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1)

Desde la ventana, el escribiente de turno la ve llegar. Algo molesto, se dispone a tomarle nuevamente la denuncia. Por cuarta vez, Oliza Mendizábal relata los hechos, casi un calco de las anteriores exposiciones.
“... al amanecer (la denunciante no precisa horario concreto), un ser no mayor de un metro de alto entró por la ventana, robó algunas pertenencias y huyó por el mismo lugar. La denunciante asegura haber sido paralizada por el individuo al momento de producirse el acto delictivo...” Las visitas de los policías han tenido resultados desfavorables: no pudieron encontrar huellas de ningún tipo y Oliza tampoco logra precisar qué es lo que este ser le robó. La pobre anciana se ha convertido en el “caso gracioso” de la comisaría. Nadie, ante tanta falta de pruebas la toma en serio, sin embargo, esta cuarta denuncia tiene un aditamento especial:
_Antes de irse, me violó. Imagínese que como yo estaba paralizada, ni siquiera pude gritar.
El escribiente la mira absorto, aunque no sería tan raro que hubiera algún violador suelto quien guste de someter ancianas. Con este nuevo suceso, el caso pasará a otra área.
Realizados los estudios de rigor, “el forense declara no encontrar indicios de violación alguna, el test sicológico arroja resultados dentro de los parámetros normales”. Incógnita, ironía y humor negro recorren la comisaría de ese pueblo tranquilo donde los episodios de máxima acción, sucedidos varios años atrás –los asesinatos de Azucena P. (1982) y Ernestina H (1986)-, mantuvieron en vilo a la policía por varios meses sin éxito, puesto que sus cuerpos jamás fueron encontrados en totalidad –únicamente las cabezas-, y mucho menos, los culpables. Dejando de lado estos casos relevantes, la comisaría es un edificio más del pintoresco paisaje.


2)

Dos semanas después de la denuncia, la Subsecretaría de Investigaciones e Inteligencia Criminal envió a los detectives Arriaga y Delmónico, quienes fueran designados también para los asesinatos anteriores, contaban con el conocimiento del lugar y experiencia.
_Qué calor de órgados, parece el infierno!! Esperemos que la cosa esta vez sea más sencilla, Cacho..
_Delmo, es una maldición, por qué te creés que nos enviaron justamente a nosotros? Oíme, no se pudieron esclarecer los otros casos en los que también estuvimos, es como un castigo esto, a los de la sub no les interesa que nos sobre experiencia y estemos al borde de la jubilación, nos quieren joder la existencia otra vez en este lugar, no te das cuenta? Por qué a nosotros si no hay crimen? Simplemente porque conocemos el lugar? Y eso qué tiene que ver? Nos están manando al muere, vos fijate, un rancherío en el medio de la nada, por favor... –Arriaga maldecía entre dientes-

Fue Delmónico el que le preguntó al comisario si había puesto a alguien para vigilar la casa de la anciana.
_Por supuesto, inspector, pusimos un consigna ni bien nos hizo la segunda denuncia, aquí está el informe –y le alcanzó una carpeta-
Delmónico, mientras lo leía, pidió hablar con el oficial Echenique, quien había sido responsable de la guardia. El joven policía se mostró accesible a los pedidos de los investigadores y brindó detalle de lo sucedido.
_Nada inspector, esa noche solamente hubo viento y hacía frío pero no me metí dentro de la patrulla, mi objetivo era ver si alguien entraba y aseguro que nadie ingresó a la casa. La vieja – Delmónico levantó la vista del informe que releía y observó al oficial con cierto desagrado – perdón, la señora miente. No me quedé dormido y rondé la propiedad hasta las 8 de la mañana.

