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Dolores" se llamó mi tía, quien actualmente yace bajo suelo.

Su recuerdo aún lo tengo diáfano, a pesar de los cinco años que pasaron desde que ella cayó fulminada por la repentina noticia que recibió. Al evocarla en el recuerdo, su imagen me provoca una sonrisa, pues era tan graciosa como enérgica, tan insólita como valerosa ante la adversidad de la vida.

Así fue mi tía a quien toda la muchachada la llamaba Lola. Desde joven siempre orientó su vida hacia un sólo objetivo. Quiso siempre tener mucho, mucho dinero.

Le tenía un miedo espantoso a la miseria.

- "La pobreza adormece los ánimos, la riqueza, en cambio, me levanta la moral y me da energías para hacer lo que me dé la gana", solía decir cuando estaba en todo el esplendor de su juventud.

Sigamos sus pasos para ver qué fue lo que hizo para lograrlo.

Primero que nada, ella pensó que cualquier negocio requería dinero y se propuso tenerlo a como diera lugar. Juntó sus primeros ahorros, valiéndose de los préstamos que cada familiar le hizo, a fuerza de tanto ruego. Ningún sobrino se salvó de escuchar la misma tonadita:

- Sobrino, préstale a tu abnegada tía 100 verdes. Recuerda, desde que empezaron a salirte esos dientes de leche yo te prodigué de frutita sabrosa y de heladitos. Vamos, no seas tacaño, ahora necesito ese dinero....

Con esa jocosa táctica llegó a juntar lo suficiente y todo lo invirtió en un negocio que para ella significó su "gallinita de los huevos de oro". Nunca le invadió la soberbia y fue fiel a su palabra. Con el tiempo, devolvió a cada sobrino el préstamo que le hicieron y todavía con intereses.

Decidió alquilar una casona ubicada en plena avenida Arenales, en el conocido barrio de Lince. Tenía 20 habitaciones, 8 baños, dos cocinas, dos patios, cinco garajes, un amplio jardín y una reluciente caja fuerte escondida en su "cuarto secreto". Este cuarto era su lugar preferido. Era el único sitio en donde podía contar con tranquilidad y sin testigos, los dólares que diariamente recibía.

Ella tuvo la genial idea de dar pensión a los chicos que venían de provincia para estudiar en la universidad, ubicada al costado de la casona. Lo curioso es que en cada cuarto metía como a ocho estudiantes que parecían sardinas nadando en aceite de oliva. Ya se pueden imaginar cómo era el ambiente de la casa, era un hervidero de personas que entraban, salían, corrían, comían o, simplemente, descansaban en la salita de espera. Parecía la sucursal de la misma universidad.

A mi tía le fascinaba que la casona estuviera llena de jóvenes. Los miraba como si fueran de su propiedad.

- !Cuántos más chicos queden atrapados en la casona, más platita entrará en mi caja fuerte!.

A mí me llenaba de gracia cuando empezaba a contarme las diversas historias de los chicos de la pensión. Los sobrinos quedábamos admirados de la forma en que ella estaba cumpliendo el sueño dorado de su vida.

Pasaron diez años, cuando a mi tía se le presentó una gran oportunidad.

- Doña Lolita, -le dijo don Casimiro, el dueño de la casa de Lince- estoy viejo y ya no estoy en condiciones de venir cada mes a cobrarle la renta. No tengo esposa, ni hijos ni perro que me ladre. He decidido vender la casa en noventa mil dólares. Es una ganga ¿quisiera comprarla?

Sin pensarlo dos veces, mi tía brincó de su asiento como un resorte, y le dijo "gracias por su preferencia. Se la compro, don Casi. Sólo le pido me dé un espacio de dos meses para darle esa cantidad".

-Encantado, doñita, yo espero.

El domingo en que mi tía invitó a toda la familia para jugar a los carnavales, nos puso al tanto de la oferta que el propietario le hizo. Ella, pronto sería la nueva dueña. Estaba radiante de felicidad.

La primera en expresar su contento fue Yashira, la más engreída de sus nietas, por ser la mayor. Estaba recién casada y admiraba a su abuela.

- Algún día seré como ella. Pondré el mismo negocio, tendré un cuarto secreto en donde pondré una montaña de billetes.

Yashira tuvo la idea de buscar una casona y sacar ventaja de la experiencia de su abuela para aperturar un pensionado.

- Abuela, ¿me ayudarías con el pensionado?. Quiero empezar lo más antes posible. Ya encontré la casa y es tan grande como la tuya.

- Yashirita, tu sabes que eres mi nietecita y estoy para darte mi mano, mi brazo y todo lo que de mí quieras tener.

- Veo que puedo contar contigo. Lo primero que requiero, es pagar la mensualidad, la garantía y el mobiliario.

En ese instante mi tía Lola entró a su cuarto para sacar el dinero que su nieta le pedía y se lo entregó. Era parte del dinero que tenía reservado para la compra de la casa. Pero no importaba, pronto recuperaría dicha cantidad. Acordó con Yashira que en dos meses se lo devolvería. No podía fallarle a la nieta de sus amores.

Yashira le dió un toque de elegancia al negocio. Marcó la diferencia con la populosa casona de su abuela. Ella cobraba el doble de lo que usualmente se pagaba por una habitación.

- Todos tienen que pagar por pisar el reluciente suelo de mármol que me ha costado un ojo de la cara.

Esto hizo que la misma Yashira caminara muy altiva, con la quijada en alto, mirando hacia las nubes, alucinando ser la misma ex Lady Di.

- Yashira, veo que te va excelente. Lo que no me gusta es el airecillo que te hace ver como un pavito real. Baja la guardia, muchachita, que las torres mas altas pueden caerse cuando menos lo esperas.

