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Odie durante mucho tiempo aquello que en algún momento me había cautivado de él. Para cada suceso o momento tenia algo que alguien decía o que alguien había escrito al respecto. Eso revelaba en el cierta “intelectualidad” y también cierta arrogancia, lo cual en un primer momento me atrajo, pero también con el tiempo llegue a maldecir.
Porque al hablar levantaba una de sus cejas, la llevaba bien hasta arriba y tiraba una sonrisa socarrona, con esa mezcla de barrio y universidad que me desconcertaba y enamoraba.
Venia abrazando a una chica más joven que el, bastante más joven, unos diez años menos. El parece de cuarenta y tantos aunque promedia los treinta y pico cortos.
La ultima vez que nos vimos debe haber sido hace unos cinco o seis años, cuando nos cruzamos casi por casualidad en un bar de Buenos Aires donde circunstancialmente ambos habíamos coincidido. Apenas si cruzamos palabras, yo recién estaba saliendo con Horacio (mi actual marido) y hacia bastante de que habíamos terminado con nuestra “relación”. Tenia en sus ojos esa tristeza que siempre dejaba escapar, incluso cuando sonreía. Siempre me llamaron la atención sus silencios, se notaba que cuando estaba mal no tenia ganas de hablar, no tenia nada para decir, se le acababan las citas celebres y las frases echas. Odiaba cuando se quedaba callado, pues evidentemente algo no iba bien, y nunca lo decía. Ante un ¿que pensas?, la respuesta era obvia y recurrente: en nada.
Venia abrazado de una chica, que le sonreía demostrando cierta felicidad. Supongo que habrá echo lo que hace siempre, la fue de perdedor, de hombre sensible, de seducido y abandonado. Le habrá pasado alguno de sus cuentos por publicar y vaya a saber que más.
Al verme se sorprendió, note que hasta se puso nervioso, porque el tipo, a pesar de todo no es una mierda. Al verme se le dibujo una sonrisa en la cara, a pesar de todo a veces sonríe, a veces, y le se le hacen “pocitos” a los lados de su boca. Horacio siempre se molesto cuando me escuchaba hablar de él, o cuando teníamos noticias, de donde andaba, de donde había estado. Horacio no sabia de lo que había pasado entre nosotros, pero siempre le molesto su persona, y entiendo que presentía que yo no era indiferente ante Lucas, que había algo que no me permitía ignorarlo. Lucas sabia que molestaba, entonces trató de ser cordial con Horacio.
- Mariel ella es Carla, Carla Mariel. nos presentó.
- Carla Horacio, Horacio Carla.
Recordaba el nombre de Horacio, a pesar de ser tan malo con los nombres el muy perro se lo acordaba.
¿Cómo está Lucia? ¡Grandota me imagino! Lucia es mi hija, que esta en el jardín de infantes, que el año que viene empieza el colegio. Lucas tuvo la delicadeza de enviarme flores el día que nació, se entero por un amigo en común de la maternidad y envió el regalo. Esas cosas me hacían pensar en si realmente era un hijo de puta o un buen tipo.
Carla sonreía y no hacia mas que sonreír. Lucas no dejo de hacer un chiste atrás del otro, como siempre cuando esta nervioso. Horacio seguramente cada vez más molesto hacia esfuerzos para no poner cara de culo. Y yo intentaba adivinar si Carla estudiaba psicología, letras, periodismo o sociología. En ese momento Lucas nos empezó a contar del ultimo viaje que había echo. Fue ahí cuando me acorde del amanecer en que le pedí de no vernos nunca más. Casi al borde del llanto, y mirando el techo de mi habitación Lucas acababa de decirme que estaba enamorado de otra mina. Yo ya sabia eso, y me dolía, pero siempre había sido así, pensé que por ahí las cosas podían cambiar que tal vez podría enamorarse de mi, no se, cosas de piba. Derrame un par de lágrimas, maldije a buena parte del género masculino por eso.

Me costo enamorarme de Horacio, pero hoy estoy feliz y muy enamorada. Lucas sin embargo tiene el mismo gesto, la misma mirada, la misma pena. Recuerdo muy bien entonces, una de las frases que me dijo la noche que salimos por primera vez: “El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar”. Para Lucas Dolina siempre “decía algo”, siempre lo tiraba, constantemente en nuestras conversaciones aparecía Dolina. Odie a Dolina un tiempo también.
Nos despedimos y prometimos llamarnos. Salieron caminando rumbo al centro de la mano. Horacio empezó a recriminarme el porque de mi alegría por el encuentro y yo intente acordarme como era el nombre de la mujer que Lucas no podía olvidar.


Texto agregado el 16-12-2008, y leído por 87 visitantes. (0 votos)


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