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EL AMOR DEL VIEJO MATU

María del Socorro Jaramillo



No envejecía. Muchos lo habían visto durante años recorrer a pie limpio las playas de Taganga. Cuando lo vi por primera vez, le calculé sesenta años; su barba blanca lo mostraba como un patriarca enigmático.


Nadie hablaba con él, pero todos sabían de sus historias misteriosas que parecían leyenda. Tenía fama de buen lector y siempre llevaba un libro bajo el brazo. Su mirada penetrante y fría llegaba hasta los turistas que recorrían las playas al atardecer. A muchas mujeres sedujo. Una vez hecha la conquista, comentaban los aldeanos, las convencía de acompañarlo a su cabaña sombreada por frondosos trupillos y situada al otro lado de los acantilados; aseguraban que estaba embrujada. La habitaba él y sus fantasmas.
Nadie podía asegurar que todo esto fuera cierto, por eso decidí abordarlo. Una escritora, necesita encontrar la esencia de sus historias. Este era el lugar perfecto y el protagonista estaba a mi alcance.

Sentía algo de temor porque además contaban que mujer que llevaba, jamás regresaba. Según el decir de los pescadores, después de amarlas, salían de allí a la madrugada, despavoridas y el mar se las tragaba.

Era fácil identificarlo. Algo de él atrapó mi curiosidad. Me acerqué lentamente y vi el brillo de sus ojos. Quedé fascinada hasta olvidar por completo tantos temores infundados.

- Buenas tardes, —dijimos al tiempo como si ya nos conociéramos desde siempre mientras la sonrisa de ambos abría las puertas a la confianza.
— Hola mujer, por fin puedo hablarte. Llevo tres días viéndote en la playa. ¿Viniste sola?
— Sí. Vine a trabajar y creo que tú puedes ayudarme— respondí, mostrando con mi actitud que no sentía ningún temor.
— ¿Qué puede hacer un viejo centenario por una mujer tan atractiva? Sólo sé amar, leer y deleitarme con el mar. ¿A qué te dedicas?
— A escribir— respondí sin titubeos: algunos cuentos, una que otra novela y muchas cartas de amor. Podrías contarme tu historia…sería magnífico. Piénsalo y si no te molesta, nos vemos mañana.
— Está bien. Si algo de mí puede hacerte feliz, no dudaré en complacerte. Mañana a esta misma hora.

Lo vi perderse a la distancia. Iba caminando despacio como si el tiempo no existiese para él. Sentía una extraña sensación. Me pareció que no era la primera vez que hablaba con él, pero su figura, su voz y la fuerza de su mirada me hacían temblar. ¿Por qué lo dejé ir? ¿Cumpliría su promesa?¿Sería yo su próxima víctima? ¿Tendrían algo de verdad los rumores que circulaban en el pueblo? No, nada de eso era verdad, no tenía cara de malo, todo lo contrario, su figura invitaba a confiar, sólo a confiar en él.

Regresé al hotel con muchas preguntas taladrando y no pude dormir. Me adelantaba a las historias que tendría mañana. ¿Qué me pediría a cambio?
Desde temprano fui a la playa. Todo estaba en calma, menos mi ansiedad. Pasaron las horas y no apareció. Pregunté a los pescadores en dónde quedaba la cabaña del viejo Matu, como lo llamaban. Necesitaba verlo. Suplicarle que me contara su vida.

—Mira, mujer— me dijo un pescador. Sigue caminando por la playa hasta el fondo, allá detrás de los acantilados. Desde allí ves su cabaña, pero… no te acerques…mujer que llega hasta allá, no regresa. Yo te aconsejo que no vayas, ese viejo…

No hice caso. Caminé cerca de un kilómetro primero por entre la arena y luego por entre rocas y… allí lo vi. Estaba sentado, leyendo, como si ignorara definitivamente el paisaje. Llegué hasta muy cerca y me sorprendí al escuchar que me llamó.

—Hola María Elisa, olvidé ir a la playa. Menos mal viniste.
Por su mirada, noté que mentía. Parecía evitarme. Sus ojos buscaban las páginas del libro, ahora movidas por la brisa.

—¿De qué tienes miedo?— Pregunté con firmeza. —Pareces asustado. Si lo deseas puedo regresar más tarde.
— No. No te vayas. Un hombre como yo, a esta edad, no tiene miedo a nada ni siquiera a los espíritus de los amores pasados, ni a las voces que me trae el mar cuando la luna se esconde tras las olas. Sigue, siéntate aquí mientras voy por unos tragos.