3)

Habiendo estudiado las declaraciones de Oliza Mendizábal, el siguiente paso de Arriaga y Delmónico era hablar con la anciana.
El chalet, casi en medio de la cuadra, separado de los contiguos por un cerco de ligustrina, no se diferenciaba del resto de las viviendas, nada que mostrara a primera vista ser un objetivo deseable para el robo.
Cuando se acercaron a la puerta pudieron escuchar música suave de piano. No necesitaron llamar, Oliza abrió como si hubiera estado esperándolos.
_Buenas tardes, pasen –invitó- no son frecuentes las visitas por aquí.
Tenía la misma apariencia tranquila y sosegada del pueblo. Sonreía francamente, parecía alegre. El té ya estaba preparado. No preguntó si deseaban, simplemente sirvió. Mientras Arriaga tomaba una taza, Oliza, con gesto cordial y el temblequeo propio de la edad, alcanzaba otra a Delmónico. Los dedos apenas se rozaron, pero fue suficiente. La anciana entró en una rigidez pasmosa, como en trance, su mirada se centró en los ojos de Delmónico. La taza con té cayó sobre el detective, pero no sintió nada, hipnotizado por la escena. Oliza, agarrándole la mano con fuerza, habló:
_ El cuerpo... El cuerpo de Azucena, lo que queda... En el estanque de “La Fedora”...
Después de esto, se desmayó.
Arriaga, primero en reaccionar, sostuvo el cuerpo de Oliza hasta que volvió en sí, unos pocos minutos después, Delmónico continuaba inmóvil, actitudes extrañas de la gente había visto hartas veces, pero esto lo superaba. “La Fedora”... Esa estancia donde él personalmente había dirigido al equipo que investigó la zona. El estanque no tenía más que agua, fue verificado...

Oliza debía descansar, a los detectives no les quedaba más opción que volver en otro momento.

_Delmo, una cosa es que esta simpática viejita esté un poco loca, y otra muy distinta que tire esta clase de datos, no te parece? Cómo lo sabe? No, sí, puede ser... Está loca y en su propio mundo encontró los restos de la otra, y ahora con esto del extraterrestre que le entra por la ventana... Y dice que la violó, jajajajaja, pero viste que los estudios demuestran que no... Ni hablar de lo lindo que va a ser informar sobre el marciano. Pobre vieja, se parece a mi abuela, el té estaba buenísimo, che, debés tener una quemadura bárbara, te fijaste? Algo que observé es que los portarretratos no tienen fotos de gente si no de flores, viste? A mí me pareció raro porque...
_Cacho, callate.

4)

Al otro día, antes de que el sol despuntara, la camioneta de los detectives iba camino a “La Fedora”.
_Esto es ridículo, Delmo, y si encontramos el cuerpo? Qué vamos a argumentar, que nos lo dijo la vieja? Y ahí empezamos otra vez, cómo lo sabe? -Esa misma pregunta había tenido sin dormir a Delmónico. Si Oliza decía la verdad, habría sido testigo? Cómplice? O simplemente alguien se lo confió y ella, por miedo, no quiso acudir a la policía? Por qué se animó después? Existiría relación entre el caso de Oliza y el de Azucena?- Yo, y te lo repito, sostengo que acá nos mandaron al muere por lo de los otros crímenes sin cerrar, eso nadie me lo saca de la cabeza, vamos a hacer el ridículo por tercera vez.


Los restos humanos que encontraron no estaban dentro del estanque si no cerca de él, en lo que pudo haber sido un promontorio de tierra y ramas, que el tiempo, las sucesivas lluvias y los animales se encargaron de deshacer.

_Y esto??? - Delmónico estaba desconcertado. Su compañero, en iguales condiciones.
_Son sólo huesos, no podemos asegurar que sean de Azucena –Arriaga lo miró con fastidio, pero él no lo escuchaba-
_Oliza tenía razón...
Echenique, quien los había acompañado hasta el lugar como parte de la comisión policial, escuchó por casualidad la frase susurrada, su expresión de asombro era evidente.

