Llego a la cocina, le echo un poco de agua a la tetera, para que se caliente rápido. Mientras descongelo el pan en el microondas, pongo el tostador al fuego para que vaya tomando temperatura. ¡DING! Está listo el pan, se va a la tostadora. Es el momento de moler la paltita. Está un poco inmadura, así que me apoyo de un buen cuchillo, porque le oponía resistencia al tenaz tenedor. Le hecho sal, pimienta. ¿Como va el pan? aún falta, lo volteo por mientras. Mejor saco un poco de jamón. ¡Mierda, los cornflakes!, en 3 segundos, ya los tengo remojándose en maldita leche. Resulta que estoy apurado. En 5 minutos, tengo que echarle la palta y el jamón al pan (que aún no está listo) comérmelo (acaba de hervir el agua), comerme los cornflakes luego, antes de que se pongan húmedos, comerme el pansaco, preparar el café y tomármelo. No es fácil hacer tanto en tan poco tiempo.
Los cornflakes me los tomo casi si como fuera una sopa. Luego, voy por el pansaco, que quedó bien crujiente. La palta me queda un poco salada, pero estaba bien. Mientras me lo como, le echo una cucharada y media (un poquito más de yapa, porque tengo sueño) de café al tazón del perrito, una de azucar y una de creamer de amaretto. Se me cae un poco de palta en el zapato, pero no importa. Una vez que termino con el pan, saludo a mi hermano que recién despertó, y le hecho el agua recién hervida al café, dejando espacio para echarle leche, en una proporción del 40%, de modo que quede con un sabor y una temperatura ideal para zampárselo de una. Mmmm, que rico, me comería una manzana, pero estoy apurado. |