Miré el mar. Definitivamente era maravilloso. Tenían razón quienes afirmaban que eran las mejores playas del mundo y el viejo Matu era un privilegiado por la belleza de estos paisajes. Pero… si quería que el hombre me contara su historia, debía olvidarme de todo, aún de los temores y seguir sus caprichos, escucharlo. Sentía una sensación nueva, de placer, de inquietud.

Regresó con dos tragos de vodka. ¿Cómo, sin preguntármelo, supo que era mi licor favorito? ¿Qué tenían sus ojos que me intimidaban haciéndome estremecer? Nos miramos con intensidad por instantes sin decir nada. De pronto, como evocando el pasado me preguntó con nostalgia.

—¿Qué es lo que quieres saber de mi vida? ¿No te asustan las historias que cuentan los pescadores acerca del viejo Matú? Podrían ser ciertas. Dime la verdad, ¿Eres escritora o policía? Así sabré qué responderte.
— Soy escritora y quiero saber todo de ti, ¿De dónde viniste? ¿Qué has hecho? ¿Por qué tan solo? A mí las historias que circulan me tienen sin cuidado. Un ser tan interesante , sólo despierta ternura o una sensación extraña. Pareces un niño indagando por algo que se te ha perdido. ¿Estás buscando el amor?
— El amor no se busca… el amor aparece de pronto. Si prometes no interrumpir, te contaré todo con detalles.
— De acuerdo. Espero que no te moleste si tomo algunos datos en mi libreta.
— No, para nada, aunque creo que no te van a servir.

— He nacido varias veces y en distintos lugares— comenzó dirigiendo su mirada hacia la ventana como viajando muy lejos. Tengo trescientos quince años, claro que en esta vida, sólo 62. He sido navegante, filósofo, escritor, poeta y hasta pescador. He amado a muchas, pero sólo una me ha amado con toda la devoción. Esto fue hace muchos años y desde entonces he tratado en vano de encontrarla. Ahora vivo aquí, solo y al mismo tiempo acompañado de los espíritus de otras épocas. Mucho se ha escrito de mi vida…cuando fui Barba Roja, Morgan, Nostradamus…tanta fantasía. Ahora, tú vienes por lo mismo. Quédate esta noche y mañana podrás contarle al mundo sobre el viejo Matu o mejor sobre Federico Weiss, el mismo que nació en Colonia y que añora volver para ver la catedral más bella del mundo. Tal vez esta noche descubras muchas cosas, mi verdadero nombre, mi agitada vida.

No quería interrumpirle, pero mis risas incrédulas hacían que suspendiera la historia por momentos. Él, también reía. Avanzaba la noche entre trago y trago y con sus inverosímiles narraciones. En verdad tenía mucho de fantasía y no podía concentrarme entre lo real y lo que distorsionaba su pensamiento.

—Quédate, María Elisa— me dijo de pronto. Acompáñame, ya verás cómo tu historia tendrá el protagonista que esperas.

De nuevo el temor se apoderó de mí. Si muchas mujeres compartieron sus noches y nunca regresaron…¿cómo podría arriesgar mi vida de esa manera? Si algo pasaba, ¿Quién contaría al mundo la historia de Matu?

Decidí quedarme. Sentía miedo de regresar al hotel por lo que pedí que me llevara a conocer la cabaña. Entramos. No había luz eléctrica. Cuatro cirios, uno en cada esquina de la sala fueron encendidas por el viejo. Tomó dos en sus manos y me entregó uno. Los muebles eran de otra época. De techo a piso, colgaban sobre las paredes óleos de reconocidos pintores. Avanzamos. Percibía un aroma a madera húmeda mezclado con esencias de lirio e incienso. Dos habitaciones vacías, un baño con una ventana que daba al acantilado y…no vi más. Por eso, pregunté:

—¿En dónde duermes? ¿Cuál es tu alcoba?
—¿En verdad la quieres conocer? —me dijo. —podría causarte daño.
—Sí, quiero conocerla, vine a eso, a conocer todo de ti.

Ingresó a una de las habitaciones , corrió una gruesa cortina roja que ocultaba un cuarto macabro. Cuatro ataúdes formaban una estrella. Temblé y un sudor frío bañó mi cuerpo y mis palabras salían entrecortadas.
—¿En dónde duermes?. ¿Qué es esto? ¿Un cementerio?
— Te dije que podría impresionarte, pero como noto lo valiente que eres, te contaré: Duermo en este ataúd y en los dos siguientes, descansan dos de mis grandes amores: Margarita y Juana. ¿Quieres conocerlas?
— No, no, Matu. Dime quien ocupa el otro ataúd.
— Lo ocupaba la mujer que más he amado. Está vacío esperando su regreso. Algún día regresará y se quedará por siempre.
— Matu, eto es demasiado para mí. Llévame al hotel.

