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Una obsesión de Francisco era la ubicación de objetos en su punto exacto. El florero sobre la cómoda, por ejemplo, debía guardar milimétrica distancia entre los cuatro puntos extremos. El cepillo de dientes tenía que mirar hacia la puerta del baño y posicionado a cuarenta y cinco grados con respecto al eje del piso. Las pantuflas eran ubicadas en el mismísimo centro de la alfombra que descansaba a dos cuadrados del parquet, contando desde la cabecera de la cama.
Pero su mayor locura eran las líneas rectas, llevaba permanentemente en el bolsillo un metro extensible, con el que medía cualquier cosa que pudiera a fin de que estuviera en el lugar correcto, según su propio criterio, claro está. No importaba el sitio que fuera, cuando necesitaba calmar sus ansias, cual justiciero de la simetría, Francisco desenvainaba el metro, poniendo orden y precisión donde su ojo le advertía lo contrario. A veces casi a escondidas y otras sin disimulo alguno disponía a voluntad del espacio –propio o ajeno-, tendiente a alinear cada detalle en forma precisa.
Habitaba una vieja casa junto a las vías que parecía desmoronarse cada vez que pasaba el tren. Francisco, munido del metro extensible, esperaba que el movimiento cesara y luego comenzaba la imprescindible tarea de volver los cuadros a su correspondiente ubicación, pues, según él, llegaban a torcerse hasta dos centímetros y eso era un despropósito. Las formaciones hacían su recorrido cada veinte minutos.

Su obsesión llegaba a puntos tan álgidos como el ritual de la cena. Había establecido un reloj invisible sobre la mesa.
-Viejo, ya está la comida.
Con moderación muy mal moderada, corrió la ensaladera hasta las diez, donde debía estar, y el bowl con puré hasta las dos. El plato que contenía la carne, estaba correcto, a las seis en punto.
La esposa lo miró fastidiada, aunque ya se había acostumbrado a estas “excentricidades”, acrecentadas con los años.

Quizá hayan sido los años –nadie puede asegurarlo, aunque es muy probable-, más de setenta, el caso fue que al día siguiente, Cuando Francisco despertó y fue hasta el baño a cumplir con la rutina mañanera, descubrió horrorizado que el cepillo de dientes no sólo miraba hacia la pared, sino que había perdido absolutamente su ángulo de cuarenta y cinco grados, para establecerse en una desagradable perpendicularidad con el piso. Sintió el hormigueo correr desde los dedos de su mano izquierda hasta tomar todo el brazo, y un terrible dolor en el pecho. Inmediatamente seguido: oscuridad total.

De repente, lo encegueció LA LUZ. Como un sol, los rayos, con precisa equidistancia entre ellos emanando desde un centro absolutamente geométrico. Extasiado, abrió sus brazos en cruz y caminó hacia el punto fulgurante, observando de reojo en cada paso que los brazos no bajaran del nivel de sus hombros y perdieran el paralelismo. Pero a medida que se acercaba, los rayos parecían descuidar el rumbo y enredarse entre ellos. Eso no estaba para nada bien.
Se encontró volando por la habitación del hospital, espiando cómo un enjambre de médicos y asistentes se abalanzaba sin piedad sobre su cuerpo. No era un espectáculo para detenerse, mejor repasar el resto del lugar. Fue allí cuando la vio. PERFECTA. Ni una décima de milímetro torcida. Qué belleza! Qué definición! El grosor justo, el largo, el color... Muchísimo mejor que los rayos, ésta se deslizaba suavemente por el curso correcto sin perder su gallardía. Toda una manifestación de la mejor calidad artística. En el monitor de ecg, la ‘perfecta’ línea plana mostraba ausencia de actividad cardiaca.
Que el corazón ya no cumpliera con su función natural, era algo que a Francisco lo tenía sin cuidado, pero –siempre hay un pero-, la alegría de haber visto la perfección en su máximo esplendor le duró poco. Su cuerpo comenzó a atraerlo, tan cómodo que estaba en las alturas. Escuchó sonidos que fueron haciéndose cada vez más audibles a medida que el cerebro los elaboraba. Eran sólo voces, una de ellas decía:
_Tranquilo, abuelo, todo está bien ahora.
Cuando abrió los ojos, lo primero a escudriñar fue el monitor de ecg. La hermosa línea había desaparecido y su lugar fue tomado por otras oblicuas y desparejas, que, sin armonía alguna, registraban arrítmicos latidos. Si por lo menos tuviera a mano el metro extensible... Las que formaban el latido dos eran ridículamente desproporcionadas al latido tres y ni qué decir del cuatro! Daban ganas de morirse.
Suspiró resignado, tan resignado que se le escapó un sollozo. Una mano enguantada acarició su mejilla.
_No, abuelo, no se asuste, ya pasó, ya pasó... La voz pretendía tranquilizarlo. De qué? Giró la vista. El médico que le hablaba debería tener la oreja derecha quizá... Un centímetro más arriba que la izquierda a juzgar por la mala posición de los anteojos, pero él estaba muy débil como para establecer concienzudamente la diferencia. Preguntó la hora.
_Son las 16:10, tiene algo que hacer a esta hora, abuelo? Y rieron.
Ya había pasado el tren de las 16:05... Y los cuadros seguirían torcidos! Aunque algo lo preocupó más: tantos años de mediciones y nunca pensó en definir el tamaño de la parcela donde iría a pasar su eternidad en la tierra. Al fin de cuentas, un último deseo nada ampuloso, sólo estéticamente superior al hoyo de una simple tumba, no cuatro líneas hechas a desgano, si no un rectángulo cuya simetría fuera el apogeo de una vida destinada venerar la maravillosa exactitud del sistema métrico. Menuda tarea para el futuro! A sabiendas de lo sucedido, habría que ejecutarla en el menor tiempo posible. La emoción hizo que aparecieran dos lágrimas más, corriendo deliciosamente paralelas a la misma velocidad. Otra mano enguantada, lejos de cualquier reflejo de precisión, las enjugó.



Texto agregado el 17-07-2008, y leído por 644 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
14-01-2011 GUau! Pobre Francisco... Me gustó mucho el texto. Voy por más! mariaclaudina
28-02-2009 La vedad, que excelente descripcion de un obsesivo, brillante, en el transcurrir de la narracion se veian todos sus movimientos y se percibian sus treemndas obseciones, muy bien narrado mis***** nanajua
07-02-2009 Vaya con tu personaje, si que es muy gracioso. inkaswork
14-01-2009 Buenisimo, donde sacaste la idea???... carmencita
12-12-2008 No me dejan mucho para decir tantos comentarios certeros.Solo gracias desde mi sillita de lectora me atrapaste y conmoviste********* shosha
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