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Inicio / Cuenteros Locales / AXY / Una tarde, una noche y tú

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La brisa baña tu cuerpo suavemente sin hacer ruido. Sigues parada frente a mí, sigues de pie enseñándome tu sonrisa, bañándome con ella y haciéndome sentir especial. El lugar bajo la influencia de la luz tenue es muy romántico y el atardecer nos sorprende así, mirándonos muy de cerca, muy suavemente. La música sensual se revuelve con el humo, se revuelve con el color de las velas sobre la mesa desaliñada. La ventana sigue abierta y tú me sigues mirando. La cena le dio el toque mágico a la velada, la música no se detiene. No deja de tocar tu cabello, tu piel. Comienzo a percibir el dulce aroma de tu interior, el dulce aroma del calor que comienza a salir de tu cintura, sale y me invita, sale y me azuza, me azuza a estar cerca de ti, a acercarme a tus labios. La música le pone ritmo a nuestro acercamiento, tus dedos ya comienzan a tocar los míos, se sienten delicados e incitantes, el ritmo no se despega de nosotros. Mi cara se acerca a tu cabello y sientes mi respiración muy cerca de tu oído. Tu pecho, de un pequeño golpecito, se junta con el mío y el cosquilleo nos encrespa, nos une con fuerza sutil. Mis manos se hunden en tu cintura, se hunden en tu espalda que comienza a sudar. La música no se detiene, la música sigue y nos inspira, nos llena de deseo. Tú te mueves más y más sensual, rozándome ahí. Rozando mi piel con el calor de tu vientre. Mis labios se juntan con tus mejillas y las besan, las besan sin parar. Tú sientes su humedad recorrer tu cuello y tus hombros que caen desnudos ante mis dedos inquisitivos, se llenan de ellos. Tú me abrazas pegando tu cuerpo completamente al mío y sientes los músculos de mi espalda entregándose al capricho de tus manos, la música continúa filtrándose en medio de ambos y, siguiendo su ritmo mis manos acarician tu piel y te comienzan a desvestir. Mi boca se pega a tu escote y besa muy despacito la piel de tus senos. Los besa y los besa sin parar. Mi boca y mi lengua mojan la orilla de tus rosadas aureolas y una mano se desliza en esa línea abultada que comienza al término de tu espalda, enervándome. Tú me abrazas con más fuerza y acaricias mi cabello. Mi mano desabotona tus jeans que caen dejando ver la bellaza de tus piernas, las acaricio mientras la brisa entra y también te acaricia. Mi mano sube y baja al igual que mi boca sobre la piel de tu pecho, sobre la piel de tu cuello. Los botones de mi camisa seden ante los deseos de tus manos y tocas mi pecho desnudo mientras sientes el vigor de mi aliento sobre tu sensibilidad. Mi espalda suda y tus manos lo sienten. Quitas la camisa y me entregas tus dulces labios de miel. Mientras mis manos están abajo y te aprietan con fuerza desenfrenada. Nos besamos al mismo tiempo que las velas de la mesa se van consumiendo muy lentamente, no tienen prisa. Las copas con restos de vino en ellas reflejan el brillo de la luz, el brillo de la luz que emanamos, el brillo sensual y acelerado que nos envuelve y que nos hace sentir que fuimos hechos el uno para el otro. La aceleración de tu aliento aumenta al mismo tiempo que mi boca desprende cositas tiernas, cositas que se convierten en palabras de amor y romance para ti. Tu sudor salado me excita más. Entonces tu mano busca mi pantalón y se encuentra con el bulto que tiene enfrente. Con ansiedad la metes para encontrarte con mi desnudez, con mi sexo enervado por la diestra acción y suavidad de esa linda mano. Estoy listo para ti, estoy listo para tu piel, estoy listo para recibir la humedad de tu interior. Bajas mi pantalón mientras tus senos se siguen hundiendo en la fortaleza de mi pecho. Mis manos ya están entrando entre la suavidad de tu piel y los encajes de tu lencería. Después