Sentí sus brazos rodeando mi cintura y sus labios juguetones resbalaron sobre mi piel que olvidó los límites. Nos tendimos sobre el piso húmedo. La intimidad fue creciendo con las ondulaciones de su fuego y el hombre me amó de tal manera que olvidé lo demás. Comprendí que conocía mis secretos y mis vértices, me sentí plena como si por primera vez conociera el amor.

El delirio lo dejó rendido y sus cansados gemidos se fundieron con los del mar. Luego vino el silencio. Al cabo de unos instantes comenzaron a escucharse voces, llantos, risas, pasos y chirridos como si movieran los pocos enseres de la casa. Me paralicé de terror y aprisioné los ruidos para que no explotaran mis oídos.

Quise huir pero no me respondieron las piernas. Ubiqué el baño. Había una ventana que daba a la playa. Una pálida luz la iluminaba. Con dificultad, me puse en pie y apoyada en las paredes, pude llegar. Toda esa algarabía provenía de su interior. Parecía un aquelarre. Vi cómo danzaban pedazos de mujeres en torno a la espuma que salía de la bañera: brazos sueltos, huesos, senos y cabelleras se contorsionaban en profundos lamentos. Resaltaba el olor a jabón de baño y exquisitas esencias.

Al fondo estaba la ventana. Como pude, atravesé este siniestro carnaval y me disponía a abrirla cuando escuché al viejo llamándome:
—María Elisa, déjame terminar la historia, ven aquí, no hemos terminado.

Como pude salté por la ventana y comencé a arrastrarme por entre rocas, arenas y sombras. Mis fuerzas desfallecían, no sentía el cuerpo hasta desfallecer. No sé cuanto tiempo estuve allí, lo cierto es que cuando desperté ya las luces del alba venían a alumbrar la playa. Por instantes no supe en dónde estaba. Recordaba algunas cosas, busqué mi libreta de apuntes. No la hallé. Tenía que recuperarla a toda costa. Eso me obligaba a retornar a la tétrica morada de Matu. La veía, estaba en calma. Llegué y por la misma ventana por donde había escapado, ingresé. El silencio era total..Llamé al viejo, pero no me respondió. Lo busqué con desespero. No estaba. Lentamente me acerqué a los ataúdes. El primero, estaba vacío, en el segundo y tercero, dos bellas damas, embalsamadas me miraron. Pasé al último y allí estaba el esqueleto del hombre que horas antes me había amado con pasión.

De mi garganta fue naciendo y creció un grito lleno de pánico que nadie escuchó. Traté de devolverme, pero no pude. Una fuerza extraña me obligaba a acercarme de nuevo al ataúd. Abrí la tapa, tomé el libro que siempre lo acompañaba y leí: Sabía María Elisa que regresarías un día. Te invito a que ocupes por siempre tu lugar. Gracias amor por devolverme a la vida aunque sólo fuera por una noche, la noche que nos hacía falta. Descansa ahora, descansa en paz, por siempre.

Desde ese día, no falto a la playa la playa. Casi nadie nota mi presencia, pero como siempre, murmuran sobre las leyendas de María Elisa, la escritora a la que se tragó el mar, la última mujer que osó visitar la cabaña de los fantasmas. Cada año, por Semana Santa, romerías de pescadores acuden a regarla con agua bendita, a rezar sus conjuros intentando ahuyentar los maleficios. Nadie intenta entrar porque está maldita, poseída por los espíritus de la perdición y el pecado

Texto agregado el 08-05-2009, y leído por 169 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
30-05-2009 Veo tu disposicion para el relato fantastico. Bueno, con la dosis adecuada de misterio y realidad. margrave
08-05-2009 un muy buen final. desde la unión de amor entre el viejo Matu y la escritora hasta la culminación la narración es muy buena y da gusto leerla. Aunque hubo un lugar que no me gustó: ese de que el viejo Matu era muchos hombres...mmm, no se, me hizo sentir a Borges repiqueteando por detrás, o también, me hizo sentir un recurso ya muy agotado en la literatura. A pesar de ello, el cuento mezcla lo costumbrista con lo fantástico, y es muy divertido de leer. saludos! fafner
08-05-2009 una historia fascinante, mi género favorito, gracias, me ha encantado********* JAGOMEZ
 
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