursión reanude el descenso para así ver si encontramos algo nuevo.
Entonces es que Julieta y yo mismo, nos aprestamos a iniciar la segunda etapa; mientras el resto preparan el nuevo campamento.
No exagero si afirmo, haciendo un cálculo estimativo, que nos sumergimos unos setecientos metros sin encontrar nada interesante, hasta que recibimos de parte del jefe la orden de regresar.
Cuestión que a las veinte horas del mismo histórico día, estamos nuevamente el grupo completo reunidos en la caverna. Habiéndose armado tres carpas donde iremos a dormir en grupos de dos.
En cuanto al alimento, este debe ser liviano para lo cual hicimos una sopa tipo caldo, y abrimos unas latas de atún que comeremos con galletas y limón.
Desde aquí podemos apreciar los reflejos de una gran fogata de arriba en la superficie y escuchamos la música que acompaña la celebración.
Luisa Marisa, como encargada, nos va relatando lo que allí arriba sucede, está sucediendo, así como nos informa que salimos al aire en todos los noticieros del mundo; que no dejan de repetir que en la casa de un artista, luego del pasado terremoto, ha quedado una enorme grieta en la tierra, quien incluso se a tragado a su concubina María Rosa, con el resto de los animales, la casa, el automóvil, gruta a la que hoy han descendido y con mucho esfuerzo intentan dominar.
No es mucho lo que hemos conseguido, pero ahora transitamos por una verdadera odisea donde el mundo entero está en vilo, con los ojos puestos en nosotros. Todo es muy triste pero a la vez subyugante, ahora sueño con encontrar a mi novia, aunque sé perfectamente que es improbable.
Cuando tomo la sopa luego puedo llegar a ser un super hombre, pero no me pidan que mientras la ingiero no haga ruido con la cuchara en la boca.

Soy un tipo meticuloso y por mi cuenta me puse a querer escuchar por las paredes de la caverna, en un especie de ritual donde intento aplicar los conocimientos que tengo sobre mi cuerpo, que consiste en unir lo que corre por mi imaginación con las emociones que rigen el presente, y así asir un conocimiento pleno. Dicho de otra manera intentar ver más allá de mis ojos, ya que lo que está lejos es como de otro tiempo, entonces intento adivinar que habrá detrás de estas tres paredes.
Lo primero que me sorprende es que en la pared del fondo, donde estimo mayores posibilidades de éxito, de encontrar algo extraordinario, escucho precisamente como si corriese un río, o si hubiera una fuerte corriente de aire, y cuando golpeo con los puños siento pánico, que todo se irá a desmoronar, a caer sobre nosotros. En cambio en los lados restantes de los costados mis golpes de puño rebotan, suenan secos, sin devolver algo de gracia que pueda destacarse, con la mente que sigue su curso normal como queriendo retomar el argumento de hace instante donde imaginaba que estamos frente a un oasis.
No ignoro que las ilusiones, el anhelo, los deseos reprimidos, se pueden infiltrar en este momento tan particular, pero también me sé muy objetivo, que no me engaño fácilmente, además tengo una gran corazonada.
Julio Torrado está hablando en forma de discurso, de que el gobierno actual tiene una estrategia política, de querer hacer que las generaciones presentes pasen desapercibidas, cuanto más cantidad de generaciones tanto mejor, debido a que en gran parte de la población existe gente de derecha que aun aprueba la represión, el genocidio, que aquel que intente cambiar las cosas en forma violenta sea castigado sin la aplicación del reglamento de la propia constitución; o del terrorismo a quien le desean el peor de los castigos fuera de los estratos de la justicia. Intentando someter al pueblo a portarse más que bien (cuando se observa todo lo contrario) quedándose en sus casas amenazados por la inseguridad. Entonces claro el trascurrir del tiempo de ésta soberbia manera irá depurando de las entrañas el fuerte carácter de la sociedad.
Sobresaltado lo interrumpí solicitando un minuto de atención, casi suplicando que por favor me escuchen; cuando en realidad mis palabras van dirigidas hacia Gómez. Intento hablar de manera acelerada para no perder la oportunidad, rogando por que se me considere la moción, que sería cavar un hoyo en la pared del fondo. Para mi sorpresa Daniel Gómez asintió prometiendo que mañana en vez de continuar bajando por la grieta, primero iremos, como dijera yo, a cavar un boquete.
Siempre que creo que he llegado, la vida me señala que tenga paciencia pues todo es una ilusión permanente. Por ello en esta oportunidad voy a masticar la ansiedad y a escupir la idiotez.