te levanto y en un movimiento automático tus piernas abrazan mis caderas. Sientes la fuerza de mi dureza empujando la entrada de tu interior. Camino hacia la cama, mientras tus caderas se mueven estimulando tu entrepierna que se siente caliente y deseosa. Y es cuando comienza a brotar el olor a ti, el olor de tu sexo, el olor de tu calor. Lo único que separa la unión de nuestra completa desnudez es una delicada tela que cada vez comienzan a desaparecer por la fuerza de la fricción mutua. Tu piel completa se une a la mía, y nuestros brazos se trenzan haciéndose uno solo. La música se ha detenido para dejar pasar al ritmo de nuestros jadeos y palabras de deseo. Y yo sigo moviéndome al ritmo que tú me marcas, al ritmo que tu respiración acompaña estimulando más y más la tierna cosita fuente de tu humedad. Se detiene el movimiento y mi boca comienza a bajar y llenar tu cuerpo, lo lame, lo chupa sin dejar pasar un solo centímetro. Ni uno solo es omitido. Llego a la tela suave, la tela delgada que me separa de ti y con los dientes la comienzo a quitar, la comienzo a deslizar piernas abajo. Mi nariz se encuentra con una isla de vellos, con una isla negra que brilla inundada con la luz lunar y mi aliento. Mis manos siguen atrás en un concierto de caricias suaves, amplias y redondas. Mis dedos se hunden en esa línea interminable que emite fuego lleno de virtud. Tus piernas se abren y toda la intensidad de tu aroma inunda mi interior. Tus pétalos están desbordados de rocío. Mis labios lo absorben moviéndose de arriba hacia abajo. Mi lengua hace movimientos rápidos hundiéndose en tu vagina, me muestra su sabor envuelto en un néctar eterno de amor. Te contraes, te retuerces acariciando mi cabello. Yo sigo disfrutando de tu sexo, del infinito placer que me da el tenerte cerca de mí, saboreando la sensualidad de tu feminidad. Estas empapada y comienzas a escurrir mojando mis labios. Tu abundante vellosidad se aferra alrededor de mi boca que se deleita al estar besando ese grato pocito. Que rico. Qué delicia. Mi boca absorbe todo produciendo sonidos húmedos. Tú ya me quieres adentro. Me jalas hacia ti. Un beso tierno se nos escapa. Después otro más profundo más febril. Mi dureza juega con tu entrada. La mueve la abre. Y ella lo moja. Lo lubrica. Te contraes poniéndolo justo en la puerta y ambos lo empujamos hasta que se introduce completamente haciéndote soltar un gritito de placer que solo fue percibido por uno de mis oídos. Ahí está. Adentro, es duro, es firme, es para ti, para que juegues con él, para que tu vagina lo acaricie, para que lo apriete y lo sienta entrar y salir con suavidad.
Las velas se extinguieron desde hace tiempo dejando ver y sentir el avance de la oscuridad que se presentó como nuestro cómplice, como nuestro escondite de amor y deseo, de amor y frenesí. La cama se mueve y también jadea, también grita. Ya no sabemos si somos dos o uno solo, ya no sabemos si el tiempo se detuvo o sigue su marcha, ya no sabemos si es un solo orgasmo o son miles de ellos. Lo único que sabemos es que el amor, ese día, tocó nuestro deseo, tocó el dulce encuentro de nuestros cuerpos, el dulce encuentro de nuestro calor. Y al final, ahí en donde la luz de las estrellas se junta con la oscuridad de la noche, el mismo amor guardó para sí la profundidad y ternura de nuestras miradas.

Texto agregado el 16-09-2009, y leído por 159 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
14-10-2009 ¿Sexualmente activo? muy bueno. antinomia
23-09-2009 me gusto mucho, te lleva a reflexionar, de cuantos detalles aveces nos olvidamos cuando recordamos una hermosa experiencia.felicidades sigue disfrutando asi de la vida princesachinis
21-09-2009 Que buen relato, tiene un poco de todo, me alegra conocerte axy, mis******** nanajua
 
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