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Juan lloró


Enamorarse
Cuando uno no acepta un NO como respuesta final aún conserva la posibilidad de cambiar la realidad. Suele funcionar con casi todas las cosas, aunque se da muy poco o nada en el amor, que en ese punto se parece a la muerte. Simplemente hay que aceptarlo, duele, pero es así. Cuando alguien no te ama es inútil que le pidas que te acompañe.

Si… fácil de escribir, pero a Juan que tiene dieciséis años no le sirven las palabras pegadas con cinta en el monitor, por eso despegó el papel y se lo guardó en el bolsillo. Cuando uno no acepta un NO como respuesta final, y le dio resultado, con la obstinación que sólo se tiene en la adolescencia, la del comienzo, y por no aceptar ese NO consiguió debutar antes que su mejor amigo Marcos, un hincha de Racing fanático, única herencia familiar. También aprendió a manejar la camioneta de dueño del almacén que no se la presta a nadie, ni a su hijo, pero Juan… Juan insiste, no acepta un No… y es tan buen pibe.
Suele… Suele funcionar con casi todas las cosas, aunque se da muy poco o nada en el amor, que en ese punto se parece a la muerte. Simplemente hay que aceptarlo. ¿Por qué? Se lo preguntó tantas veces ese domingo, ya no recuerda cuantas, y que es la muerte a los dieciséis, se va a cagar, si es parecido a la muerte estoy muerto y como no lo estoy porque puedo comerme una milanesa, y puedo comerme otra si quiero, y puedo echarme un meo en el patio cuando llueve y ver como se suman los colores sobre las baldosas, como no estoy muerto y me importa un huevo lo que diga ese boludo que escribió …Simplemente hay que aceptarlo, duele, pero es as… no, no lo acepto.

Eliana es una morocha divina, piernas larga, una sonrisa caliente, los ojos le lloran un poco cuando se ríe y se ríe seguido, está feliz, Juan la ama profundamente y ella lo sabe, ella lo ama también. Él la hace reír, Aldana es la mejor amiga de Eliana, Juan se acostó con Aldana, va, se acostó, es sólo una manera de decirlo. La primera vez de ambos, fue en la casa de las melli, y todos se dieron cuenta, hasta la mamá de las melli. A María le encanta saber que entre las paredes de su casa hay vida sexual, es una loca del sexo, los chicos no lo saben, o lo toman en joda, ella los toca un poco en juego, los roza, otro poco para sentir en sus pechos la juventud de los pibes, y cuando se da, cuando alguno logra pasar la barrera de los besos, los ratones caminan durante una semana por la cabeza de Maria y el negro contento, pasa una semana de locos. No los espía, ni les saca fotos, nada de eso, los conoce, son los amigos de sus hijas, les hace la leche, una torta, les compra alguna cerveza, y con sólo verlos y saber que a escondidas y ante los ojos de todos tienen sexo en algún rincón de su casa le alcanza. Y los pibes felices, y los padres tranquilos porque no se tienen que preocupar por ir a buscarlos a los boliches, están en la casa de la gorda que hasta les hace de desayunar cuando sale el sol y los alcanza hasta la casa, total como dice ella tiene que ir a comprar al mayorista. Mentira, si el mayorista no abre los domingos, ella los disfruta hasta el último minuto, le mira los ojos, los movimientos perezosos de la mañana después de haber tenido sexo, el sexo de las primeras veces, sin vicios, enamorados, prometiendo eternidad, tomando distancia, Maria disfruta esas contradicciones, esos comportamientos, los ve y los ama ella también, y se hace más joven, y se masturba a solas cuando vuelve de repartirlos.

Y Juan… Juan le encanta, y a quien no le encanta Juan, un cuerpo precioso, una cara perfecta, elegante, inteligente, decidido, le pasa el trapo a cualquier tipo y es un pibe, las melli no tienen oportunidad y ella lo sabe, ella tampoco la hubiera tenido a su edad, le gusta imaginarlo, le gusta saber que la primera vez fue en su casa.
Aldana es muy linda, está enamorada de Juan, obvio, y es impaciente, ella lo llevo al patio, ella había visto la película y copio la pose, él no lo podía creer, y en ese rincón al costado de la parrilla donde sólo entran dos cuerpos tuvieron su primera vez. María se dio cuenta, todos se dieron cuenta, pero callaron, a los pibes les da vergüenza. A Marcos le gusta Aldana. María pudo espiarlos, con dos ojeadas le bastó, él desnudo hasta las rodillas, ella de espaldas, parecían experimentados pero María era experta y supo que ese era el comienzo, ahora no podía salir al patio, veía la parrilla y los veía a ellos, y el negro no tiene veinte años, ni pensar en intentar copiarlos, no entran, ella ya probó y ni siquiera entra ella cómoda, y con el negro atrás menos, ni hablar de correr un poco la parrilla, es de material y pesa como un elefante.

