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Inicio / Cuenteros Locales / el-parricida-huerfano / Instrucciones para mi funeral (En coautoría con Santacannabis)

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Este texto lo escribimos a cuatro manos con Santacannabis. Nos llevó menos de diez días terminarlo, no discutimos ni una sola vez, tampoco nos corregimos la ortografía ni los tiempos verbales y mucho menos nos criticamos ácidamente. Esto significa, para mi pesar, que ella está tan loca de la cabeza como yo.
Aprovechen a leernos ahora, que en poco tiempo más sólo podrán hacerlo si compran nuestros libros. Seremos una dupla literaria tan famosa como la de Borges y Bioy Casares, Don Quijote y Sancho Panza, Platero y Juan Ramón Jiménez, Batman y Robin, La Bella y la Bestia



Instrucciones para mi funeral


La muerte es un fenómeno más actoral que metafísico. Aunque nadie lo haya notado jamás, los velatorios y funerales son espectáculos unipersonales en donde el finado es la estrella principal y los dolidos asistentes son el distinguido público de su avant premiere. Los tipos que llevan coronas de flores, los que sueldan el cajón y los que con unas palas tiran tierra sobre él, son apenas actores de reparto. La verdadera y convocante estrella de la noche es el difunto. Como tal, su nombre se exhibe en la marquesina de la sala mortuoria con doradas letras de molde y barrocos arabescos.
Es en ese momento cuando todos acabamos obteniendo nuestros merecidos quince minutos de fama que tanto pregonaba Andy Warhol. Lástima que el tieso y pálido protagonista principal no con cuente una mejor presencia de ánimo para disfrutar de su fugaz estrellato, pero bueno, así son los nervios en los debuts artísticos.
A pesar de ello, yo quisiera que mi primer función en público, sea también la mejor, que mi opera prima sea también mi último gran éxito. Para ello les solicito a mis parientes, amigos, afectos, deudos, deudores, acreedores, creedores y descreídos que tengan a bien acatar las siguientes reglas:

1. Es importante que se cercioren de que estoy efectivamente muerto. No medio muerto, ni catatónico, ni con un gas en el estómago que se me escape y deje, además de un hálito de vida, una anécdota que pase de generación en generación hasta el último de mis choznos. Si es necesario, apachúrrenme, estrújenme, inyecten algún brebaje, hasta que no les quepa la menor duda de mi fallecimiento. Eso sí, la cara no me la toquen.

2. La cara no me la toquen. No abusen del maquillaje ni me rellenen con algodones las mejillas que nunca he tenido. No quiero parecer un bizcocho azucarado ni una vedette jubilada. Si acaso me estrellé de frente contra un camión, dejen el desfiguro picassiano tal cual para que sirva de mortal escarmiento.

3. No quiero ver tristeza en mi sepelio. Este es un lugar común, lo sé, pero no quiero ver rictus amargos pero tampoco carcajadas. Modérense, lloren pero sin escándalos porque eso, francamente, queda muy mal, muy de populacho, de plañidera de barrio. Que al menos quede una pátina de estilo.

4. Nunca me vestí de traje, no me gustan las corbatas. No me obliguen a asistir a mi propio velorio disfrazado de vulgar oficinista. Me gustaría que me pusieran un disfraz de Superman, sin embargo entiendo que podría ser un poco vergonzoso para mis deudos más cercanos. Me conformaré entonces con el pijama de bolitas.

5. El ataúd ha de ser discreto pero confortable. No pretendo madera de roble ni de haya con apostilla de la haya, pero tampoco un ordinario cajón de manzanas en donde no pueda descasar en paz porque se cuelan chifletes helados por las hendijas; si hay miseria, que no se vaya a notar justo en el último día.

6. La tapa del féretro debe ser verde, el mismo verde del paño de naipes que nos convoca cada domingo en el Club de Jubilados. Ya que nunca más habremos de estar todos reunidos, bien podríamos jugar nuestra última partida de Bridge. Eso si amigos, esta vez yo haré de “muerto” en todas las manos.

7. Tal vez nunca lleguemos a comprender al filo la fisiología filológica y filantrópica, pero no caben dudas de que el intestino no forma parte del sistema afectivo humano. Es decir que no existe ninguna relación entre la tristeza y el deseo de comer una buena cena. Por lo tanto, basta ya de repartir en los velatorios esos horribles bocaditos de anís y esos sandwchitos con sabor a poco que lejos de saciar el hambre lo avivan más aún. En mi última noche quiero que se alimenten como es debido, sírvanse devorar un buen guiso de mondongo, unos ravioles con tuco, un locro con picante, una suculenta paella o una espesa bagna cauda con mucho ajo. Si quieren pueden apoyar el plato sobre el cajón que no me ofenderé en lo más mínimo, pero retiren antes el mazo de cartas, que si se me mancha, me muero.

8. “Lo cortés no quita lo valiente” reza el conocido refrán, yo además le agregaría que “lo dolido no implica lo amargado”. Les he pedido que no se escuchen carcajadas en la sala para preservar un poco los modales y para evitar que algún vecino distraído piense que ustedes se alegran de mi deceso; pero bien podríamos hacer más llevadero el mal momento contando los mejores chistes de muertos que conozcan. Deben hacerlo reunidos en torno al ataúd, mirándome a los ojos y en el tono más serio del mundo, aparten los restos de comida y los naipes así pueden verme la cara a través del vidrio. La consigna es mantener el rostro firme, sin tentarse, ni siquiera curvar la comisura de los labios; recuerden que el que se ríe, pierde.