5)

El rostro angelical los amedrentaba.
_A ver, Oliza, tratemos de ser ordenados, si? Usted qué ve entrar por la ventana? –Delmónico había decidido indagar sobre los sucesos que los demoraban en el pueblo, convencido de que la punta del ovillo estaba en el final.
_Es un ser no humano! –Oliza no mostraba inquietud ni temor- Debe ser más o menos así de alto –y señaló con la mano-, me deja paralizada!! Sé cómo lo hace, me mira directo a los ojos.
Oliza hasta parecía divertida con su relato, Arriaga tomaba notas con gesto de incredulidad, Delmónico hacía esfuerzos por encontrar algo de coherencia en las respuestas.
-La última vez me violó... –su voz no cambió de tono- Yo les dije a los policías, pero ellos no me creyeron, un médico me estudió –se estremeció- y yo le dije que no fue en el cuerpo, que me violó mentalmente!!
Arriaga miró a su compañero, suspiró y continuó con los apuntes.
_Y qué es lo que este ser le roba, Oliza?
_Es lo que no puedo saber... –giró la cabeza como buscando algún faltante- Todo está en su lugar, pero yo sé que de acá se lleva cosas!!!
_Revisó... Los alhajeros, por ejemplo?
_Todo! He escudriñado por cada rincón de mi casa, nada falta, señor, pero yo sé, yo sé que se está llevando algo, para eso viene...
_Oliza, dígame –Arriaga estaba perdiendo la paciencia- él le habla, le dice algo, hace algún ruido, ladra, maúlla...?
Delmónico golpeó sobre la mesa interrumpiendo la pregunta. Lo miró de soslayo, Cacho a veces se ponía insoportable, sobre todo cuando se aburría.
_Sí!!! –la respuesta lo sacó de los recuerdos graciosos- Habla en mi mente! –y se llevó un dedo a la sien-
Oliza sonreía, entusiasmada con sus excéntricas visitas.
_Ajá... Y qué le dice? Le cuenta algo?
_Sí, pero yo no puedo recordar... –el rostro se ensombreció-
_Oliza –Delmónico agradeció a Arriaga con un gesto en código el avance- El otro día cuando nos conocimos...
_Sí, ya sé, por favor, perdóneme, estoy muy avergonzada, es que los años, señor, mis manos tiemblan ahora...
_No se preocupe por eso, no fue nada. Recuerda lo que dijo al alcanzarme la taza?
_No, lo siento, no recuerdo.
Otra indagatoria sin aportes relevantes.

6)

_Detective Delmónico, la señora Mendizábal llamó y dijo si podían pasar por su casa.
Recién llegaban a la comisaría, la mañana presagiaba un día tórrido.

7)

Sirvió el té pero dejó las tazas sobre la mesa.
Sin esperar preguntas, comenzó:
_Recordé lo que usted quería saber ayer por la tarde, señor Delmónico, es tremendo, tremendo! -Sollozaba y hablaba entrecortado- Pobrecita Azucena! No me la puedo sacar de la cabeza. Él puso esa imagen ahí! Ayer volvió... No fui a denunciar porque nadie me cree, por eso lo llamé, acá, aunque les parezca raro, me siento segura. El ser me contó algo más, el cuerpo de Ernestina, fue vecina mía tantos años, pobre, Ernestina... Está en tres partes, todas a la vera del camino que lleva a la estancia de “Los Robles”.

Fueron sabiendo lo que encontrarían, tenían hasta exacta precisión de la distancia entre los fosos que contenían los restos. No hubo demasiados comentarios al respecto, pero Echenique, con veintisiete años, aunque pocos en la fuerza policial, concluyó en que otra vez Oliza había aportado datos concretos. No perdió tiempo y en el mismo lugar de los hallazgos comenzó a escribir los borradores de los informes. Evidentemente esa mujer sabía muchas cosas...