Eliana lo supo ni bien cruzaron la puerta, se habían olvidado las cervezas que habían ido a buscar al freezer del fondo, todos se rieron y aparentemente entre ellos nada cambió, Aldana siguió siendo su mejor amiga y Juan… Juan… Juan no sabía que esa noche hubiera tenido una oportunidad, no de tener sexo con Eliana, ella nunca hubiera tenido sexo en medio de tanta gente, simplemente Juan podría haberle pedido de salir y después de unos meses, claro. Y se abrió la puerta, Marcos que lo mira a Juan, Eliana que la mira a Aldana, Aldana que lo mira a Marcos, Juan que baja los ojos, él que nunca. Duró un segundo, y se dijo todo.

¿Que hombre lloró su primera vez?

Juan

Juan lloró.

Así se despertó el domingo por la tarde, llorando. Y no porque le doliera, que por cierto le dolía y mucho, le latía, pum…pum….pum. Lloró por otra cosa, pero ¿cómo podía resistirse? ¿Acaso cayó en la trampa de Aldana?, no, Aldana lo quería simplemente, y bien, hizo lo que creyó que él quería, - todos los hombres quieren lo mismo- era una de las frases de cabecera de las chicas ¿era realmente así?, ¿él quería lo mismo que todos los hombres?, pensaba que no, pero los hecho… ahí, los hechos, Aldana era una buena chica, se conocían desde la primaria, Eliana entro en primer año, ¿y no sería ella la que quería y no todos los hombres? y Marcos, Marcos estaba frente a él, estaba a los pies de la cama cuando Juan despertó, su papá lo había dejado pasar ¿Cuánto hacía que había llegado? Tenía la radio prendida Racing jugaba contra Independiente. ¡Si sabía que a Juan el futbol no le importaba!, y esa cara, no la conocía, era la primera vez que lo veía así. A Juan no le afectó que Marcos estuviera ahí, seguía llorando y él su mejor amigo no le preguntaba: ¿Che boludo que carajo te pasa? No… escuchaba a Racing, evidentemente era su manera de llorar, porque a Marcos también le dolía, también le latía, le latían las manos, le traspiraban, pero conocía a Juan, era su mejor amigo. A Aldana le latía otra parte, sentía como si le hubieran clavado un palo, le dolían las piernas, no había nada de placer en eso, no podía pensar en Eliana, no quería ni pensar, ni ella ni en Juan. Eliana se despertó tranquila, había llorado antes de dormirse, además había tomado cerveza ella que nunca, pero no tenía resaca.

Y el domingo que no pasaba más, para ninguno, Racing le ganaba 1 a 0 a Independiente pero a Marcos parecía no importarle, Juan estaba más concentrado que él en las palabras del relator, y le decía: - viste un tiro libre, viste… - como si quisiera pagar algo haciéndose simpatizante, a ninguno le servía esa fayutes , pero era domingo, y a Marcos que se le había ocurrido ir a verlo, como todos los domingos claro, pero justo ese se podría haber quedado en su casa. Juan no lo iba a echar, pero quería que se vaya, quería llorar sólo.
Aldana no salió del baño en tres horas. Eliana no salió de la cama en toda la tarde, pasaba los canales. María limpio el desastre, las mellis quería hablar, no paraban de hablar, el negro dormido y ella, a ella también le latía, cuando miraba la parrilla ya no pensaba en comerse un asado, no.

Independiente empató ni bien comenzó el segundo tiempo, y Juan se puso peor, ese llanto que había menguado, reapareció exacerbado y acompañaba el relato. Marcos seguía sin escuchar y a los cuarenta y cinco penal, penal para Racing.
Al gol lo acompaño el abrazo, Marcos se acercó y lo abrazó fuerte, con bronca, lo lastimó, pero Juan se la aguantó, apretaba fuerte, muy fuerte, pero aguantó, los dos aguantaron y el abrazo se hizo más suave, ahora eran amigos otra vez, dos amigos que se abrazan por primera vez, y eso fue suficiente, y duró hasta que el referí dio el pitazo final, dos minutos de tiempo suplementario duró ese duelo. Cuando se soltaron Juan ya no lloraba.

El lunes en la escuela era como otro cualquiera, geografía, matemática, música, educación física, Aldana faltó. Juan sacó un papel arrugado del bolsillo del guardapolvo…Cuando alguien no te ama es inútil que le pidas que te acompañe… Eliana ya no lo amaba… pero él no iba a aceptar un NO como respuesta final, después de todo la frase decía que…Suele funcionar con casi todas las cosas, aunque se da muy poco o nada en el amor… con ese muy poco alcanzaba, había tachado la palabra nada, y qué si …en ese punto el amor se parecía a la muerte… después de todo nadie sabe muy bien de que se trataba la muerte y a los dieciséis la vida está fresca… Cuando alguien no te ama es inútil que le pidas que te acompañe… ¿Inútil? No. La Academia lo había podido ganar en el último minuto, él no era de Racing, pero bien podía empezar a serlo, además Eliana nunca le había dicho que No.

Texto agregado el 18-11-2009, y leído por 139 visitantes. (1 voto)


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