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“Ffablo myo Çid bien y tan mesurado
Grado a ti Sennor Padre que estas en alto
Esto me an buelto myos enemigos malos”
(Fragmento del Mío Cid)


Anteriormente en el pasado, ab aeterno, los recuerdos y las historias se trasmitían oralmente entre una generación y otra – de padre a hijo –. Posteriori surgieron pueblos más avanzados quienes dieron origen a la invención o mayor logro humano, la escritura.

Esta permitió contribuir con impresiones de hechos históricos fidedignos, testimonios de un pasado. Como ejemplo tenemos a los egipcios quienes aportaron la escritura jeroglífica; los mesopotámicos, la cuneiforme; y los fenicios, el alfabeto. Esto último perfeccionado por los griegos, quienes se creen fueron los creadores de la gramática latina. Gramática romana que precedió al castellano actual.

Ahora citaremos a Angel Rosenblat (1965) quien nos expone para referirse al origen gramatical del castellano que: “El arquetipo lingüístico era el latín (hubo quienes prefirieron el griego [otros estudiadores]), que servía de modelo a la gramática de las demás lenguas”. Esas “demás lenguas” a las que se refiere Rosenblant, contemplando el criterio de Andrés Bello, uno de los mayores gramáticos de América, no eran otras que el castellano y las demás lenguas romances.

Estas bases fueron fundamentales para comprender de la evolución de nuestro idioma. Ahora la pregunta que debían hacerse los filólogos era ¿cómo ocurrió ese proceso histórico?

Los romanos vivían en la ciudad que tiene por nombre su imperio, Roma. Y ésta está situada en la región de Lacio o Latium, de ahí que su idioma sea llamada lengua latina. El latín fue el que nutrió a Europa durante diez siglos. Comenzó en el año 218 a.C, según Manuel Seco (2001), cuando desembarcó en Ampuria un ejército de romanos en la guerra que tenían ellos contra los cartagineses. Saliendo los romanos victoriosos y reinando por seis largos siglos.

Tanto fue el tiempo de ese idioma, el Latín, por toda Europa que pasó a ser la lengua de la iglesia, de la cultura, de las universidades, la lengua común de Europa. Este habla, luego, se bifurcó en dos clases: el clásico, usado en la literatura; y el vulgar, el hablado por los soldados, los comerciantes romanos, las personas sencillas. Posteriormente, uno de estos dos originó el castellano.

El latín vulgar de los juglares, hombres que por dinero recitaban o cantaban poesías épicas, debido a que eran más fáciles de recordar las narraciones en versos, tuvo un papel fundamental que contribuyó a la creación del castellano.

Bien afirmaba Rufino Blanco-Fombona (1992): “La poesía más espontánea de Castilla es la poesía heroica, que ha producido, en las mocedades de la lengua, el poema del Cid y la maravilla del Romance” para referirse a la influencia juglaresca en España.

Sin embargo, los juglares no lo fueron todo, puesto que en el norte de España existió una influencia árabe trascendental que enriqueció la lengua en esta región de Europa con una vasta variedad de palabras nuevas. Entre ellas, y aunque no lo parezca, se encuentra vocablo “alpargata”, término que sentimos tan coloquial y nuestro, pero tiene un origen árabe. Y, incluso, hay muchos otros términos en nuestro diccionario de los que pensamos que también tienen su etimología árabe.

Adicionalmente, nuestro castellano venezolano tiene la adquisición del léxico indígena en muchas localidades.

Incluso, castellano aunque no lo parezca presenta graduales cambios como toda lengua con el devenir del tiempo. Y me acuerdo lo que dijo - y escribo “dijo” como ya lo he hecho en otras oportunidades, porque leer es como conocer al lector, como si él pudiera hablarte – Rosenblat (1990): “...¡oh, nuestra eterna experiencia de alumno y de profesores!- es fatalmente imperfecto e infiel”… ¿y acaso si un fuese por esa razón no sería posible que los nuevos jóvenes con su vasta creatividad de ser innovadores aportaran grandes y enriquecedoras palabras para nuestra lengua (en su incansable búsqueda de nuevas palabras que desconocen)?¿O por el contrario hace esta frase de Rosenblat constatar al educador que debe saber llegar a cada uno de los estudiantes manejando lo más que él pueda su lengua, y la del estudiante, el castellano?

Hoy por hoy al parecer con una predisposición al cambio, motivado por la globalización y el uso del inglés, el castellano tendrá su propio rumbo como idioma para bien o para mal, es decir, ya sea para perecer o perdurar; ya sea, en otro caso, para evolucionar.

Bibliografía
Blanco, Rufino. 1992. El conquistador español del siglo XVI. Monte Ávila Ediciones.
Rosenblant, Angel. 1965. El pensamiento gramatical de Bello. Ediciones del ministerio de educación. Caracas, Venezuela
Rosenblat, Angel. 1990. Páginas. Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela
Seco, Manuel. 2001. Gramática esencial del español. Editorial Espasa. Madrid, España

Página de Internet para quienes deseen más información: http://www.varelaenred.com.ar/origencastellano.htm

Daniel Gutiérrez Carrasco

Texto agregado el 03-05-2004, y leído por 1795 visitantes. (1 voto)


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