_Delmo, esto se está poniendo muy feo, estamos dilatando el informe de “La Fedora”, para colmo, está bien, ya no hay nadie, pero entramos sin autorización, y ahora esto! Qué vamos a decir, Delmo, nos vamos a comer un sumario! Nos están mirando mal y lo sabés, de dónde sacamos los datos, me querés decir? Ni yo me lo creo, nos estamos jugando el puesto, carajo!
Cacho Arriaga tenía razón, lamentablemente, algo habría que inventar y, además, el caso de Oliza estaba suspendido en la galaxia desde donde venía el ser “no humano mentalmente parlante”. Delmónico sonrió con desesperanza, estaba cansado y faltaba un año para jubilarse.
_Por lo menos que no nos den la baja, viste? –Arriaga parecía haberle leído el pensamiento.

8)

Según la comparación de ADN, efectivamente los restos pertenecían a Azucena P y Ernestina H., entonces hubo que “encontrar” testigos y “dibujar” los informes que fueron elevados a la jefatura. Las investigaciones se dieron por concluidas.
Todo volvía a su normalidad en el pueblo, ya incómodo por tanto alboroto. Las semanas pasaban con la tranquilidad de siempre. El caso de Oliza Mendizábal no prosperó, y con la misma falta de datos del principio, también acabó por olvidarse.


9)

Esa mañana, en la Departamental, café de por medio, Arriaga tuvo el momento propicio, había esperado bastante y ahora Delmónico, recordando el caso, le daba la oportunidad:
_Sabés qué pasa Delmo, vos le tuviste una fe ciega a la vieja y yo creo que ella nos estuvo ocultando algo, ya sé que me vas a decir que acertó todo, y justamente es eso lo que me plantó la espina.
_Yo vi, y vos también porque estuviste ahí. No pudimos vincularla con nada, y eso lo sabés bien.
_ Y te parece más simple decir que tiene alucinaciones, y que acertó los datos como quién da en el número de la lotería? Te parece más lógico que haya un espíritu justiciero desenmascarando a los culpables, y que se presenta de improviso y la viola mentalmente? Qué estupidez es esa? O tal vez, no, dejame ver, creés que hay extraterrestres preocupados por el crimen de unas ancianas, y han viajado miles de kilómetros para decirle a esta mujer lo que pasa.
Los rostros de ambos detectives estaban tensos, Arriaga resopló cómo arrepintiéndose de antemano por lo que iba a hacer.
_Lo siento, no quería ofenderte. La vieja miente; mientras vos estabas con ella tratando de arrancarle verdad a mentira, pedí a la central un informe completo de ella. Hace años colaboró en el esclarecimiento de varios asesinatos… Es psíquica… Todo esto es “off de records”, por supuesto, pero sus datos figuran, me los pasó el colorado Rodríguez, te acordás? Lleva más de veinte años en la fuerza, la conoció personalmente. No hay ningún ser, Delmo, ella puede ver lo que pasa, todo… Es un don que se le volvió en contra. Después de colaborar se fue a pueblo chiquito buscando paz y alejarse de esas visiones, esto se lo confió al colorado al despedirse – Delmónico miraba con cara sorprendida – pero el mundo se repite en todos lados. Muchos o pocos habitantes, siempre hay alguno que abusa, otro que mata, otro que viola, así es esto, y allá no fue la excepción.
_ Entonces para qué tanto lío?
_No, hermano, eso preguntáselo vos. Yo no tengo respuestas, sinceramente todo esto de los “psiquito” es una sopa de la que no tomo, pero tengo que ser sincero, este caso me hizo dar unos buenos sorbos.