A tan solamente una semana del gran terremoto, cuando aun los cadáveres están apilados en la alcaldía, se sucedió un segundo, que en realidad es una fuerte replica de siete grados, que ya habían anunciado como posible de que ocurra y que por consiguiente estábamos esperando. En ese preciso momento una mujer anciana, que fue confundida con un hombre joven, permanecía en el puente que atraviesa la grieta; entonces luego del tremendo sacudón se precipitó al vacío. El contingente de expedicionario que estamos realizando la excavación en el foso, pudimos ver un bulto pasar a gran velocidad pero no obtuvimos la reacción suficiente como para ofrecer una ayuda concreta. Alcanzamos a escuchar la palabras: Adiós, en señal de despedida, más otras alusivas a la culpabilidad por su propia negligencia. Repito nadie pudo hacer nada para evitar la tragedia.
Entonces fue que Gómez decidió emprender el regreso, con la promesa de pronto volver a continuar con la excavación.
Trascartón, estando en la superficie, unas personas, autoridades pertenecientes al gobierno central de Mendoza, se presentaron a querer conversar conmigo, por motivo de resolver un problema acuciante, referido a que los cadáveres en descomposición que hay por todo el continente del territorio provincial son una amenaza concreta posible de desencadenar una peste indeseada. Por consiguiente me solicitan autorización para arrojarlos por la gruta.
Obviamente que no puedo ni pienso negarme, y hasta agradesco la deferencia. Lo que arrojó como resultado que en breve le dieron curso al proyecto.
Es interesante imaginar la peregrinación que hubo como resultado de tantos facoteres en pugna, que duró unos tres días ininterrumpidos de una desfilar insesante del pueblo Cuyano, de parientes, donde se depositaron mil seiscientos noventa y dos cuerpos, con sus respectivos homenajes por parte de los allegados y seres más queridos.

Recién a los quince días del multitudinario funeral, cuando la tierra se ha calmado de aquellos agites a los que nos tenía acostumbrados, parte de aquel legendario contingente de seis, regresamos a continuar con la excavación de la caverna.
Somos solamente cuatro los que pudimos regresar, prácticamente hemos descartado continuar con el descenso.
El entusiasta Daniel Gómez, ahora alejado de su cargo de jefe, pues ya no tiene más sentido sostener rangos jerárquicos, para pasar a cumplir el de amigo mío pero a porcentaje, por si acaso llegásemos a encontrar un pichón de dinosaurio; el multifacético Julio Torrado, a quien la arcilla tiñe sus cabellos de castaño, la desairada mujer que no encuentra otro sitio mejor que la naturaleza, y yo, seremos los encargados de llevar a cabo ésta misión de carácter vocacional.
Apenas comenzada la obra, pudimos notar que la tierra tiene vestigios de humedad, aire entreverado con las partículas, y si bien no estamos muy a lo hondo, y de cerca corre un arroyo, igual nos da a sospechar de que el suelo presenta irregularidades propias de un panorama de carácter heterogéneo. A medida que avanzamos con el boquete del túnel el suelo se desmorona sobre nuestras espaldas. Pero sin embargo notamos que hay algo duro en el centro, que los escombros tienden a caer sin respetar una linea directa, sino más bien como haciendo curvas en el trayecto en contraposición a la ley de gravedad.
A pico y pala vamos avanzando con ligereza, justo en dirección de la cabaña que estoy construyendo, pero una fuerza dura nos obliga a torce el rumbo en forma semicircular.
Hasta que de pronto rompimos el límite final del misterio. Haciéndose presente la verdad oculta. Y es ésta que tiempo lejano ha caído un meteoro. Que mi casa está colocada justo sobre el gigante de roca estelar venido del cielo.
Según los primeros cálculos el meteoro mide veinte metros de diámetro o algo más. Al momento solamente hemos podido hacer un túnel en derredor de la mole.
No obstante me siento deshecho, con la moral sobre el barro, transido, muy angustiado; obstinado en querer tapar la gruta con la pena que nos arrastra.
Sin dudar este meteoro está aquí oculto, sepultado hace miles de años. Alrededor de su cuerpo la tierra sigue blanda, avanzamos con mucha rapidez con dirección a la superficie. Estamos eufóricos, locos de alegría y de ambigua felicidad.