9. Entierro o cremación, he ahí el dilema. No se peleen. Ambas cosas. No quiero ser cenizas al aire que acaben pisoteadas por los transeúntes de mi parque favorito ni quiero terminar adherido al bronceador del salvavidas de la playa. Entierro a secas, no. Me creman y después me entierran bien profundo, odiaría que me tuvieran presidiendo el comedor. No quiero que sólo me sepulten sin haberme incinerado antes; dicen que te crecen las uñas y el pelo y yo, mariconadas ¡ni muerto!

10. Ese silencio de los velatorios, sólo roto por sollozos, me acongoja aún más que los mismos cementerios. En honor a mi memoria, quiero que en “mi noche” suene algo de música, la querida música que me ha acompañado toda la vida no puede estar ausente justo en este momento. No me refiero a una estruendosa marcha fúnebre ni a un aturdidor rock and roll, pero si a un dolido tango argentino, a un suave danzón mexicano o a un sentido bolero que llene cada uno de los rincones con sus melosos acordes y sus apasionadas letras que hablan acerca de morir de amor.

11. Y ya que hay música, bailemos. Nada de acrobáticos pasos de twist, de chacarera ni de malambo; menos que menos alocados trencitos de danzarines con sus brazos en alto, saltando y gritando ¡ea-ea-pe-pe! simulando estar contentos, como si hubiera algo que festejar, nada de eso. Ya que en los funerales nos abrazamos para consolarnos mutuamente, bien podemos, además, mover nuestras caderas al compás de la melodía y bailar de manera discreta y tranquila. Disculpen las damas presentes que, por motivos de fuerza mayor, en esta ocasión no las convidaré a compartir una pieza musical; aunque, pensándolo más detenidamente, creo que es mejor así, si ya en vida era un patadura para el baile ¿se imaginan cómo sería ahora?

12. Es en estas ocasiones, emotivas y de dolor, que las personas nos liberamos de nuestros prejuicios y nos mostramos tal cual somos; quiero decirles con esto que no desprecien al amor si llama a la puerta de su corazón justo en este momento, habrá de tratarse, sin lugar a dudas, de un romance auténtico nacido en el lugar menos propicio para ello y por lo tanto resistirá rudamente los embates de la vida. No voy a ofenderme en absoluto si se suceden unos cuantos arrumacos y besuqueos durante el rito mortuorio, pero traten que sea algo discreto y decente, sin tanteos de virtudes anatómicas ni palpación de armas ocultas entre las ropas. Pueden inclusive sentarse románticamente sobre mi ataúd cual si de un banco del parque se tratara, aparten antes los platos sucios y los naipes.

Pues bien, esto ha sido todo, no hay más instrucciones porque la siguiente sería la número trece, que es yeta y no quisiera que la mala suerte me acompañe aún después de muerto.
Desde ya les agradezco inmensamente su presencia en esta glamorosa noche, espero que todo resulte de su agrado, en especial mi estrellada actuación de difunto. Ojalá que este rito funerario haya cumplido con los objetivos principales de despedir mis restos mortuorios, de desearme una buena estadía en el más allá y de constatar con sus propios ojos mi lamentable deceso.
Quienes no hayan asistido a tan importante evento, de seguro podrán argumentar tal o cual justificación, sin embargo sepan que un tanto me habrán ofendido; por las dudas en las noches sin luna no pisen con pies descalzos al lado de la cama, que puedo vengarme y agarrarle los tobillos.


Texto agregado el 04-12-2008, y leído por 1836 visitantes. (30 votos)


Lectores Opinan
05-03-2010 un placer leerlos, dejo mis saludos, por a la santa no se si le gustan las estrellas jajaj un beso magarosa
07-10-2009 El número 13 no da mala suerte, es mágico, salta el ciclo de las doce horas, de las docenas de huevos, de los doce meses del año... Y bien, podría yo, con permiso de ustedes repartir en octavillas su texto cuando un paciente se me muere, que suele darse el caso con frecuencia. Pero tal vez no se lo tomaran a buenas y eso que está todo bien explicado. La gente por no escoger la caja del muerto, los incineran, no sé si más de uno se levantaría de la tumba para pegarles un buen leñazo. Tampoco puedo enseñar el texto a los tipos de la funeraria porque dirían que si no rellenan los carrillos de algodones de qué vivirían los maquilladores de los difuntos. Ese mercado debe ser tan negro como cualquiera. Un texto de los que me gusta, porque el humor es lo difícil en la escritura. Saludos a ambos y piensen en montar una funeraria. iolanthe
03-08-2009 Está muy interesante. Me hace acordar al velorio de mi abuelo, respecto al cual una vez escribí algo pero que no tiene tanta gracia como tu relato. Si eso de haberlo escrito a cuatro manos es cierto, realmente lograron el efecto de despersonificarse. Por momentos no se sabe si es hombre o si es mujer, si es argentino o es mexicano. Realmente una joyita. Lola7
30-07-2009 Avisame unos dias antes de morir, asi te hacemos un homenaje todos los cuenteros de la pagina. Le pediremos a Gik que ponga la pagina con un luto,y todos los que podamos te escribiremos algo. Saludos MCS
24-07-2009 me gusto la parte de las ironias como "si hacen tal cosa, me muero" el_indio
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