A veces ando entre la gente
Y no sé si es porque te busco,
O tal vez por intentar encontrar
En sus ojos algo de tu vida,
De tu rastro, que al pasear
A su lado escudriño sus ojos
Y miro, e interrogo, sus sonrisas
Como tú antes hacías con las mías
Para hallar, para hallarte –supongo-
En este resquicio de vida plena
Que es el comienzo del verano.
Y encuentro –creo- palabras, rostros,
Miradas, voces que me llenan de
Tu ausencia, porque cuando no estás
Me duele –aquí, muy adentro del pecho,
Casi rozando el alma- y tu recuerdo
No me basta.
Otras veces pierdo, también,
Tu cara y tu nombre, y me enamoro
De aquellos ojos claros que lleva
Aquel chico que espera –y no es
A mi- luciéndolos con galantería
Y orgullo, porque sabe que tiene
En ellos ese alma que seduce
Y no importan sexos, edades
Ni procedencias.
Pero entonces vuelvo a sentir
Esa huella que has dejado en mí,
Y mis manos recorren mi cuerpo
Buscando el calor que dejaste
Dentro de este pecho que muere
Por seguir latiendo contigo,
Según el compás que tú le marques.
Siempre ha sido así: tú dictas
Y yo obedezco, aunque parezca que
Soy yo quien lleva los pantalones aquí
Y sólo propones y respetas,
Y me aguardas en tu eterno amor.
Llevo tu cara tatuada
Sobre la palma de mi mano,
Por eso cuando escribo así
Me torno triste y te echo de menos:
Porque me duele el haberte ido perdiendo
Sin separarme apenas de ti.
05/07/01 |