10)

_... Y esa es la historia, señor Delmónico...
En el living de Oliza, la única voz era de ella. Delmónico, sin admitirlo, había vuelto para pedir explicaciones, Arriaga escuchaba también en silencio y confirmaba varios datos que ya tenía.
_No soy una mujer de salud fuerte, y trabajar con la policía me resultaba cada vez más problemático, imagínese, yo los llevaba hasta el lugar... Hizo una mueca de espanto, tomó un sorbo de té y continuó- Lo mío nunca fue, por suerte, ver al culpable, si no presentir los lugares de los hechos, o dónde estaban enterrados los cadáveres. Al morir mi esposo, hace ya varios años, decidí volver y establecerme en la casa de mi infancia. Todos me conocen aquí y yo a ellos. Digamos que quise comenzar una nueva vida. Como sabrán –miró de soslayo a Arriaga-, no tengo hijos ni familia.
_Hace un tiempito, por casualidad, y estas piernas que ya no responden como antes, me tropecé con el oficial Echenique, un chico joven, de acá, del pueblo. Fue cuando volvieron las visiones, al tocarlo, me sigue, Delmónico?, al tocarlo. Bueno, yo no quería volver a lo que hacía antes, pero de alguna manera tenía que enterarlos... Entonces se me ocurrió esta idea, sabiendo que en un pueblo tan pequeño habría cierto interés. Pero a quién pusieron de consigna? Al pobrecito Echenique! Imagínese que yo no podía comprometerlo con todo esto, es tan jovencito, soy amiga de su madre, acá nadie sabe de las visiones...
Delmónico no hablaba, sólo miraba el piso.
_Eso quiere decir que no hay ningún... Ladrón, entonces -Arriaga no esperaba confirmación.
_No, señor Arriaga, jamás lo hubo, y no era un ladrón común –rió- quise darle cierto toque de misterio, el pueblo estuvo hablando durante meses de eso!


11)

_ jajajaja, qué vieja loca!
_Cerrá la ventanilla, Cacho, no ves que entra toda la polvareda?
Delmónico no estaba de humor para comentarios irónicos, la camioneta hacía su viaje de regreso una vez más y él luchaba entre la vergüenza, el cansancio, lo ridículo de la situación...



12)

_Albertito! Cómo estás? –aunque Oliza decía esto lo más tranquilamente que podía, una sombra de incertidumbre podía verse en sus ojos- Qué te trae por acá esta noche?
Echenique la miró sin expresión, no dijo palabra, entró y cerró la puerta.



13)

_Cacho, tenemos que volver urgente a Piedra de Agua.
_Eh? No, no me digas que la vieja de nuevo tocó a otro! Será posible, che!! Vamos a terminar mal, yo sé lo que te digo.
Llegaron cuando comenzaba a clarear. Apenas un puñado de luces delimitando el camino principal fue lo único distinto que vieron desde la última y reveladora visita, un mes atrás.
_Detective Delmónico! vayan hasta la casa de doña Mendizábal, por favor. Echenique está allá desde anoche, cuando dijo que recibió la llamada. Como ya le anticipé, estoy saltando la cadena de mandos, pero me pareció mejor que ustedes fueran los primeros en enterarse, sobre todo por las características...

_A ver si entendí bien, Delmo, vos me sacaste de mi casa en plena noche para que te acompañe hasta este pueblo de mierda solamente porque te lo pidió el comisario? Estás loco, hermano? –Arriaga murmuraba entre la furia y el sueño-

Al ingresar a la casa, no pudieron creer lo que vieron: el cuerpo de Oliza sobre la cama, desmembrado, sólo faltaba la cabeza. Echenique, casi fuera de sí, hablando de “algo” que había salido por la ventana justo cuando él llegó, dos minutos después de que la anciana hubiera llamado pidiendo ayuda...



Texto agregado el 09-01-2009, y leído por 906 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
18-05-2010 ¡QUÉ BARBARIDAD! ES-PEC-TA-CU-LAR malaya
17-02-2009 Es tan bueno, que me averguenzo de lo que escribo. meyergs
17-02-2009 Uaoooo magnífico cuento. Felicidades!!! ***** MariBonita
31-01-2009 Un final que deja con la espina de la ambiguedad; el lector pone su teoría y siempre el cuento gana en contundencia. Esto, que suena fácil, requiere grandes dosis de habilidad con la pluma. Mi aplauso para el dúo creativo. Salú. leobrizuela
23-01-2009 Excelente narrativa.***** susana-del-rosal
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