La vida siempre da golpes y deja heridas, pero estas heridas dependiendo de uno, van curando con el paso del tiempo.
Siendo yo, una fiera con heridas al rojo vivo, que por mas que me intenten Tocar con el pétalo de una rosa, siempre duele en heridas abiertas, y siendo yo una fiera, ataco al que me toca en lugares llagados.
Siempre aniquilo a quien osa atacarme. El que me lastima y engaña, paga su condena traidora, y dejo que se pierda en su mal y no lo dejo que vuelva al camino de la cordura.
Lo confieso y lo digo con orgullo, porque así he sobrevivido toda mi vida y no me ha ido mal. No soy un hombre malo.
El odio y el rencor, sentimientos habituales que me enseñaron a no confiar en nadie, y la venganza, motor de vida, es la que me mantiene a flote.
Pero cuando la propia sangre te traiciona, ese ser, ese, que te ha provocado esas llagas antiguas y perpetuas que han cansado a tus lagrimas.
Este ser que ha sido la causa de tus decepciones, que por mi propia lógica, tendría que seguir mi inquisidora justicia a causa de sus males eternos en mi.
¡Pero no puedo! ¡Esta es tu sangre! Que fuera otra persona, ya hubiera sembrado toda mi maldad en este desgraciado ser.
Pero verla acabada, hundida, en su propia porquería, con su bastardo a su lado, en la fría calle de los olvidos. La vida le pagó o me hizo el favor que me debía, pensé en un momento, siempre quise verla así, llegar a ella y reírme en su cara y si fuera posible escupirle en su desgracia.
Pero al verla en ese estado, como querría que estuviese, no fue lo que pensé que sentiría, esa profunda lastima no salio de mi ser.
Cuando quise darme la vuelta y seguir mi camino, para nunca mas verla, ya estaba abriéndole la puerta de mi casa y ya la estaba alimentándola, a ella y su muchacho.
¿Pero como? Ella fue la que me convirtió a este hombre vil y sombrío, que solo le nace ira, rencor y venganza. Me traiciono y lastimo.
A esta mujer, que juré venganza por toda su maldad sembrada en mi. Y ahora esta tomando mí sopa en la mesa me mí cocina en mí casa y yo cuidando a su hijo.
Solo se que ella me dio algo que no espere nunca; esas disculpas que acabaron con toda ira, con toda furia, que existía en mi.
Solo me queda cuidarla y nunca dejarla que vuelva a la calle del olvido.
|