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AMOR COLECTIVO.
A bordo del transporte proletario. Parte 1.

Nadie en la ciudad sabe lo que significa mi oficio. Mi puesto exige integridad, inteligencia y solidaridad constantes. El papel que ejerzo tiene tanta importancia como el de un maestro, el de un cura, el de un médico y a veces el de un amigo. Quién sabe, más de una vez he tenido que desenvolver mis cualidades como amante. Ser colectivero no es ser cualquier cosa, no señor. Yo llevo personas a mis espaldas. Cuido de cada pasajero como un pastor a sus ovejas. Me ocupo de que lleguen a destino, los observo, recuerdo sus caras. Los espío por el espejo retrovisor cada vez que uno se acerca a otro. Le llamo la atención al buen hombre que se quiebra y atenta contra la inocencia de una muchacha. Procuro que no haya peleas, que se sienten los que más lo necesitan, que no haya injusticias a bordo. Digo hoy, como todos los días, que adentro del coche que yo manejo existe la justicia. Esa justicia que el trabajador anhela y no encuentra en las calles, las oficinas, los bancos, los prostíbulos ni las cárceles, la encuentra en el abrigo de yo me ocupo de brindar.

Hoy mismo, con el coche vacío, levanté a una muchacha de unos veinte años. Es esa que va ahí, atrás de todo. Hace casi una hora que está ahí, triste; pidió el boleto más caro. Creo que todavía la tendremos durante una hora más. Desde que se subió no ha parado de mirarme por aquí, por este espejito. Es linda, ¿no? ¿Qué cree? Hoy estoy con ganas de conversar. Voy a charlarle todo el viaje sobre mi vida, que no es más que la vida de mis pasajeros. Empecemos por el tipo de camisa azul. Ya habrá lugar para hablar de la muchacha.

¿Pero cómo es que usted no presta atención a la gente? ¿Cómo es que no mira? ¡Hey! Qué lo parió, hombre. Si serán brutos, que dejan tamaños baches en una avenida tan transitada. ¡Atención! Pasajeros, gente, óiganme: nos quedamos. Que nadie se mueva. Que nadie intente salir del coche porque el tránsito está peligroso. ¿Alguien me presta un celular? Para llamar a un colega, señora. Vayan buscando con qué entretenerse, yo los voy a sacar de esto.

***

Después de un revuelo y un halo de disconformidad general, la gente se calmó. La muchacha triste miró a nuestro chofer por el espejo. Todos, desde el más joven hasta el más viejo, empezaron a mirarse unos a otros. Es sorprendente lo que puede llegar a pasar cuando la gente se mira.

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Escenas de la parte 2:
Sáquelo de ahí, quiere, y póngalo adonde lo había puesto antes. Eso, sí, sí, así, muy bien, muy bien. Usted también, venga. Colóquelo en el lugar que falta. Mmm. ¿Usted es contorsionista? Eso es magnífico... eso es más de lo que puedo pedir. Venga, súmese. Nunca sobra una mano en una situación como esta. Sí, sí, ¡sí!


Texto agregado el 17-12-2008, y leído por 590 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
28-03-2009 a ver que sigue LAMADONNA
15-01-2009 Yo leo de atrás para adelante. Me gusta el perfil del colectivero, jaja, eso de ocuparse de la justicia que falta en la calle está muy bueno. Adelante, bobby, adelante. estephario
24-12-2008 Ya había vuelto puig a mediados del siglo xx ysillueventoncesi
18-12-2008 Espero ansiosa los siguientes capítulos. Hemos vuelto al tiempo del folletín. colomba_blue
 
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