- No pienses mal, abuela. Lo que sucede es que ahora soy una empresaria. Esa es una forma de imponer mi autoridad y que todos me respeten.

- Ba..!qué tontita!. El respeto no se gana con posturas, sino con buenas acciones. Así de sencillo.

Mientras tanto, el plazo de la venta estaba por cumplirse. Para no esperar hasta el último minuto, mi tía Lola le recordó a Yashira -mi prima-, que no olvidara devolverle lo prometido.

- Abue, Lolita, yo siempre cumplo mis promesas. Te pago este domingo, después de la misa, ¿si?

- De acuerdo. No me falles.

En la mañana radiante del domingo, toda la familia fuimos a escuchar la misa en la iglesia María Auxiliadora, en Miraflores. Yashira fué la única que no estuvo presente.

Mi abuela, de inmediato, la llamó a su casa, pero la voz de la grabadora le anunció "lo siento, ése número ya no pertenece al usuario".

El ánimo se le vino por los suelos. Estaba con el tiempo que se le vencía y tenía que encontrar a su sobrina. Decidió ir a casa de Yashira y enfrentarla directamente.

- Yashira, me indigna que no hayas cumplido con lo que acordamos. Te hago un favor, te saco de un apuro económico y encima me evades suspendiendo tu teléfono. Eso ya es el colmo. !Me pagas ahora mismo lo que me debes!.

Yashira tuvo la despachatez de decirle, sin mostrar un mínimo de pena

- Abuelita, ¿para qué quieres tanto dinero?. Yo estoy empezando una actividad próspera, todo lo que me diste lo tengo invertido. Saca lo que puedes de tus ahorros. En todo caso, tendrás que esperar a que aumente mi clientela, de aquí a medio año más.

A pesar de la insistencia de mi abuela, don Casimiro no pudo esperar más. Se le presentó en el camino un mejor postor que le ofreció 100 mil por la casa y la vendió.

Todos nos quedamos consternados por el momento de angustia que aquejaba a nuestra tía. Lo peor fue cuando llegó el día en que desocupó la casa. Todos estuvimos acompañándola y miramos por última vez cada rincón en donde logramos atesorar tantos recuerdos...

Nunca olvido cuando vi a mi tía llorar por primera vez, de impotencia. "Ramonita, mi linda sobrinita, mira lo que me ha pasado por ser puro corazón. !Tengo que irme con todas mis cosas a otro lado!. El negocio de tantos años se me evapora de las manos. !Cuánta pérdida, dios mío, cuánta pérdida!.

Entre todos los sobrinos logramos juntar el dinero suficiente para trasladar a mi tía a vivir en una pequeña casa alquilada, Ella hacía lo posible para recobrar sus fuerzas e iniciar el mismo negocio, pero no fue igual. La inflación del país hizo que los alquileres estuvieran por las nubes y hizo imposible para ella conseguir una casona como la de Lince.

Vivió ya sin el bullicio de los estudiantes pensioneros. De la casa emanaba un olor a tristeza comparada con la de un cementerio. Todos lamentábamos lo sucedido y tratábamos de consolarla de alguna forma, sólo con nuestra presencia.

Una mañana mi tía se encontró con don Casimiro en el mercado de frutas.

- Hasta ahora no comprendo cómo tan próspero negocio vino a caer en manos de su nieta. Siempre pensé que usted, tan entusiasta para el trabajo, sería la nueva propietaria y no ella.

- Me dice, acaso, que fue mi nieta quien le compró la casa de Lince?

- Claro que sí, doñita.

De inmediato, mi pobre tía, por unos instantes, quedó paralizada de la impresión. Sus fuerzas flaquearon y su corazón se paralizó, sin que hubiera forma de reanimarla a la vida. La muerte se la llevó, dejando una mueca de desilusión en su rostro.

La ingrata sorpresa nos embargó a toda la familia. Nos dejó un vacío profundo y una pena que ha costado superar.

Pasaron los años y Yashira no pudo controlar el negocio. Su "cuarto secreto" se llenó con un cerro de facturas que ella no pudo afrontar, debido a la inflación y a su altivez.

Luego de estar en la cresta, se derrumbó como un alfajor.

Ahora, ella se dedica a repartir pan a domicilio, montando un triciclo destartalado. Cuando ella se detiene en un semáforo rojo, aprieta los dientes recordando la frase que su tía le dejó como lección: las torres mas altas pueden caerse cuando menos lo esperas.

Ella cayó y ahora acepta, con resignación el sitial que el destino le puso.

Texto agregado el 19-11-2009, y leído por 377 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
08-12-2009 Con sencillez nos adentra en un mundo cotidiano. El caso lo desgrana en todas sus partes: cáusas y efectos. Te felicito. peco
25-11-2009 Genial!! Que más después de eso?? He disfrutado el texto. Felicidades. Un abrazo. CARLOSALFONSO
25-11-2009 Lo que rápido sube, rápido baja. Un gusto leerte. Azel
24-11-2009 ¨Soberbio¨ tu relato, me ha fascinado pasearme por aqui y disfrutarlo, hay detallitos que seguramente corregiras, pero es formidable, si ves fallas ortograficas, sorry, esta pc es made in E.U mis cinco estrellas JAGOMEZ
23-11-2009 Sí, no se debe andar con falsas posturas, ni principios superficiales en la vida; ésta se encarga de cobrarlos el día menos pensado. Hermosa y conmevodora historia con tremenda filosofía de vida. Te felicito: es una lección para la esencia humana. Un abrazo. Sofiama
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