Pero a medida que vamos socavando, hurgueteando su contenido, como jugueteando sobre el material que lo circunda; sin para nada imaginar este desenlace, estamos destapando otro tesoro de mayor importancia, una mina de diamantes.
Puesto que primero hallamos una piedra que llamó nuestra atención por su color verdoso, después otras más, hasta toparnos con el centro del yacimiento, de suponemos con fundamento que es de diamantes. Que sería una zona que bordea el meteoro donde se ha acumulado gran cantidad de este noble material.
Los cuatros estamos festejando con abrazos y frases esperanzadoras; y si bien todos reconocen que el millonario cargamento me pertenece, nadie ignora que todos seremos ricos y muy famosos.
Por mi parte, hace instantes atrás soñaba con encontrar a mi novia desaparecida, que por fin regresaba, espléndida, por un túnel del interior del planeta, en el propio Ford Fairlan, como una estrella de Hollywood, con sus anteojos negros y el cabello sujetado con un pañuelo de seda.
Juro que por más dinero que tenga, o tiempo que transcurra de vida afanosa, nunca habré de olvidar el amor que le tuve, ni de alimentar el recuerdo para que como sea siempre esté en el presente mientras yo viva.

De inmediato dimos parte al campamento de arriba, donde hoy no es ni la sombra del anterior, aunque si continúa la peregrinación por los muertos, pero que igualmente estalló en júbilo, mezcla de desazón y simpatía. Quienes de inmediato dieron parte a la prensa, noticia que corrió por el mundo como sobre una mecha de pólvora.
No es saludable hacer resúmenes cuando una dicha enorme acompaña al destino, pero si en el medio se ha pegado una página negra, hay que ponerse bien serios y así equiparar todo lo que tenemos con lo que nos falta.

La cabaña que comencé a construir antes de los hechos posteriores al primer terremoto, estaba enclavada sobre el propio meteoro, justo arriba del coloso a pocos veinte metros, que finalmente resultó medir cuarenta y cuatro de circunferencia, un enorme baluarte que ahora exhibo al frente de la estancia, apoyado sobre una mano que lo sostiene.
Y no bien despejada la zona donde estaba el agujero quedó al descubierto el lugar donde descansaron los diamantes por siglos. Que al extraerlos llegaron a sumar quinientos kilos de piedras preciosas.
Una verdadera fortuna que supe repartir proporcionalmente entre el grupo de expedicionarios, el gobierno, y la empresa encargada de la explotación del mineral.
Pero antes debo de hacer mención que los muchachos quedaron muy disconformes con la división del tesoro, con lo cual la relación se vio totalmente deteriorada; aunque desde un primer momento estuvo bien clarito quien es el dueño del territorio, no obstante resultó imposible hacerlos entender mi postura, más no estando en mis intenciones regalar lo que me pertenece todo terminó a las patadas, inclusive habiendo amenazas de juicios; cosa que mis abogados estiman improcedente. De todas maneras cada uno de ellos pudo comprar una vivienda, un automóvil, además de acceder a una suma interesante en una cuenta bancaria.
Por mi parte, además de la parcela de tierra que me hubieron asignado, cuando por primera vez acampé en este lugar, pude adquirir quince mil hectáreas, siempre en el mismo sitio, inclusive estoy construyendo, a todo vapor, los cimientos de lo que mañana será un observatorio espacial, una gran losa de forma circular, con un enorme estacionamiento en el subsuelo, donde arriba ha de ir un edificio cuadrado con un enorme telescopio saliendo del techo corredizo.
Sumado a que he sembrado la tierra con vid, perteneciente a la bodega Santa María Rosa, también de mi propiedad.
Un cuanto a la gruta, la hube tapado hasta los primeros cien metros, por precaución y para enterrar los malos recuerdos, pero hice también construir, como una mausoleo con una estatua de bronce también dedicada a mi novia.
Vivo acompañado de gente agradable, me asiste una veintena de sirvientes y campesinos muy bien educados, con cual me alcanza para no sentirme solo. No tengo ningún amigo, solamente compañeros de rutina.
Evito enamorarme a primera vista, pues aparte manejo tantos proyectos que juntos han de cubrir mis días, hasta que me alcance la muerte; bocetos que han de configurar mi sentimiento más perdurable en la acción de llevarlos a cabo, junto con mi amor por la patria que se ha de traducir en obras para el futuro.
No tengo parientes, ni herederos, seré el último de una familia poco numerosa en dejar huellas en su nombre, más luego de seguro me iré esfumando de a poco detrás del gran esfuerzo por sobresalir.



Texto agregado el 24-03-2010, y leído por 141 visitantes. (0 votos)


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