Este es un jardín zoológico pero en vez de con animales seres humanos, condenados por delitos aberrantes, de lesa humanidad, donde el público pude asistir y tener acceso a los internos (arrojarles galletitas) que sin excepción permanecen en celdas individuales.
Había mayoría de hombres hasta que las mujeres ingresaron en la política nivelándose esa desproporción. Son en total doscientas treinta y seis jaulas diseminadas por el predio en forma separada unas de las otras.
Con el correr de los años las bestias van cayendo en un estado de demencia que les hace hablar en voz alta, diciendo incoherencias, o directamente con idiomas inventados de los que mejor no opinar.
Por épocas, los dopan con poderosos tranquilizantes, más luego les cambian la dieta por inocentes sales de Litio; en su mayoría, cosa que finalmente provoca voluptuosas convulsiones. Por este motivo los contingentes de universitarios que acuden les arrojan flores de Mariguana, que los presos comen en vez de fumar. Otra. En una oportunidad, un visitante, desubicado, le hubo suministrado Decadrón inyectable con mucha Corticoide, a una pobre sentenciada por matar a sus hijos y arrojarlos por el retrete luego de haberlos descuartizado, con lo cual logro hacerla cantar por horas canciones de índole litúrgicas con una bella voz levemente impostada.
Una vez, en tiempos que hacían rememorar la dictadura represiva, otro joven universitario ametralló a decenas de presos, luego quitándose la vida.
Es decir es un lugar muy popular donde pasa de todo.
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