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Todas las noches deja programada la TV para levantarse a las 7 de la mañana. Se enciende a esa hora, pero Nico, jamás se levanta a la hora. Le gusta quedarse regaloneando con sus peluches, entre las sábanas de leopardo de su cama. Son las 7:15 y nota que está atrasado. De un salto, corre hacia el baño, donde se desviste con rapidez y se ducha. Usa el shampoo que promocionaba la Penélope Cruz, excusándose de que era el más económico que encontró en el supermercado. Sale de la ducha a las 7:30. Va a la cocina, enciende el hervidor eléctrico con agua suficiente para el "Gran Tazón". Calienta el pan en la tostadora y le pone dos láminas de queso gauda, porque le gusta el pan con mucho queso. Salta el pan, lo pone en un plato y lo lleva al microondas, porque le gusta el queso bien fundido. El agua hierve, llena el "Gran Tazón" hasta la mitad y deja el resto del agua sin usar. Lo llena hasta la mitad, porque luego de ponerle el saquito de té y disolverle el azúcar, le gusta llenarlo con agua fría del grifo. Lo lleva al comedor, mientras pasa por el dormitorio de su madre, a quien ve durmiendo en paz. No quiere despertarla, porque anoche estaba cansada de tanto trabajo en la casa y cuidando a los niños para los que fue contratada. Come su pan sin beber el té. Se termina el pan. El "Gran Tazón", sigue lleno. Se asoma al ventanal del estar y mira a los perros pulguientos de la calle. Les golpea el vidrio para despertarlos, quienes lo miran con un aspecto de "¡Deja de hincharnos las pelotas, pendejo de mierda!", aunque él cree que le están tratando de decir "Dame un pedazo de pan, porque me estoy recagando del hambre". Deja el "Gran Tazón" con té hasta la mitad. Nunca termina de beberlo completo. Sale apresuradamente, olvidando despedirse de su madre, por lo que se devuelve y la besa en la mejilla, ante lo que su madre le dice "Que te vaya bien, hijo. Que Dios te bendiga y te guarde". Sale caminando, nuevamente, mientras escucha música con sus grandes audífonos. Se pone también sus lentes de sol, porque la fotofobia que le aqueja, hace que le duela la cabeza con mucha luz en sus ojos. Llega a la Avenida San Luis, donde espera el microbús que nunca pasa. "Por la rejodida mierda", piensa Nico. Al ver asomar un taxi, lo aborda y le pide que le lleve hasta Tobalaba. Una vez ahí, se baja, camina unas cuantas cuadras hasta la escuela, donde el inspector lo mira con cara de pocos amigos. "A la sala", le dice con un tono de voz muy poco amable. Nico, de mala gana, camina hasta la sala, donde la clase de matemática ya ha empezado. Toca la puerta. El profesor, con gran ironía, le dice "¡Buenos días!", poniendo la "Carita de viejo verde maricón y chupamedias" como lo definiría Nico. Entonces, es cuando entra a la clase y se escucha un azuzeo generalizado de sus compañeros, al que Nico responde con una sonrisa avergonzada. Pasan las horas hasta el recreo, donde Nico se junta con sus amigos de siempre. Así pasan las horas, clase a clase, recreo a recreo, hasta el término de la escuela. Es cuando Nico, se devuelve con sus lentes de sol y sus audífonos gigantes, oyendo música, hasta el paradero de los microbuses. Ahí Nico, espera el bus, mientras una pareja de sus compañeros se besa a unos metros de él, mientras unos niños más pequeños, juegan con los riegos automáticos del parque. Nico, ve el bus aproximarse. Lo hace detenerse. Se detiene, le abre las puertas, sube, pasa su tarjeta por el validador y le sonríe al conductor quien lo mira con la misma "Cara de viejo verde maricón y chupamedias" que su profesor de matemática. Pasa de largo, hasta una de las puertas. Ahí se aferra a un pilar de fierro del microbús y empieza a zapatear un tema de Los Beatles. Sigue todo el camino, hasta la estación de Metro Macul. Ahí se despide de sus compañeros y toma el otro microbús que lo llevará a su casa. Ahí sube y observa a la gente. De vez en cuando, de cuando en vez, Nico encuentra una muchacha guapa a quien le fija los ojos disimuladamente (Él la mira cuando ella no lo mira, y ella lo mira, cuando él no la mira). Entonces, llega a su destino: San Luis, nuevamente. Ahí se baja y camina hasta su casa, donde lo reciben nuevamente los perros. Esta vez, moviéndole sus colas, tratan de entrarse a la casa, como diciendo "¡Puta ahueonao, danos comida, nos tienes cagaos de hambre!", aunque Nico, cree que es la felicidad de verle llegar. Así, saca medio pan y se los tira a los perros. Saluda a su madre y sube las escaleras hasta su habitación. Enciende la computadora, se conecta a la Internet, abre su navegador, borra su historial, porque lo tiene lleno de páginas pornográficas. Mientras se borra la información, abre su sesión de MSN. 5 ventanas de contactos hablándole, se despliegan automáticamente. Va nuevamente al navegador y tipea www.loscuentos.net. Ingresa a la web, poniendo sus datos y se pone a escribir un texto sobre su vida, porque no tiene vida ni nada mejor que hacer.

Texto agregado el 10-03-2010, y leído por 142 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
10-05-2010 Eran geniales esos dias cuando sólo uno se preocupaba de llegar temprano, nada más... lo extrañará, señor nico, lo extrañará.. sobretodo el escuchar música en paz en el metro [después eso se transforma en el único espacio para uno mismo] - le dejo 5 . Parasito
12-03-2010 Excelente, muy bien descrita la rutina del muchacho, lo relatas ameno y fácil de leer, además con mucha hilación y consistencia. ********* Amira avefenixazul
12-03-2010 Genial. Un día en la vida de un adolescente sin más responsabilidad que prepararse el desayuno en el Gran Tazón. zumm
 
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